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18.10.2017
ESTUDIANTES QUE SON ORGULLO DE LA CIUDAD

Tres alumnos platenses tienen la receta para hacer la “carrera 10”

Son de Exactas y conformaron el podio de mejores promedios de la Universidad

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Por
Carlos Altavista

Una vez más, al podio de los mejores promedios de la Universidad Nacional de La Plata se subieron tres egresados de la facultad de Ciencias Exactas. Y en esta oportunidad, con un valor agregado: dos de ellos finalizaron la carrera sin saber lo que es aprobar una materia con una nota inferior a 10. El tercero obtuvo un 9 en un sólo examen y su promedio general fue 9,97. No obstante, los licenciados en Matemática Joaquín Rodrigues Jacinto y María Eugenia Cejas -los “alumnos 10”- y el licenciado en Física Fidel Schaposnik Massolo afirman que no existe la carrera “perfecta”. Dicen que “no se busca una nota, sino aprender”. Que el secreto, si lo hay, es dedicarle mucho tiempo al estudio “cuando algo te gusta realmente”. A tal punto que saben que por las disciplinas que eligieron toda su vida estará dedicada a estudiar. Pero también remarcan que tienen una vida normal, que les gusta hacer lo mismo que a todos y que decidieron a qué se iban a dedicar cuando estaban terminando el secundario. Estas son sus opiniones y sus historias.

alumnos normales

Eugenia Cejas (24) hoy es becaria del Conicet. Entre el 2007 y el 2011 cursó la licenciatura en Matemática y egresó con promedio 10. “Hice el secundario en el Colegio Mac Kay, y sinceramente nunca me destaqué como alumna. Seguí la orientación en arte, y en 1° del Polimodal (actual 3° del secundario) terminé de comprobar que lo que me gustaba era la Matemática. Fue entonces cuando una profesora me recomendó que siguiera la licenciatura”, cuenta la joven investigadora para confesar que “realmente no sabía en lo que me metía, es decir, cómo era la carrera y a qué me iba a dedicar. Hasta que empecé y me encantó. Hoy sé que lo que me espera toda la vida es estudiar”, afirma.

Desde la Universidad París VI, donde se encuentra realizando un master, Joaquín Rodrigues (25) hace gala de un gran sentido del humor. Tras 6 años de carrera, en 2011 egresó como licenciado en Matemática junto con Eugenia y 10 de promedio. El primario y parte del secundario lo hizo en el Colegio San Benjamín de Los Hornos, aunque terminó sus estudios de nivel medio en el Nacional. Consultado sobre cuándo se dio cuenta de que lo suyo era la Matemática, respondió: “¡Todavía no me di cuenta!”. “A mi me divierte y me entretiene hacer esto. Por lo pronto voy a seguir haciendo Matemática, después veré. No pensé ni pienso mucho al respecto”, asevera. Al igual que Eugenia, resalta que antes de ingresar a la Universidad fue “un alumno normal”.

¿Por qué te fuiste a estudiar a Francia? “Porque acá hay mucha gente que hace cosas que me interesan bastante, como teoría de números y geometría algebraica. Aunque en algún momento volveré”, comenta.

Fidel Schaposnik (25) proviene de una familia de científicos. Sin embargo, recuerda que “cuando faltaba poco y nada para terminar el colegio (egresó del Nacional como abanderado) estaba en duda sobre qué carrera seguir. Física, Matemática, Astronomía”, enumera y añade que “también me gustaban Sociología, Psicología, Historia. Recién durante el período de inscripción terminé de decidirme”, apunta. Hoy es becario del Conicet y admite haber encontrado su vocación.

Finalizar los estudios universitarios con promedio 10 o casi 10 remite a pensar en “una carrera perfecta”. Pero los notables egresados no acuerdan con esa expresión. Fidel Schaposnik dice que “el objetivo siempre es aprender. Nunca vas a buscar buenas notas, vas a aprender. Y más aún cuando te gusta lo que hacés. La buena nota, en todo caso, refleja que entendiste los contenidos de esa disciplina”, afirma. Eugenia Cejas asiente. Pero admite que “al llegar a cuarto año, cuando te faltan tres o cuatro materias y tuviste todos diez, te da lástima no mantener el promedio”, apunta, para añadir que “es una suerte de premio al esfuerzo”. Desde Francia, Joaquín Rodrigues coincide con Fidel. Pero lanza una definición más tajante: “Me parece que eso de carrera perfecta es una tontería. Uno hace lo que le gusta, al ritmo que le gusta y en la medida que le haga bien, al menos ese es mi caso”.

Fidel también saca a relucir su humor y aclara con una sonrisa que “además, mi carrera no fue perfecta”, en referencia a que su promedio general fue 9,97 por haberse sacado un 9 en una materia de Química que se cursa en la licenciatura en Física. “¡Uy! Cómo debe sentirse ese profesor...”, le dice Eugenia siguiendo la broma. “No, no. La evaluación fue correcta”, reconoce el joven físico.

Así y todo, los tres coinciden en que un buen promedio ayuda a la hora de conseguir una beca o un trabajo. “Y para poner contenta a mi mamá, a la que le gustan esta clase de cosas”, agrega, otra vez apelando al chiste, el matemático Joaquín Rodrigues.

Ahora bien, si de algo no cabe duda es que para realizar en tiempo y forma y con promedios perfectos carreras tan exigentes hay que dedicarle muchas horas a los libros. “Entre cursadas y el estudio en tu casa te ocupa casi todo el día”, dice Fidel, y agrega que “en época de exámenes, las jornadas van de 7 de la mañana a 11 de la noche, más los fines de semana si hace falta”.

“¡Y hace falta!”, resalta Eugenia, quien aún no pudo convencer a su hermana menor para que estudie Matemática. “Dice que seguirá Geología. Y la mayor es abogada”, comenta, casi resignada por ser la única a la que todavía muchos le siguen preguntando: “¿A qué te dedicás?”, cuenta y echa a reír.

¿Y el nivel académico en la facultad? “Es bueno. Yo salí con todas las herramientas que necesito para seguir estudiando en mi área de investigación”, dice Eugenia Cejas. Fidel Schaposnik va más allá. “Tuve la posibilidad de participar de encuentros con grandes universidades del país y del exterior, y puedo dar fe de que tenemos una formación de nivel internacional”, asevera.

la materia mas temida

Finalmente, sobre el temor que despiertan las materias “duras” en muchos jóvenes, Fidel y Eugenia coinciden en que “eso tiene que ver con el colegio”. “Es que se las dicta de forma aburrida, mecánica, se ve lo mismo veinte veces”, dicen y señalan que si se hubiesen quedado con lo que vieron en la escuela no tendrían idea de que es la Física y la Matemática. Por su parte, Joaquín ‘se disculpa’ por no tener una opinión formada al respecto, pero opina que “si alguien no quiere saber nada con la Matemática, bueno... No es mejor ni peor seguir una carrera de exactas o una humanística o artística. ¿O no?”, pregunta.

Los jóvenes dejan en claro que más allá del estudio “hay vida”. “Todos nos preguntan lo mismo”, ríe Eugenia, quien practica salsa y danza moderna. Fidel se dedica a correr y a jugar al fútbol con amigos, además de escuchar “todo tipo de música, aunque prefiero el jazz”, dice. En tanto, Joaquín se declara amante del fútbol y cuenta que en París lo practica todas las semanas.

Sistema
Una experiencia académica en el exterior forma parte de la agenda de los jóvenes científicos. Uno de ellos ya está en Francia y comenta que “lo que hago acá es un poco más exigente, se va más rápido. No es que la diferencia sea enorme -aclara-, pero es otro sistema”.

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