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26.6.2017
EL PAIS

Entre la confrontación y el recambio político

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LA PRESIDENTA Y EL MINISTRO DE ECONOMÍA
LA PRESIDENTA Y EL MINISTRO DE ECONOMÍA

Por MARIANO SPEZZAPRIA

Twitter: @mnspezzapria

“El recambio va a ser antes del feriado largo”. Así lo deslizó un asiduo visitante de la Casa Rosada, que afirmó que tras su viaje al Vaticano y a la ONU en Nueva York, Cristina Kirchner emprendería en los próximos días un rediseño de su equipo de colaboradores, con vistas al comienzo del último año de su mandato presidencial. En su entorno dan por hecha la salida de Jorge Capitanich, pero aún no definen con absoluta certeza quién lo reemplazará al frente de la Jefatura de Gabinete.

De hecho, la lista de dirigentes que podrían ocupar ese cargo es cada vez más larga. Y a los nombres que vienen circulando hace varias semanas -Mariano Recalde, Julián Domínguez, Agustín Rossi- se sumó en los últimos días el de Aníbal Fernández, quien ya fue jefe de Gabinete de la Presidenta y que es considerado como un “viejo zorro” de la política y del entramado peronista, con lo cual podría resultar apto para pilotear el período de transición que implica toda retirada del poder.

Sin embargo, no son pocos los referentes kirchneristas que afirman que Axel Kicillof tendría intención de desembarcar en la Jefatura de Gabinete, dada la relación directa que mantiene con la jefa de Estado y su ambición de acumular influencia en el Gobierno, por la que expresa una vocación que va más allá de su tarea como ministro de Economía. El funcionario acaba de cumplir 43 años y tiene la aspiración de encarnar al kirchnerismo más identificado con la Presidenta.

HIPOTESIS DE DERROTA

Aunque no necesariamente esa intención tiene que desembocar en una candidatura ejecutiva en 2015. Es que el oficialismo también se plantea la hipótesis de una derrota electoral en la disputa por la Presidencia, por lo cual las previsiones de los estrategas de la Casa Rosada apuntan a mantener un bloque legislativo fuerte en la Cámara de Diputados. Allí podrían recalar no sólo Kicillof, sino también Máximo Kirchner llegado el caso de que no busque la intendencia de Río Gallegos.

Mientras tanto, Kicillof es un hombre clave en el engranaje gubernamental, pese a que las proyecciones económicas no son las mejores para su gestión al frente del Palacio de Hacienda. La incertudumbre que provoca la trepada del dólar blue -que cerró la semana a $15,75 después de haber llegado a $16- y la subida paralela de la cotización del “contado con liquidación” y el dólar bolsa, no contribuyeron a generar un clima de tranquilidad entre Kicillof y Juan Carlos Fábrega.

El presidente del Banco Central tampoco las tuvo todas consigo. Y debió salir a desmentir que haya dado un permiso “no escrito” para que los importadores pudieran operar a la cotización del dólar bolsa, que muy lejos del oficial de $8,46 se ubica ya por encima de los 14 pesos. La escalada del billete estadounidense fue seguida de cerca por la Presidenta y la delegación que la acompañó en su estadía en Nueva York, donde los funcionarios fueron informados prácticamente en tiempo real.

Hasta los reacios conductores de La Cámpora -los diputados Andrés Larroque y Wado de Pedro- dejaron trascender su preocupación al respecto mientras deambulaban por las calles de Manhattan. Tal vez en esa circunstancia debe entenderse el tenor de la embestida de Cristina Kirchner contra el Gobierno de los Estados Unidos en sus discursos ante la Asamblea y el Consejo de Seguridad de la ONU, en los que vinculó a la administración de Barack Obama con los “fondos buitre”.

La arremetida de la jefa de Estado no puede sorprender a nadie a esta altura del partido, ya que el kirchnerismo hizo una bandera de su espíritu antinorteamericano desde la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005, cuando se vanaglorió del fallido intento de George Bush para imponer una zona libre de comercio continental que se denominaba ALCA. Por cierto que esa estrategia le dio rédito político doméstico, pero también le granjeó un escenario adverso a nivel internacional.

SEÑALES

En los últimos días, no sólo el silencio de Washington respecto de las críticas que hizo la Presidenta, sino también los cuestionamientos a las decisiones económicas de la Argentina por parte del Gobierno de Alemania, recordaron que las grandes potencias de Occidente no están dispuestas a hacer mucho para disipar de Buenos Aires la amenaza de los fondos especulativos, a cuyo accionar Cristina Kirchner consideró como propio de una organización de “terrorismo financiero”.

Debido a la grandilocuencia de esas definiciones, algunos observadores hicieron notar que la Presidenta perdió una buena oportunidad para capitalizar ante la ONU el fuerte respaldo que obtuvo del Papa Francisco para la cruzada contra los “fondos buitre”, a partir del cual podría haber emitido un mensaje “por la positiva” en lugar de apelar a la estrategia de la “confrontación permanente”, que forma parte de su ADN político. Otros analizan que tensa la cuerda para luego aflojarla.

Ese sería el caso si la Presidenta decidiera volver a negociar con los fondos especulativos en enero próximo, una vez que caiga la cláusula RUFO incluída en los prospectos de los bonos emitidos en los canjes de deuda 2005 y 2010. Pero mientras tanto, la Argentina queda expuesta a cimbronazos políticos y económicos que no solamente afectan al Gobierno nacional sino también a las empresas y por ende a los trabajadores. La inflación y la brusca caída del consumo agravan el cuadro.

“Hace rato que venimos aguantando y no despedimos empleados, pero ya nos están apretando los zapatos”, dijo por lo bajo el CEO de una de las principales compañías que operan en el país. El propio Gobierno admitió que antes de la aplicación del plan Procreauto, las automotrices habían suspendido unos 14.000 obreros, aunque destacó que el programa logró reducir en un 50% el parate de esa rama clave de la industria. Claro que los números de las empresas no son los mismos.

La sanción de la Ley de Abastecimiento no colabora para mejorar el clima de negocios. Y menos lo hace que el Gobierno utilice los permisos de importación y exportación como un elemento de presión para sentar a las empresas e imponer sus condiciones. De allí que entre los hombres de negocios ya existe una resignación generalizada que los lleva a diseñar sus estrategias para después de 2015. La Presidenta pierde así el apoyo de un sector clave para sostener la economía real.

A su vez, los principales referentes de la oposición buscan mostrarse como la contracara del kirchnerismo, a tal punto que utilizan discursos prácticamente calcados. Para muestra sobra un botón: Sergio Massa dijo ayer que “el destino económico de la Argentina es con el mundo, no contra el mundo”, mientras que Mauricio Macri sostuvo que “peleándonos con todo el mundo no hay futuro para la Argentina”. Las similitudes entre el FR y el PRO no parecen casuales.

ELECTORADO COMUN

Es que el massismo y el macrismo competirían por el favor de un electorado que en muchos casos puede ser el mismo. Por ejemplo, en la provincia de Salta el FR consiguió unificar a Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo, dos dirigentes que habían coqueteado en su momento con el PRO. En la vereda de enfrente, el gobernador Juan Manuel Urtubey mantiene su posicionamiento en el Frente para la Victoria, mientras aguarda que se arme una “fórmula bien peronista” de cara al 2015.

El deseo de Urtubey -que aspira a la reelección en la provincia norteña- es idéntico al de otros gobernadores justicialistas, sobre todo a los que se reunieron en La Plata con Daniel Scioli. Es decir, que la representación del oficialismo en la carrera presidencial tenga más impronta peronista en el sentido clásico y menos retórica kirchnerista. En palabras del propio mandatario bonaerense: “El año que viene no se votará kirchnerismo o antikirchnerismo”, dijo Scioli en las últimas horas.

Los gobernadores justicialistas hablan menos de lo que quisieran, porque cada vez que lo hacen se ven obligados a admitir que les preocupa la inflación o que la Casa Rosada no desarrolla políticas necesarias. Por eso, el salteño Urtubey lanzó un abierto desafío al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, para que avance en la instrumentación del “voto electrónico”, a sabiendas de que el oriundo de Chivilcoy lo impulsó en la Provincia y que luego el kirchnerismo lo frenó.

“Tenemos que hacernos cargo de que no sólo el discurso debe parecer progresista”, advirtió el gobernador de Salta, que al igual que Kicillof tiene 43 años. Ambos forman parte de una generación que ya está en puestos de gobierno y que está llamada a ser el recambio de la dirigencia argentina. Tanto en el oficialismo como en la oposición, hay cada vez más referentes que no se formaron en los turbulentos años ´70, sino en la democracia parida con sangre tras aquella tragedia nacional.

Y si bien no es realista suponer que el sistema de partidos funcione siempre bajo un paragüas de consenso, es cada vez más necesario que deje de primar la perniciosa lógica del “nosotros o ellos”.

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