5 de Septiembre de 2000  
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"Francesca da Rimini", de Zandonai: una propuesta más superficial que profunda
Por EDUARDO GIORELLO

"Francesca da Rimini". Opera trágica en cuatro actos (1914). Música: Riccardo Zandonai. Texto: Tito Ricordi sobre la tragedia de Gabriele D'Annunzio. Director: Mario Perusso. Régisseur: Oscar Figueroa. Escenógrafo: Enrique Bordolini. Figurinista: Imme Moller. Luces: Bordolini-Figueroa. Coro Estable: director Vittorio Sicuri. Orquesta Estable. En el Teatro Colón hasta el 31 de agosto.
"Francesca da Rimini" es una obra sumamente despareja. A momentos bellamente diseñados desde lo vocal e instrumental se oponen otros donde todo parece sonar a hueco. Entre los primeros citemos el primer acto con su conclusión de aliento wagneriano y el último de los cuatro que componen su estructura, en el que Francesca y Paolo dan rienda suelta a su amor y mueren en manos del fatal Giovanni, que ha sido orquestado por Zandonai con refinamiento e intensidad, y con una expansión vocal de singulares exigencias para los protagonistas. Todo el segundo acto, en la Torre del castillo de Malatesta en Rimini, aparece superficial, sin un verdadero sustento dramático algo que también ocurre con la larga escena del festejo primaveral en la habitación de Francesca del tercero, aunque resulte realmente hermoso el encuentro final de los enamorados. La orquestación del compositor nacido en Trentino (Italia) en 1883 y desaparecido en 1944, se muestra notable a lo largo de toda la obra, algo que Mario Perusso aprovechó con su acusada sensibilidad para expresar el mundo sonoro que acompaña el desarrollo dramático tramado por D'Annunzio a partir del Dante. Decadentismo literario influido por el gusto Art Nouveau de la época, la presente versión del Colón parece haber abrevado en ambas corrientes para concretar su estética. Si bien los aspectos musicales de la nueva realización estuvieron a salvo con una batuta como la de Perusso que ama el estilo de Zandonai y que había ya dado muestras de su pericia para abordarlo cuando la hizo en el Teatro Argentino de La Plata en 1994, junto a un equipo de cantantes aptos para la consumación como la soprano norteamericana Cynthia Makris (voz potente, a veces irregular pero franca y aguerrida), el tenor ruso Sergei Larin (de buena voz y atractiva presencia física para encarnar al bello Paolo) y su compatriota, Valeri Alexejo (barítono de muy buenas condiciones vocales y escénicas para el brutal Giovanni lo sciancato), donde la reciente puesta de "Francesca da Rimini" no parece haber acertado es en la plasmación escénica. Figueroa -régisseur, otrora temido crítico musical- no encontró la vertiente más adecuada para la exposición de los materiales, a pesar de haber contado con una espectacular (bella, por cierto) escenografía de Enrique Bordolini y un vestuario al tono de Imme Moller. Por momentos la acción pareció demorada en demasía, con detalles de mal gusto y una cierta preferencia por lo decorativo que hizo del trabajo teatral algo más superficial que profundo, que es lo que corresponde a un asunto de esencia trágica como el que proviene de Dante. Tentado por la impactante marca tipo Hollywood, el acto en la torre del castillo con la lucha entre guelfos y gibelinos, el régisseur armó un cuadro de impresionante espectacularidad algo demodé, pero que el público aplaudió con ganas. Donde se notó mejor su trabajo fue en las escenas de la intimidad, con climas realmente poéticos que se aliaron fuertemente con el lirismo de la música.
Igualmente, a pesar de los reparos a la conducción escénica, esta "Francesca da Rimini" vale la pena de ser vista por los aspectos musicales ya enumerados más la eficiente participación del coro estable del Colón con la conducción de Sicuri y un amplio elenco de origen nacional que incluye labores destacadas de Cecilia Díaz (Samaritana), Ricardo Cassinelli (Malatestino dall'occhio), Marcelo Lombardero (El juglar) y otros cantantes de mérito.
A pesar del derroche de producción de esta vez, nos quedamos con la realización del mismo Perusso (entusiasta defensor del arte de Zandonai) para el Argentino platense, más modesta sí, pero mucho más profunda en el concepto y también asaz bella en la forma.


          
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