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18.8.2017

San Esteban, el hombre de hielo

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Cuando las expulsiones de Goux y Licht dejaron a Gimnasia en inferioridad de condiciones, Jorge San Esteban se convirtió en un hombre de hielo. Sacó pecho y se bancó todo, siendo el respaldo que el Lobo necesitaba para una hazaña como la que terminó festejando anoche en Quilmes.

En estos términos, cuando era más fácil el descontrol, el histórico Coco de El Carmen brindó una exhibición de cómo un marcador central puede mantener una estructura defensiva desmoronada en número y contagiarle serenidad a una formación que fue por todo cuando la lógica indicaba que lo mejor era aferrarse al empate.

San Esteban terminó siendo el símbolo de este Gimnasia que ahora es más puntero que nunca, aunque hubo más, porque también corresponde destacar la experiencia de Carlos Navarro Montoya, la dinámica de Nicolás Cabrera, el criterio de Esteban González, la clase de Lucas Lobos y la potencia de Gonzalo Vargas.

Sólido el Mono, como siempre. Le llegaron poco y nada, como en partidos anteriores, y en esas circunstancias tan especiales para un arquero, a los 30 minutos del primer tiempo le sacó una pelota de gol a Turdó, que llegó y metió el frentazo. Una garantía.

Esforzado Diego Herner, quien debió atender la punta, por donde Quilmes se repitió en cierto momento del partido, y también auxilió metiéndose al área para cerrar y también para colaborar en los pelotazos cruzados sobre el área. Con más trabajo todavía en el segundo tiempo.

Muy firme también Marcelo Goux, recostado sobre la punta izquierda. No dio respiro, los apretó a todos y a cada uno de los que llegaron por su punta. Fuerte, seguro y sin vergüenza para pegarle lo más lejos posible a la pelota cuando no daba para asegurar la salida. Una infracción sobre Santiago Bianchi le costó la expulsión.

Cabrera se movió como carrilero por la derecha, abierto. Le costó de a ratos, porque no se movió con la libertad de otras veces, pero cuando entró en acción asustó a la defensa que esperaba. Hábil, rápido y decidido para encarar y buscar por arriba la cabeza de Delorte.

Les costó recuperar a Matías Escobar y a Esteban González. El primero se multiplicó en la franja central, aunque sin la cuota de efectividad de partidos anteriores, porque corrió más buscando la pelota que con ella en su poder; al tiempo que Teté creció en el complemento, cuando se movió más adelantado.

Algo parecido le pasó a Lucas Licht, que le metió ritmo a su ida y vuelta por el costado izquierdo, pero sin mayor presencia en los metros finales. No pudo desbordar y tampoco meter pelotazos por arriba. Para colmo de males, reclamó un lateral y lo expulsaron.

Muy controlado, tampoco Lobos encontró los espacios para mover la pelota con profundidad. Así y todo, cuando entró en acción, el estratega de los Triperos se hizo notar con gambetas propias de un crack. Y sobre la media hora del primer tiempo recibió un tiro libre de San Esteban y exigió a fondo a Ramírez. Aseguró el gol de la victoria con clase, tocando la pelota a un costado cuando el arquero viajaba para el otro costado en el penal que definió el partido.

El uruguayo Vargas buscó por todo el frente del ataque, y aunque le costó mucho entrar en acción, cuando se iba el primer tiempo sorprendió llegando por atrás para conectar un centro. Lo hizo todo bien el goleador, que cabeceó abajo, pero la pelota se fue junto a un palo. Cuando Gimnasia se quedó con nueve, le dejó el lugar a Gentiletti.

Alejandro Delorte, que bajó la pelota repetidamente en el área de Quilmes, se perdió un gol increíble en el primer tiempo cuando entró sólo y con el arquero como único obstáculo, falló en la definición porque no hizo otra cosa que entregársela a Ramírez.

Entraron Jorge Cervera, quien manejó con inteligencia la pelota cuando el lobo tenía dos jugadores menos; mientras que Santiago Gentiletti y Ariel Franco metieron todo para que la diferencia numérica se notara lo menos posible.

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