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18.8.2017

Con una multitud se bajó el telón de la fiesta ricotera

El Indio Solari volvió a delirar a sus fans en la segunda noche de su regreso como solista

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El Indio Solari y sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado volvieron anoche a estremecer el Estadio Ciudad de La Plata, en el segundo de los dos recitales que marcaron el regreso a los escenarios del mítico vocalista que -junto a Skay Beilinson- lideró hasta hace cinco años a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Alrededor de 50 mil personas hicieron suyas las gradas y el campo de juego de 25 y 531 para escuchar y venerar a Carlos Solari y sus creaciones.

La celebración estalló a las 21,35, cuando Solari -vestido con una sobria camisa negra que luego cambió por otra verde- emergió entre la oscuridad y el humo para interpretar "Nike es la cultura", apertura de su primer disco solista editado hace un año: "El Tesoro de los inocentes (Bingo fuel)".

Para entonces habían pasado varias horas de pacífica convivencia entre los grupos de "ricoteros" que llegaron desde todo el país. Neuquén, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, decenas de localidades del Conurbano bonaerense, se hicieron notar desde banderas que citaban frases de canciones escritas por el Indio: "No nos dimos nada más, sólo un buen gesto"; "Preso de tu ilusión"; "Suerte y más que suerte"; "Cómo no sentirse así", entre ellas.

EL PRIMER BAILE

En buena forma vocal, al frente de una banda tan sólida como eficaz, y con un sonido que superó inconvenientes que se habían presentado en la noche del sábado-, el cantante dedicó la primera porción del repertorio a "El tesoro...". Así pasaron "Amnesia" y "Tomasito...". Fue con "Angel de la soledad", una de las canciones paradigmáticas -y también de las más bonitas- de Los Redonditos de Ricota que se sacudió el nervio común de la multitud y el baile ganó la escena.

Siguieron "La chica de Blockbuster", "El tesoro de los inocentes" -composiciones solistas-, y las muy festejadas "Yo caníbal" y "Ropa sucia", antes de un breve intervalo -clásica costumbre de los recitales ricoteros-. Al regreso, más medido que lacónico y de muy buen humor, Solari presentó a su banda, que integran Baltasar Comotto y Gaspar Benegas (guitarras), Marcelo Torres (bajo), Hernán Aramberri (batería) y Pablo Sbaraglia (teclados y samplers). En coros estuvo Débora Dixon, mientras Ervin Stutz tocó trompeta y Alejo Von Der Pahlen el saxos. En el tramo final del recital, se sumó el -ovacionado- saxofonista "redondo" Sergio Dawi.

El grupo, inmerso en una puesta escenográfica sobria -complementada por dos pantallas de video- que se limitó a acentuar los climas propuestos por las canciones, sonó ágil y potente en los "rocanroles", y épico en las canciones a medio tiempo. Lo confirmó al promediar el show una potente seguidilla con "Fuegos de octubre", "Tsunami", "Shopping disco-zen", "Adieu! Bye bye!" y "Vencedores vencidos", que desembocó en "Pabellón séptimo", "Charro chino", "Susanita", y llegó a su clímax en "El pibe de los astilleros", durante la que el coro popular literalmente sepultó el sonido de la banda.

MAS CLASICOS

Dos clásicos más de los Redonditos, "Tarea fina" y "Un poco de amor francés", precedieron al cierre con el "pogo más grande del mundo", como fue bautizado en 2000 -tras los recitales del grupo en River- el agitado ritual al que los ricoteros se entregan cada vez que suena "Ji ji ji".

Sin disturbios, más allá de algunos empujones en los accesos , con poca -y muy silbada- pirotecnia, la convocatoria sumó a varias generaciones: los más jóvenes -muchos de los que nunca habían presenciado un recital de los Redonditos- en el campo de juego, y los treintañeros en adelante -en ocasiones acompañados por sus hijos- en las plateas.

Todos compartieron los "otros" hits, los que se corearon durante toda la noche: "sólo te pido que se vuelvan a juntar", "ésta es la banda de los Redondos, ésta es la banda más loca que hay", "soy Redondo hasta que me muera" y el infaltable "vamos los Redó". Ni el viento frío ni la amenaza de lluvia pudieron con la euforia. Un emocionado Indio Solari lo reconoció durante el recital del reencuentro con la ciudad que lo vio nacer artísticamente -y en el que entregó varios guiños cómplices ante la ansiedad por ver reunido a su antiguo grupo-. Luego se despidió, hasta pronto.

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