20 de Diciembre de 2000  
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Presupuesto 2001: falta una estrategia integral
Por JORGE REMES LENICOV (*)

A fines del año pasado la Argentina comenzaba a recuperarse de la recesión iniciada a mediados de 1998. No obstante, era por todos conocido que teníamos problemas estructurales de competitividad, de distribución del ingreso, de desempleo y de déficit fiscal. También había dificultades en las instituciones básicas como la justicia, la universidad y la salud. Ante ese panorama, el gobierno equivocó su estrategia, ya que no presentó una propuesta integral para todos estos problemas, ni definió qué país se quería para el 2003. En definitiva, faltó armar una agenda estratégica para saber qué se iba a discutir, que se iba a cambiar y que aspectos no se modificarían. El resultado, a un año de gobierno, ha sido muy pobre: seguimos en recesión, después de más de 2 años, aun cuando el mundo emergente y los países vecinos crecen a tasas superiores al 4 ó 5 % y que el propio gobierno había estimado para este año un crecimiento del 3.5 %.
Al no incursionar en cambios estructurales, el gobierno se concentró sólo en las cuestiones económicas. Y dentro de esa concepción limitada de la política, se limitó aun más cuando concentró su estrategia sólo en lo fiscal. Pensó que manteniendo la convertibilidad y respetando la ley de solvencia fiscal lograríamos crecer sobre la base de la reducción del riesgo país y de las tasas de interés. Hoy, con el mercado de crédito externo cerrado y con las tasas en las nubes, queda claro que el equilibrio fiscal es condición necesaria pero no suficiente para llevar adelante una estrategia de desarrollo. No hubo un planteo sistémico del conjunto de medidas que serían implementadas durante el año, presentadas en forma de paquete y de una vez. Por el contrario, éstas fueron aplicadas en forma reactiva, y bajo títulos "rimbombantes" que poco tenían que ver con su implementación posterior.

Desde el punto de vista fiscal se adoptó una política procíclica cuando estábamos saliendo de la recesión: se aumentaron impuestos, después se declaró la emergencia y luego se bajó el gasto, receta opuesta a la teoría económica y a la experiencia de otros países. También afectaron y seriamente cuestiones políticas de la Alianza y la renuncia del Vicepresidente.
Si bien es cierto que el gobierno planteó la necesidad de aumentar la competitividad, poco se hizo para bajar las tarifas, los impuestos o la tasa de interés. En materia de políticas activas, aunque se presentó un programa "pro competitividad" y una ley para las Pymes, no se avanzó por demoras en la reglamentación y por falta de impulso. Tampoco se hizo nada con la universidad y con la justicia.
Desde hace un mes se observa un cambio parcial en la estrategia. Con buen criterio se plantea una baja de los impuestos, se vuelve a plantear la reforma del Estado y de la AFIP, se instrumenta un pacto con las provincias y modificaciones en el sistema previsional, temas que hubiera que haber planteado desde un principio.
¿Cuál fue el cambio de estrategia?. A fines de 1999 se decía que con equilibrio fiscal bajaba el riesgo país, los intereses y venía el crecimiento; ahora se dice que con el relajamiento del déficit fiscal, el congelamiento del gasto, la tenue recuperación económica y el leve aumento de los ingresos, vienen la confianza y las inversiones porque baja la tasa de interés.
En definitiva, sigue habiendo una política "pasiva" porque después de dos años y medio de recesión se nos plantea crecer al 2,5 % en el 2001 cuando los países emergentes crecen el 5 %. Una tasa tan baja no resolverá los problemas de desempleo, de solvencia fiscal ni de credibilidad internacional.
En el terreno de la economía real no esta claro cuáles son las fuentes del crecimiento; tampoco como se aumenta la rentabilidad de las empresas industriales y agropecuarias. O como se cambiarán las expectativas de los consumidores para que tomen créditos y vuelvan a demandar. En el flanco externo, no es fácil imaginar cómo se va a aumentar la competitividad, lo cual implica aumentar la productividad, tanto en el sector público como privado, y disminuir costos (tarifas de los servicios públicos, intereses, impuestos).

También hay contradicciones en la política fiscal ya que se modifica la ley de Solvencia Fiscal y se prevé un mayor déficit para el año 2000, no por aumento del gasto sino por la imposibilidad de recaudar más (sea por no control de la evasión o por no crecimiento), efecto que se derrama en el 2001, año en que vamos a tener un déficit igual al de este año (unos $ 10.000 millones en el sector publico argentino). Este planteo es un error de política y se traduce en una pérdida de credibilidad, justo en un momento en que el mundo no nos presta dinero porque desconfía de nosotros. Y este es un punto crucial para bajar el riesgo país y crear condiciones que nos permitan crecer a un ritmo del 4 o 5 %, única tasa que permite ir resolviendo la desocupación y dar sustentabilidad a futuro.
Hay que seguir de cerca los países exitosos, analizar que han hecho ellos. Ejemplos abundan: Irlanda, Chile, España. Todos han tenido un diseño estratégico y han planteado sistémicamente cambios estructurales. Mayor competencia en todos los mercados, reformas profundas en el estado para gastar y recaudar bien, definida inserción internacional, cambios en la educación, seguridad jurídica, reglas de juego estables y duraderas, reforma tributaria procompetitividad y apoyo para la creación de nuevas empresas y la promoción de las exportaciones, sin caer en si la burocracia. Una política de desarrollo debe ir mucho más allá del manejo del presupuesto o de algunos impuestos: hay que mejorar las instituciones, expandir los factores de la producción y construir una escala de valores acorde con nuestra identidad pero pensando que somos parte del mundo y que si no nos integramos, quedamos afuera, que es lo peor que nos puede ocurrir.
En el corto plazo hay que destrabar el círculo vicioso recesivo entre riesgo país y crecimiento. Pero en paralelo hay que armar la agenda estratégica, estructural, consensuada entre los partidos y los distintos sectores de la comunidad. Debemos definir el rumbo que queremos seguir y su instrumentación. Gobernar es sinónimo de cambio y de conflictos. Por eso la necesidad de los acuerdos básicos, que nos permitan armar con éxito una estrategia nacional de crecimiento. Otros países en peores circunstancias lo han hecho. Me niego a pensar que nosotros no seamos capaces de hacerlo.
(*) Diputado nacional (PJ) por la Provincia.

          
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