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27.3.2017
EL PAIS

En el espejo de Cristina

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LA PRESIDENTA Y EL JEFE DEL EJÉRCITO EN LA ENTREGA DE LOS DIPLOMAS POR LOS ASCENSOS
LA PRESIDENTA Y EL JEFE DEL EJÉRCITO EN LA ENTREGA DE LOS DIPLOMAS POR LOS ASCENSOS

PorMariano Spezzapria

Twitter:@mnspezzapria

La imagen que transmite un presidente suele ser un indicador elocuente de cómo se encuentra un país. Cualquiera que haga el ejercicio con mandatarios extranjeros podrá notarlo, aún sin conocer a fondo los pormenores de cada caso. Pero esta “verdad” de la democracia posmoderna se torna más evidente cuando se mira para adentro y el análisis empieza por casa. Cristina Kirchner luce cansada, con las fuerzas menguadas. Y es el fiel reflejo de una Argentina que llega golpeada a fin de año.

Los cortes masivos de energía eléctrica y los saqueos -entre los concretados y los rumoreados- vinieron a bajarle el telón final a un 2013 que difícilmente hubiera podido terminar de otra manera, en una suerte de profecía autocumplida de la realidad nacional. El propio Gobierno terminó aceptando la idea de que lo mejor que le puede pasar es que lleguen las Fiestas y concluya el año, el peor en términos políticos, económicos y de gestión desde que el kirchnerismo está en el poder.

En este escenario, la Presidenta se fue al Sur y no regresará hasta los primeros días de enero. En las últimas semanas limitó sus apariciones al extremo y prácticamente no hizo discursos públicos. Sólo alteró su nueva rutina preservada para entregarle el sable al general César Milani, el jefe del Ejército cuyo ascenso fue un auténtico gesto de autoridad de la mandataria, ejecutado incluso contra la opinión de buena parte del oficialismo. Como si hubiera advertido: “Acá todavía mando yo”.

LA APARICION DE CAPITANICH

Es que la combinación que produjo la magra performance oficialista en las elecciones legislativas y la enfermedad de la Presidenta provocó una sensación de vacío de poder que, por cierto, no logró aplacar el vicepresidente Amado Boudou. Por eso la propia Cristina puso el Gobierno en manos de Jorge Capitanich, quien acaba de cumplir un mes como jefe de Gabinete. Necesitaba alguien con empuje, pero también con la solidez que no tenía disponible en el núcleo duro del kirchnerismo.

Capitanich viene transitando su “interinato” con altas y bajas, pero a su favor habría que decir que le tocó el peor momento del año. Afrontó las primeras semanas casi en dupla con Axel Kicillof, pero el ministro de Economía fue retaceando luego sus apariciones públicas y lo dejó en ostensible soledad. Y salvo Florencio Randazzo, los demás ministros parecen ganados por la inacción. Por eso el chaqueño los comprometió con un paquete de 200 metas que será presentado el 3 de enero.

Entre los aspectos negativos, hay que cargar en la mochila de Capitanich el desmanejo de la crisis policial de Córdoba -que derivó en una oleada de saqueos sin que las fuerzas federales acudieran en auxilio de la provincia- y su alusión a posibles “cortes programados” de energía eléctrica, lo que le valió una desinteligencia con el ministro Julio De Vido pero también algo que es simbólicamente más grave: la comparación con los peores momentos del alfonsinismo a fines de los años 80.

PRECIOS, SIN MORENO

Ese parangón sería más delicado aún si la sociedad percibiera que la inflación se puede tornar incontrolable, como le ocurrió a aquella histórica administración radical. El nuevo acuerdo de precios, que entrará en vigencia el 1 de enero, ya no tiene en su esencia los malos modos de Guillermo Moreno ni su obligatoriedad, pero tampoco revela una nueva política del Gobierno sino una herramienta desgastada, con los resultados ya conocidos por los consumidores argentinos.

Sin explicitar un plan, hay algo concreto que el Gobierno viene haciendo en términos económicos: devaluar el peso y achicar la brecha entre el dólar oficial y el “blue”, una política acentuada desde que Juan Carlos Fábrega preside el Banco Central y que resulta positiva para la producción nacional. Aunque no beneficiará al conjunto de la sociedad si el equipo económico no logra complementarla con otras variables como el gasto público, la emisión monetaria y la inversión.

SALARIOS EN LA MIRA

El Gobierno volverá a convocar esta semana a empresarios y sindicalistas para avanzar en un acuerdo de paz social, en momentos en que los gremios anticipan que sus demandas salariales para 2014 no podrán ser menores al 25 por ciento y cuando la propia CGT oficialista evalúa que la Argentina atraviesa por un “momento delicado”. La Casa Rosada sigue ninguneando a referentes como Hugo Moyano y Pablo Micheli, por lo que cualquier avance que consiga puede ser relativo.

El jefe de los Camioneros viene de sufrir una durísima derrota electoral en territorio bonaerense -donde inició su proyecto político en alianza con Francisco de Narváez- pero sigue teniendo un fuerte predicamento en el universo sindical, que se maneja con criterios corporativos reñidos con la representación popular. Por ende, Moyano sabe que no será posible su sueño de ser presidente en 2015, pero apela a su condición innata de peronista para reposicionarse sin ponerse colorado.

Por eso se reunió en secreto con el gobernador Daniel Scioli para comer un asado en un quincho del Conurbano, horas antes de que su hijo Facundo invitara a Sergio Massa a la cena de fin de año del gremio de los trabajadores de peajes, en una acción de pinzas conocida popularmente como “poner un huevo en cada canasta”. Lo de Moyano no es hipocresía: su entramado sindical y de negocios empresarios no le permite por ahora apostar definitivamente a una sola candidatura presidencial.

Aunque lo hará llegado el momento. La foto actual beneficia a Massa sobre Scioli y cualquier otro candidato de origen peronista, como podría ser Capitanich. Un sondeo elaborado por la consultora Poliarquía indicó que el líder del Frente Renovador obtendría el 39% de los votos frente al 20% del gobernador bonaerense y a poco más del 5% del jefe de Gabinete. En el medio se cuelan dos postulantes no peronistas: Mauricio Macri con el 14% y Hermes Binner dos puntos más abajo.

FOTO CON LA IGLESIA

Justamente Massa, Macri y Binner compartieron una fotografía conjunta de compromiso contra el narcotráfico, impulsada por la Iglesia católica. Junto a ellos estuvieron también el nuevo presidente de la UCR, Ernesto Sanz, y otros referentes opositores como Margarita Stolbizer, Pino Solanas, Humberto Tumini y Víctor de Gennaro. Durante el encuentro, los dirigentes dieron muestras de comprender que el país necesita desterrar el espíritu sectario que domina a la política argentina.

El arquitecto de la convocatoria, monseñor Jorge Lozano, había advertido pocas horas antes sobre la existencia de “saqueos de tipo moral”, una definición referida a la corrupción pública que encrespó al Gobierno y determinó la ausencia del PJ en la reunión, que debía ser representado por Scioli. Fueron los días en que la prensa y la Justicia pusieron la lupa sobre las actividades del empresario Lázaro Báez, especialmente las vinculadas a los hoteles de la familia Kirchner en El Calafate.

Los allanamientos del viernes en las oficinas porteñas de Báez le terminaron de dar entidad a la investigación, en un país donde haber sido presidente no garantiza inmunidad judicial, como bien lo saben Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Justamente el ex presidente radical afrontará mañana la sentencia del juicio por los presuntos sobornos a senadores en el tratamiento de la ley de reforma laboral en 2001, meses antes de que se desatara una crisis política y económica sin precedentes.

EL ASCENSO DE MILANI

La Presidenta ya parece haber asimilado la idea de que no continuará en el poder después de 2015, aunque no aceptará resignadamente la posibilidad de seguir el derrotero de sus antecesores. Su férrea defensa del general Milani, un especialista en materia de inteligencia, no sería en este sentido solamente una muestra de su enojo con los espías de la ex SIDE. De movida, el militar no sólo obtuvo el ascenso, sino un incremento de 1.325 millones de pesos del presupuesto a su cargo.

En Santa Cruz, Cristina pasará las Fiestas con los suyos y buscará empezar a reponerse de un mal año, no sólo en lo personal sino también en lo político. Mientras tanto, el país se mira en su espejo y llega exhausto a fin de año.

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