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25.3.2017
EDITORIAL

Dramático aumento en el país de los homicidios que tienen como víctimas a las mujeres

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El ya comprobado crecimiento de los casos de violencia de género que se registra en los últimos tiempos en nuestro país, a través de distintos tipos de agresiones en los que mayoritariamente son víctimas las mujeres, acaba de tener un dramático correlato en un informe conocido ayer, de acuerdo al cual dos mujeres son asesinadas cada tres días en la Argentina, habiéndose experimentado así en el último año un aumento del 19 por ciento en el número de muertes por esa causa.

Del trabajo elaborado por el denominado observatorio de femicidios de La Casa del Encuentro surgió además que en siete de cada diez episodios, el autor de la muerte o quien está sospechado como tal es el marido, el novio o ex pareja de la víctima. A su vez, de los 206 crímenes computados en lo que va del año, en 26 de esos casos el homicida tenía denuncias previas por violencia de género.

Muertes causadas por quemaduras, por distintos tipos de armas, por golpes o estrangulamientos, definen las principales modalidades empleadas por los agresores. Pero la nota dominante está dada por la presencia de una relación familiar o sentimental entre el homicida y la víctima: sólo en el 11 por ciento de los casos no preexistía ningún vínculo de esa índole.

Tales referencias surgieron un mes después de que se conociera un informe de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que patentizó para lo que iba del año un fuerte aumento en el número de casos de violencia familiar en comparación a igual lapso de 2009.

Ese trabajo, producido por la Oficina de Violencia Doméstica dependiente del alto Tribunal, reveló la existencia de una realidad tan compleja como alarmante. Se detalló allí que, desde su puesta en funcionamiento a mediados de septiembre de 2008, hasta fines de octubre de este año, la oficina de la Corte había recibido llamadas de 18.435 personas afectadas. De ellas, el 80 por ciento correspondió a mujeres.

Se ha dicho en esta columna que es verdad que este fenómeno forma parte de una violencia generalizada, que alcanza a todas las franjas y sectores sociales. Pero también es cierto que las mujeres siguen siendo, tanto en el nuestro como en muchos otros países, víctimas principales de una violencia y de una desviada cultura sexista que se resiste a desaparecer.

Los sociólogos mencionan las dificultades que muchas mujeres tienen para denunciar los malos tratos, algo que explica que las estadísticas, por ese mismo motivo, sean parciales o incompletas. Pero también se conoce que los delitos sexuales, y puntualmente las violaciones, han crecido en forma alarmante.

Por ello, frente a estos inquietantes datos, la necesidad de aunar esfuerzos es evidente. Se trata de una problemática que debe ser enfrentada desde distintos frentes. Y para ello, es fundamental la coordinación entre la Justicia, la Policía y las áreas de salud, acción social y educación de las distintas jurisdicciones. Cabe esperar, por consiguiente, una acción más decidida en la búsqueda de atenuar un drama que provoca secuelas irreparables.

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