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22.7.2017
CONTRATAPA

Los placeres de la edad o un elogio de la vejez

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Ciceron ya dijo que la vejez podría ser el tiempo de nuestra dicha, una idea que siempre sedujo a la ex ministra y senadora española Carmen Alborch, quien ahora ha querido poner ella misma el foco en los aspectos positivos que tiene esa etapa de la vida en “Los placeres de la edad”.

Esta escritora y dirigente socialista propone un ensayo que quiere contribuir a desterrar “la visión tan negativa que sobre la vejez tiene la sociedad” y a reflexionar sobre todos lo bueno que conlleva cumplir años, cuando la actividad de la vida laboral decrece y se dispone de más tiempo para gestionar y reiventarse”.

“Porque la vida no es una cuesta hacia abajo -dice-, como mínimo es una montaña rusa que tiene momentos de vértigo, cansancio y de muchas bajadas, pero remontas y vas llegando a la cima de la montaña con una edad que te permite ver el paisaje con más plenitud y ser más libre. Hay que aprender a vivir y a envejecer”, argumenta.

EN LA VIDA

“Los placeres de la edad” trata la vejez como un placer; de ahí que el libro se divida en diferentes placeres en la vida: la libertad, la soledad, la amistad, el humor, la vida cotidiana, la familia; el placer del buen amor, de la belleza, de la serenidad o incluso el placer del poder.

Un libro lleno de citas y sustentado en opiniones de escritores, pensadores y especialistas, según el cual, “mientras seamos capaces de entusiasmarnos, de tener ideales y proyectos por los que luchar, mientras tengamos sentimientos de rebeldía ante injusticias, cultivemos la amistad y sembremos buenos sentimientos y buen humor nos encontraremos a gusto con nuestra edad”.

“Siempre he querido hablar de la vejez y he ido recopilando material a lo largo del tiempo, pero mucho”, dice Alborch, quien también es profesora de Derecho Mercantil de la Universidad de Valencia, de la que fue decana.

“He leído infinidad de libros y guardando entrevistas o reportajes, como un artículo que me llamó la atención sobre cómo sufrían las mujeres japonesas cuando sus maridos se jubilaban o entrevistas a Emilio Lledó, Nuria Espert o al neurólogo Oliver Sacks, por citar algún ejemplo”, añade la que fuera ministra de Cultura con Felipe González.

Y es que esta mujer de 67 años anda con una actividad frenética, aunque cree que hay una sobrevaloración de la juventud y al mismo tiempo la juventud no tiene oportunidades, así es que algo se está haciendo mal y desde luego estamos mal organizados cuando también se desprecia la experiencia y el talento venga de donde venga”.

HOMBRE Y MUJER

Según Carmen Alborch, “lo primero que hay que hacer es no negar la edad porque eso da mucho alivio”, añade.

La escritora valenciana también abunda en la diferencia entre ser mujer u hombre a la hora de envejecer.

“Desde el punto de vista de la mirada social -aclara- la exigencia de la belleza que se asocia a la juventud es diferente en sexos, como dice Susan Sontag hay un doble estándar para medir la vejez entre hombres y mujeres y es mucho más exigente y se ejerce mucha más presión sobre la mujer y su cuerpo”.

Sin embargo, las mujeres tenemos muchos más grado de autonomía y nos desenvolvemos mejor cuando envejecemos. Tenemos mayos red social de amistades que hacen que vitalmente nos sintamos mejor”.

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