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18.8.2017

Gimnasia, con un penal agónico, salvó la punta

COMENTARIO Por ANIBAL GUIDI

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No llegó a la marca aquella del Lobo del '62 de nueve triunfos al hilo, pero igualmente lo de ayer del Gimnasia de Troglio, aún con claroscuros, tuvo mucho de hazaña con una carga altísima de tensión, nerviosismo y suspenso.

Otra vez, como ante Quilmes, apareció la solvencia de Lucas Lobos, para transformar un penal en gol, claro que no para convertir un empate en una victoria, como aquella vez, sino ahora para empardar un partido que parecía ya irremediablemente perdido.

La pasó mal Gimnasia ayer en el Bosque. Porque el rival le planteó bien el partido, pero también porque el local no hizo las cosas como debía. No golpeó de entrada (a los 4' un cabezazo de Vargas, tras centro de Cabrera, cruzó todo el arco y se fue afuera) y después se dejó complicar por el equipo rosarino que le puso nueve hombres bien escalonados del medio hacia Vivaldo (Campora se quedó solo arriba) y no lo dejó pensar, ni hacer.

Gimnasia dispuso casi permanentemente de la pelota. Trató de progresar como lo hace habitualmente por los laterales, pero sin conseguir un desborde claro. Tuvo dificultades para llegar tocando por abajo y, al final, terminó con el centro al área, fácil para Vivaldo y los centrales.

El local disponía de la pelota pero no llegaba y Tiro Federal en cambio, con mucho menos, tenía mejor calidad de llegada, y que obligaron a Navarro Montoya a extremar recursos ante envíos largos de Aquino y Buján, por ejemplo.

Recién en los últimos quince minutos aventajó Gimnasia a la visita en cantidad de llegadas. Con un cabezazo de Lobos en palomita que se fue cerca del palo derecho, con otro de Vargas que Vivaldo salvó contra su poste derecho, y otro a quemarropa de Escobar, tras centro de Cabrera, que fue a estrellarse contra el travesaño, ya sobre el final de la etapa.

Todo esto no hizo más que envalentonar a Tiro Federal que se notaba bien parado y que poco a poco fue manejando conceptos de marca y relevos atinados que le complicaban al local todo intento de organizar una ofensiva punzante.

Crecía entonces anímicamente los rosarinos, ahora parados de contragolpe con Aquino por derecha y Buján por izquierda, y se le complicaba el panorama a los platenses a los que apuraba una hinchada ansiosa, y también el reloj.

Tiro nunca se fue en bloque, y por eso a Gimnasia se le hizo muy difícil encontrar los espacios. Solo avanzaba soltando algún volante para que se juntara con el solitario Cámpora.

Con el ingreso de Cervera por Fredrich buscó Troglio el juego que le posibilitara abrir esa cerrada defensa, pero resultó en vano. Gimnasia iba casi sin solución de continuidad y la gente rival sacaba todo, aún sin preocuparse por el destino de la pelota. Y los minutos se consumían.

Un cabezazo de Gentiletti que pasó cerca, un par de agarrones a Delorte dentro del área que Sánchez no vio, y los minutos corrían.

La ansiedad consumía tanto como la alta temperatura le quitaba piernas a los jugadores. Para colmo, San Esteban sintió una molestia y tuvo que salir reemplazado por Alderete, por lo que el fondo pasó a conformarse con Herner, Gentiletti y Cabrera. Y cuando nadie lo esperaba, aunque cada vez las replicas rosarinas llegaban hasta el área, Aquino metió una pelota al medio, Campora paró el balón de espaldas al arco, giró hacia afuera, burló a Herner y con un zurdazo bajo puso la pelota contra el palo derecho de Navarro Montoya.

Faltaban trece minutos para el cierre y a Gimnasia parecían volatilizársele la ilusión de seguir solo arriba. Encima volvió a sentirse Cervera de su rodilla izquierda y le cedió el lugar a Casado. Gimnasia se transformó en una tromba, y en una de las tantas pelotas cruzadas dentro del área, Iuvale tomó del cuerpo a Vargas, no lo dejó correr tras ese balón, y a la vista de Sánchez, que no dudó en sancionar el penal.

Lobos se paró a tres pasos de la pelota. Llegó, le pegó de derecha y la puso abajo, contra el palo derecho de Vivaldo que se jugó hacia su izquierda. Y allí comenzó a respirar todo Gimnasia que se jugó por la hazaña, pero Tiro Federal siguió defendiéndose con uñas y dientes.

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