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El Lobo cerró un Apertura muy bueno y ahora cosechará su siembra
Por ANIBAL GUIDI
La esperanza siempre está. Es el nervio-motor que impulsa cada acto de la vida. Y la ilusión aparece cuando, en este caso en el fútbol, el equipo en cuestión se topa con un algunos resultados positivos y en la misma medida que suma puntos se va encaramando en la tabla. En este Gimnasia 2000 tras el regreso de Carlos Griguol se generó algo de esto, pero lo del equipo mens sana -ponderable desde todo punto de vista- no contaba con las bases de sustentación firmes como para llegar al final peleando codo a codo con los mejores.
Igualmente llegó lejos. Igualmente, al final, se subió al podio. Pero lo hizo con el último aliento, con los retazos futbolísticos que le quedaban porque, de un día para el otro, las suspensiones y, especialmente, las lesiones, hicieron estragos en su funcionamiento. Gimnasia volvió a sentir la falta de recambio, propio de un plantel corto, con muchos jugadores que todavía no han alcanzado la suficiente madurez. Claro que no todo pasó por ese costado. Hubo momentos clave en donde el equipo en algunas oportunidades y en otro el planteo táctico, no estuvieron a la altura de las circunstancias, más allá que la buena condición física permitió soslayar estos contratiempos. Griguol, en su regreso a Gimnasia, había pedido tranquilidad y tiempo. Tiempo para plasmar una idea táctica y conformar un grupo sólido en el aspecto físico y también en lo anímico y psicológico. Pero, como de pronto pudo saltar algunas vallas y mantuvo hasta el final el invicto en el Bosque, fue sorteando etapas, se prendió arriba y esto, lógicamente, encendió la expectativa de la gente y hasta se pensó que el equipo estaba para más. En el arranque nadie pensaba que los goles iban a llegar desde atrás a través de Pereyra. Que Sava iba a eclipsar la figura del uruguayo Alonso. Que el Negro Gómez iba a aportar los goles que aportó. Ni que Claudio Enría se iba a erigir en la figura que finalmente fue abriendo defensas con su velocidad y habilidad y asistiendo con sus perfectos centros. Gimnasia asomó entonces como un equipo con mayores virtudes que defectos, pero que igualmente luchaba en inferioridad de condiciones con aquellos que, al final, estuvieron arriba suyo en la tabla de posiciones. Gimnasia perdió puntos importantes de local. Ganó otros en forma increíble y casi sin merecerlo. Por momentos su actitud decayó. Y cuando salió del Bosque para enfrentar a Central y Talleres, en partidos fundamentales, la táctica no resultó feliz y los jugadores se perdieron en imprecisiones. Sin embargo esos 37 puntos. Ese lugar en la tabla, bien arriba. Sus chispazos de buen fútbol. La contundencia que demostró. Esos arrestos físicos que le permitieron luchar hasta el último momento son cosas muy valiosas que Gimnasia deberá atesorar muy bien, porque lo consiguió con esfuerzo propio porque, al fin de cuentas, nadie le regaló nada. Griguol apostó a un mejor 2001. Y para alcanzar ese objetivo todo pasa por mantener esta base y reforzarla en puntos clave. Por estas horas la opinión del cuerpo técnico y el grado de resolución de la dirigencia tendrá un valor fundamental. Si Gimnasia acierta, como lo ha venido haciendo últimamente, puede otra vez mirar con esperanza el futuro. Ahora es tiempo de descanso. El músculo dormirá en Gimnasia pero la ambición no descansará como en estos últimos años. Porque, en definitiva, siempre el que viene será el mejor año.
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