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25.6.2017
ESCENARIO INTERNACIONAL

“Patrullas de castidad” para vigilar a las mujeres en Irán

Grupos comando, sin autorización del gobierno, recorren las calles para controlar el “correcto” uso del velo islámico por parte, sobre todo, de las chicas jóvenes, que se resisten a cubrirse el pelo. Radicales y moderados libran un pulseada para mantener o cambiar las asfixiantes reglas sociales del país

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“Patrullas de castidad” para vigilar a las mujeres en Irán

Las “patrullas de castidad”, creadas por un grupo paramilitar iraní para controlar que las mujeres vayan “bien cubiertas”, es el último gesto de los sectores más radicales para combatir lo que consideran “debilidad” del gobierno del moderado Hasán Rohaní.

Desde comienzos del verano, cuando las iraníes más modernas se permiten un timidísimo “destape” (velos que cubren el pelo más transparentes y ligeros, mangas un poco más cortas pero siempre por debajo del codo) para afrontar el calor, hay manifestaciones de los más conservadores para exigir la imposición del “buen hiyab”, más ajustado a una estricta interpretación del código islámico.

Pero el grupo Ansar-e Hizbulá ha ido aún más lejos y ha organizado patrullas callejeras en Teherán para controlar la moralidad de las mujeres, especialmente de las jóvenes, más relajadas en lo referente a cumplir con el legalmente obligado hiyab, que exige tapar todo el cuerpo excepto la cara, manos y pies.

Este grupo paramilitar -que cuenta con apoyo del líder supremo, ayatolá Alí Jamenei- afirma haber formado y puesto en marcha “docenas de grupos para disfrutar del bien y prohibir el mal” en los que participan 4.000 de sus miembros con vestimentas típicas: 3.000 mujeres y 1.000 hombres.

RECORRIDAS DE “ADVERTENCIA”

Su objetivo es recorrer las calles para “advertir” e intimidar a aquellas personas que, según su opinión, violan las normas de “decencia” exigidas en la República Islámica.

Según declaró recientemente el secretario general de Ansar-e Hizbulá, Abdolhamid Mohtasham, es necesario “aplastar a aquellos que extienden la corrupción”, puesto que “se sienten envalentonados gracias al clima de tolerancia del gobierno” que ha provocado “un equivocado desequilibrio” en la sociedad en la que “el peso de los corruptos ha cambiado en detrimento de los religiosos”. “La operación en Teherán será intensiva y el volumen de operaciones será alto”, dijo, orgulloso, Mohtasham, que también anunció que la iniciativa se extenderá al resto del país.

Esta medida radical surge poco después de que el presidente Rohani, que ganó las elecciones tras prometer mayores libertades sociales, señalara en un discurso que no es posible imponer a la gente un comportamiento social. “¿Es posible mejorar la cultura con furgonetas, minibuses, policías y soldados?”, se preguntó, en referencia a las furgonetas de la Policía moral que patrulla la ciudad con un objetivo similar y que, según los más radicales, no es lo suficientemente dura ni efectiva.

“DICTADURA RELIGIOSA”

“Esto es una dictadura religiosa”, se queja Saide, residente en Teherán de 29 años que lleva el velo en la cabeza como lo hacen muchas jóvenes, dejando a la vista buena parte de su cabello. Su compañera de estudios Sharshané, de 26 años, cree que “con este acto sólo demuestran que no respetan a la gente. Cada persona debería poder vestirse como quiera”, un pensamiento que cada vez se extiende más en un país con una población mayoritariamente joven.

Fátima, que trabaja en una empresa de turismo, recuerda que “en otros países, como por ejemplo en Turquía, hay mujeres que van con velo y otras no. Pero las veladas allí no miran mal a las que no lo están, las respetan, no como aquí, que nos miran con odio, sólo porque usamos maquillaje o las uñas pintadas”. “En teoría, en la calle no se nos puede ver el pelo. De hecho todas lo mostramos (con los velos ligeramente caídos hacia atrás), pero eso significa que nos pueden detener en cualquier momento. Caminamos siempre con miedo”, asegura.

La presencia de más de 4.000 radicales en las calles que no responden a ninguna autoridad oficial, no hará más que complicar la situación para las que entienden el concepto de hiyab de una forma más laxa y acorde con sus creencias.

El ministro de Interior, Abdolreza Rahmaní-Fazlí, reaccionó no hace mucho al anuncio y advirtió que responderá como corresponda a estas patrullas no autorizadas, que necesitan de un permiso oficial para funcionar, con el que no cuentan. “El Ministerio de Interior va a intervenir en esta cuestión y tendrá una respuesta apropiada ante estas medidas”, precisó ante el último ejemplo de la pulseada que radicales y moderados mantienen para modificar o mantener las asfixiantes reglas sociales vigentes en Irán.

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