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29.4.2017
Con el futuro llegando...

¿A qué juega Gimnasia?

La eliminación de la Copa Argentina -más por la forma que por el fondo- pone en evidencia a un equipo que nunca ha encontrado una continuidad en el juego. Gimnasia es un equipo sin identidad.

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       El título asoma como fuerte, pero no intenta hacer leña del árbol caído. Simplemente, porque la actuación de Gimnasia en la Copa Argentina fue más que positiva: llegó a dónde nunca lo había hecho antes. Sin embargo, hace ruido la forma. Gimnasia nunca estuvo en partido, no tuvo la ventaja en el marcador que logró ante Racing y San Lorenzo -¿habrá sido determinante en el rendimiento final de ambos juegos?-  y se sintió/mostró inferior a River, al que le brindó la enorme comodidad del control del balón.

       El Gimnasia que jugó ante River se pareció mucho al Gimnasia del campeonato. O hay que poner a Racing y San Lorenzo como excepciones a la regla (y no durante 90 minutos) porque el equipo del torneo local no juega bien y ha tenido mucho de sentirse inferior al rival. Neutralizar al rival pesa más que jugar; los tácticos defensivos más que las variantes en ataque. Gimnasia es un equipo NI, que ni ataca ni defiende bien. Gustavo Alfaro nunca pudo armar el equipo que pretende porque tal vez estos jugadores no son los que pretende. Ahora bien, Ramos, Bottinelli, Gorga, Ibáñez, Imperiale, Carrera, son jugadores que han llegado de su mano. Ramiro Carrera es una apuesta que todo Gimnasia hubiese hecho.  Ibáñez es una grata sorpresa, pero no creo que tenga méritos para desplazar al banco a Franco Niell que nunca perdió el puesto en juego. Seguramente va en el gusto del entrenador, como la salida de Oliver Benítez a préstamo y la llegada de Christian Ramos. Imperiale fue de mayor a menor, pero es útil (aunque menos que Álvaro Fernández). Lucas Lobos y Sebastián Romero quedan fuera del análisis: sus llegadas obedecen pura y exclusivamente a presiones y a una decisión institucional que celebro.

       La venta de Maximiliano Meza le quitó una variante de "uno contra uno", de desequilibrio individual a este equipo. Es cierto. Antes se fueron Javier Mendoza y Antonio Medina, también con esa característica. Hoy Gimnasia espera y desespera por Matías Noble para recuperar algo de ese juego externo. La intención no es glorificar a los jugadores que estaban: muchos habían cumplido su ciclo. Solamente que un club que tiene como objetivos obras y semillero no puede cambiar 10 jugadores por año, para ir acertando un par y, desde el ensayo y error, armar un equipo. No se puede porque es caro y porque frustra proyectos propios: si Vitale hubiese venido de Independiente, Luciano Perdomo no sería el excelente proyecto en vías de concreción que es.

      Lo que Gustavo Alfaro no ha encontrado en la cancha, lo buscó en el pizarrón. Muchas veces, desde la premisa de ser menos que el rival, lo cual por correcto no deja de ser una verdad relativa: cuando Güendulain marcaba al Beto Alonso o Carlos Russo encimaba a Borghi o Perazzo Gimnasia tenía menos que los rivales. Y ese Lobo no peleaba campeonatos, pero ganaba partidos chivos. Era menos, pero en 90 minutos no se notaba. No entraba a la cancha desconfiando de sí mismo como sí lo hace este equipo. Por eso, desde el tacticismo, Oreja es 4 o es 3, para marcar más (¿y mejor?) Licht va al medio, se juega 4-1-4-1 con Ibáñez arrancando de atrás aunque su ADN diga delantero, Carrera actúa por izquierda o por el centro y casi nunca por su banda derecha, hay en cancha enganches para marcar y Lobos, Bottinelli y Faravelli miran desde el banco de suplentes...Mauricio Romero y Federico Rasic estaba afuera y hoy juegan (y Romero debió jugar por Ramos en San Juan, no hoy, con el diario del jueves). Gimnasia no para de cambiar y este equipo no cambia más...

       Viene el mercado de pases y ya van a empezar a sonar nombres. Más, con una Comisión Directiva flamante. ¿El mercado es la panacea? ¿Los dos o tres jugadores que tal vez puedan venir van a cambiar la ecuación o serán el preámbulo de 10 que van a reemplazar a otros 10 a mitad de año? Ese, seguro, NO es el camino. Cuando Gimnasia fue a buscar a Alfaro, buscó trabajo y orden. No se equivocó. También es cierto que fue a buscar al entrenador que hacía exclamar al triperío "uh, Arsenal, ¡juegan horrible y nos ganan siempre!". Alfaro no engañó a nadie pero una campaña 3-5-3, con 7 goles a favor y 8 en contra tiene sabor a muy poco. En el torneo anterior tuvo mejores números con el rafaelino: 3-3-2 (10-9). Y la Copa Argentina fue lo mejor del entrenador: 3 triunfos (Madryn, Instituto, Racing), 1 empate (San Lorenzo), 1 derrota (River), con 7 goles a favor y 5 en contra. Los números globales (24 jugados, 9 ganados, 9 empatados, 6 perdidos, con 24 goles a favor y 22 en contra) son muy superiores a lo que se ha visto en cancha. ¿Alcanza? Si el equipo logra una identidad de juego (independientemente de gustos personales), sí. Así...no. Así como hasta ahora, Gimnasia está en deuda con Gimnasia

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