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| Avanza segura pese a todo |
Le falta brillantez a su fútbol pero puntea con mucha comodidad
LIMA.- El seleccionado argentino se acerca cada vez más a la fase final del certamen, aunque todavía debe definir su real nivel de juego, ya que en los primeros 8 partidos la irregularidad fue una constante. De todos modos Marcelo Bielsa, luego de un año de trabajo logró que el equipo tuviera identidad propia: intenta jugar siempre en campo rival, va al frente en todos lados y gana, algo que ha hecho con creces, ya que de ocho partidos en esta eliminatoria consiguió seis victorias, un empate y una derrota. Con muy poco le alcanza al seleccionado argentino para ser el mejor de Sudamérica, ya que el mismo Bielsa reconoció que sólo ante Chile, por la primera fecha de la eliminatoria en la cancha de River, se consiguió "jugar bien un partido completo".
Defectos y virtudes A lo largo de la eliminatoria Argentina repitió en casi todos los partidos los mismos errores, aunque también hay que decir, las mismas virtudes. Frente al inofensivo Perú, la Selección terminó sufriendo un partido que pudo haber goleado, ya que esa era la sensación de las más de 42.000 almas que llenaron y le dieron color al encuentro jugado en el Estadio Nacional de Lima.
El circuito que por derecha armaron Ariel Ortega, Pablo Aimar y Juan Sebastián Verón hizo estragos en la primera etapa. Como se preveía, en el segundo tiempo, seguramente por una orden de Francisco Maturana, Perú cambió y reforzó esa zona. Argentina quiso imponer, en la segunda etapa, nuevamente la diferencia por ese sector, pero no pudo lograrlo y en 45 minutos no encontró otra variante de ataque que los pelotazos, la mayoría de ellos sin sentido, que partían de los pies de Verón. El problema es que en toda la eliminatoria, cada vez que el rival "le encuentra la vuelta" al equipo, a pesar de tener jugadores de categoría no puede cambiar por otra opción (si es que lo quiere hacer) y se termina complicando frente a rivales que ni por nombre ni por calidad de juego (salvo Brasil) tienen con qué lastimarlo. A esta altura de los acontecimientos, faltando un partido para finalizar la primera ronda, con la seguridad de que la última parte la iniciará estando puntero, tendría que producirse una catástrofe futbolística para que Argentina no se clasifique para el mundial varias fechas antes de la finalización de la competición.
La ventaja de tener a un Ortega inspirado, de reemplazar al máximo goleador del seleccionado argentino, Gabriel Batistuta, por Hernán Crespo, que no juega bien pero cuando le toca estar señala tantos, de contar con Aimar, que recién ayer se animó a ser la manija del equipo, es demasiado para los contrincantes de Argentina y son el principal argumento para marcar diferencias. Es cierto que en los últimos partidos Roberto Bonano no dio seguridad. Es verdad que Roberto Sensini sigue dando la sensación de darle al rival un tranco de ventaja en carrera o que Diego Simeone, de tres pelotas que recupera, dos se las devuelve al contrario. Al seleccionado le sobra jerarquía y por eso, a pesar de las ventajas dadas, ya tiene que estar pensando en preparar las valijas para viajar en el 2002 al continente asiático, donde nuevamente se le exigirá que juegue bien, salgan campeón y vuelva a Argentina con la Copa. Ese es el verdadero desafío.
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