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25.6.2017
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Después de los sesenta, ahora empieza otra etapa plena de la vida

Los especialistas hablan de un envejecimiento cada vez más activo y vital. Y la experiencia cotidiana lo demuestra: después de la jubilación muchos empiezan una nueva etapa llena de proyectos e iniciativas

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Después de los sesenta, ahora empieza otra etapa plena de la vida

Por LEANDRO SAVORETTI

El abuelito en chinelas que escuchaba la radio pegada a la oreja o la frágil abuelita que tejía toda la tarde en la mecedora están muy lejos de la realidad. Ahora se habla de una nueva tercera edad, donde se pueden descubrir pasiones con la certeza de que la llama de sus los deseos sigue prendida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fijó los 60 años como el índice que marca la llegada a la tercera edad. Pero la última muestra que hizo la OMS dice otra cosa: 500 adultos mayores respondieron que ellos se identifican con esta etapa antes de cumplir los setenta.

Walter Grasso fue presidente de la Sociedad Platense de Geriatría y Gerontología. Hoy, en su consultorio, sigue atendiendo unos 15 pacientes por día.

Con más de cuarenta años de trayectoria en la profesión y casi medio millón de pacientes vistos, hace sus propios cálculos. Reconoce que hoy un adulto de 60 es una “persona ágil, vital, que todavía puede dar mucho”. Adultos mayores 2.0, les llaman a los que desean seguir siendo los protagonistas de su propia vida. Y otros vislumbran en ellos “la revolución silenciosa” de este siglo.

SIEMPRE LISTOS

Ser abuelo no depende de ningún tipo de elección personal. Uno no elige cuando ser abuelo, simplemente llega. A principios del siglo XX, padres e hijos podían vivir el mismo tiempo entre 20 a 30 años. Mientras que abuelos y nietos convivían, en promedio, unos 10 años. En la actualidad, padres e hijos pueden convivir unos 50 años y abuelos y nietos, más de 20. Antes muchos niños no llegaban a conocer a sus abuelos. Hoy, muchos bebés que están naciendo en estos días, con comodidad podrían llegar a vivir hasta los cien años y cuidar hasta a sus tataranietos.

Y hay más. En el seno familiar los abuelos se afianzaron como el pilar de los hogares. No son el bastión en la crianza, pero sí un buen acompañamiento. Como padres les dan una mano en la crianza a sus hijos y se sienten útiles y presentes. Ayudan a reducir gastos de transporte y guardería y los nietos se sienten más cuidados y protegidos con sus “abu”. Boy Scout, los llamá Grasso, porque están “siempre listos”, dice.

Irene Gallur nació en 1936, “el mismo año que el Obelisco”, afirma. Es enérgica. A sus 78, y viuda hace 10, vive sola y sigue manejando. “Con el auto voy para todos lados”, dice Irene. Para ella su receta siempre fue y será tener salud y buena onda. “Tengo sangre gaita, de buen espíritu. Activa, no se aburre nunca. A diario paso horas arreglando el jardín: corto plantas, podo el pasto, le doy de comer a las palomas. “Me encanta, es mi terapia”. Desde hace casi dos años es bisabuela. “Nunca me imaginé: es divino, divino. Además, Olivia, es hija de Fermín, mi primer nieto, al que crié y cuidé tanto”. “Ser bisabuela es el mejor anti oxidante”. Tanto que es la primera vez en su vida que duerme con su perro “Albi”.

Graciela Busana de Pascual es abuela de tres. El mayor tiene cinco y a su madre no le gusta que su hijo canalice todo el tiempo su parte lúdica frente a una computadora. Por eso Graciela se las ingenia y tiene sus juegos de seducción.

A su nieto, cuenta Graciela, le armó un sistema con caños en desuso para que pueda jugar con una bolita. Así, el chico ve cómo la bolita recorre el circuito y al final cae sobre un recipiente. Si se cansa de ese recorrido, ella no desespera. Tiene la solución. Y juntos experimentan la oportunidad de cambiar el encastre de los caños e inventar otro recorrido. “Así va aprendiendo un poco de física”, dice esta abuela ingeniosa y agrega: “los abuelos entre otras cosas estamos para ayudarlos a incentivar la imaginación. Que entiendan que la imaginación jugará un papel importante durante sus vidas. Me parece que es, un poco, la clave de la felicidad”.

Y claro es que Graciela también fue nieta. Aún recuerda una anécdota con su abuelo paterno, cuando algunas tardes volvía “insoportable” del colegio el abuelo le daba un tarrito lleno de agua y un pincel y le hacía pintar las baldosas al sol. Mientras se alejaba, el abuelo le repetía: “cuando todo esté pintado, vení”. Y aunque reconoce que a veces puede sonar imperativa con su hija, trata de hacer una apuesta fuerte para “inculcarle que es una falencia creer que los actos no tienen consecuencias. Ahí tenemos que poner el ojo los abuelos”, dice Graciela.

¿CÓMO HAGO CON LA TECNOLOGÍA?

“No la pude prender. ¿Qué hago mal?”. La pregunta la hace Mercedes (65), ex directora del colegio Lincoln. Es miércoles a las once y media de la mañana y, junto a otros siete compañeros, asiste a las clases de Primeros Pasos que dicta el PEPAM (Programa de Educación Permanente de Adultos Mayores). De su bolso, que está tirado en el piso, asoma el libro Trilogía de Nueva York, de Paul Auster. “La tecnología (a los adultos mayores) nos llegó a una edad que aprenderla nos cuesta horrores. Es una nebulosa”, dice. Y aunque le cueste horrores manejar una computadora, al menos ya se defiende. Lee mucho por internet e investiga todo a través de Google. Pero eso sí, Facebook, no lo entiende. Por ahora.

No son nativos digitales, claro, no nacieron con la explosión tecnológica. Pero de un tiempo a esta parte muchos adultos mayores se fueron adaptando y ya tienen cierta familiaridad con algunas herramientas y dispositivos como el celular, la cámara de fotos digital o la tablet.

Sin embargo, para Grasso no es tan así. “Hoy le das un smartphone, un ipad, o le pedís que escriba un correo electrónico a un adulto de 75 en adelante y, la mayoría, no sabe qué hacer”, afirma el gerontólogo. Y da una explicación médica: “por la evolución normal de los años los adultos mayores tienen insuficiencia cerebral –no es locura ni demencia, aclara- significa que hay un enlentecimiento natural porque al cerebro ya no le llegan tanta sangre y oxígeno como antes”.

Pero hay casos y casos. Graciela Busana (68) se maneja desde el 2000 por correo electrónico. Es diseñadora gráfica y como a la mayoría de los colegas de su generación, hace diez años la tecnología fue la escoba que los barrió del mercado laboral. “Me eliminó”, dice ahora, sin lamentos.

Dentro de la familia, el nieto es el que más paciencia les tiene a los abuelos. “Hoy los abuelos se acercan a las tecnología para tratar de readaptarse y estar más cerca de las otras generaciones”, dice Grasso. Y Graciela cuenta una anécdota que le pasó hace unos años, cuando su nieto tenía sólo un año y medio. “Habíamos comprado un Smart TV donde mi hija grabó unas películas para que pudiéramos ver. Esa tarde me senté con mi nieto en la falda y apreté sólo una vez el control remoto, pero la televisión seguía sin mostrar nada. Recuerdo que mi nieto en su media lengua me dijo: no, falta ota. Falta ota”. Había, claro, que apretar dos veces ese botón para que la película comenzara.

Este año, en el PEPAM, se están dictando tres talleres de informática: Primeros pasos, Internet y correo electrónico y redes sociales. Lucrecia Moralejo, la profesora, dice que los grupos que se formaron son bien heterogéneos y la clave está en tener “mucha paciencia”. Pero a diferencia de otras experiencias educacionales, Lucrecia resalta que “al ser una actividad que los adultos mayores buscan, todos llegan bien predispuestos. La juventud los empujó”.

TEMER O NO TEMER

Dentro de los temores que los adultos mayores pueden tener al ingreso en las redes sociales como crearse su propio perfil en Facebook, les da miedo la inseguridad. “¿Quién es confiable para tener como amigo?”, es una pregunta recurrente, dice Lucrecia. En la sede del PEPAM de calle 50, este curso hoy tiene un promedio de 15 alumnos.

Mercedes reconoce sentirse impotente al tener que lidiar a cierta altura de la vida con algo que es muy nuevo y diferente a todo lo que ya era conocido por ellos. “Hay un punto donde -dice la ex directora de colegio- no nos permitimos equivocarnos. Por más que me hayan explicado que para romper una computadora me tengo que parar arribar y bailar un malambo, me agarra una neurastenia”.

Meterse dentro de esa vorágine tecnológica y de información, a veces -cuenta Mercedes- “te crea una sensación de ansiedad fea”. Entonces apaga todo y se va. Sin embargo, aclara que le gusta lo que traen aparejado las nuevas tecnologías y entre risas sentencia: “Me gustaría más que yo le gustara a ellas”.

Cuando Mercedes era chica, recuerda ahora, y a su casa llegó el televisor blanco y negro, su abuela cada tarde se sentaba cerca, muy cerca, de la pantalla. En aquellas primeras encendidas, solía darse vuelta y preguntaba si del otro lado los estaban viendo. Mercedes, para jugar y burlarse un momento de su abuela, muy segura, contestaba: ¡Sí!. Entonces, la abuela se volvía hacia la tele, acomodaba su rodete y cuando escuchaba “BUENAS TARDES”, ella amablemente devolvía el saludo.

LA ALTERNATIVA AL DESCARTE

Según el ranking 2014 de la Global Age Watch Index –que mide el bienestar de los ancianos- en la lista de los mejores lugares para vivir llegada la adultez, está Noruega (en el podio), Chile (en el puesto 22 y es el mejor latinoamericano) mientras que Argentina ocupa el lugar 31, de una lista final de 96 países de los cinco continentes.

En La Plata, el PEPAM es el programa de educación informal permanente de adultos mayores como extensión dentro de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, enmarcado en el modelo de envejecimiento activo. Hoy, a veinte años de su creación, hay un abanico con más de 80 cursos a disposición de los vecinos de La Plata y zonas aledañas.

Virginia Viguera (psicogerontóloga y subdirectora del PEPAM) lo primero que dice es que “envejecer bien es envejecer en actividad”. Y cree que hay que trabajar con las personas que estén a punto de jubilarse, donde varios llegan con la idea de que allí se termina la vida. “Tener esa mirada”, dice Virginia, “es malo, insalubre y aburrido, muy aburrido”.

-¿Qué tal “Fito?, saluda Virginia. Él es Rodolfo, dice cuando llega a la oficina del PEPAM su director, el sociólogo Rodolfo Iuliano. Virginia reconoce que de un tiempo a esta parte los adultos mayores cada vez más respetan sus ganas, capacidad de asombro e iniciativa. En los talleres, además, se fomentan los nuevos vínculos que aumentan su autoestima y los hace sentir vigentes.

Iulianno asegura que la educación para adultos mayores tiene apenas 30 años de experiencia en Argentina. “Poco tiempo si se lo compara con la historia de la educación, pensada casi en su totalidad para las jóvenes generaciones”, aclara. Aunque tanto Iuliano como Grasso sostengan que hay sociedades en la que se sigue deslegitimando la palabra del adulto mayor. “La sociedad actual ha dejado a los adultos mayores como material de descarte”, dice enérgico Grasso. No todo es color de rosa.

Pese a su gran crisis social y económica, España es uno de los países pioneros en el estudio del envejecimiento. Que se suma a las políticas de los gobiernos europeos en fomentar para los adultos mayores una vida independiente, participación social y educación a lo largo de la vida.

Y los datos son claros: en la actualidad, buena parte de las personas mayores son sanas, activas y se cuidan para poder seguir siendo independientes el mayor tiempo posible. En el documento Europa 2020, Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador de la II Asamblea Mundial de la Conferencia Ministerial de la Región Económica para Europa de Naciones Unidas celebrada en Madrid, se pone de manifiesto la importancia del envejecimiento activo como elemento clave para el porvenir de la sociedad. La clave entonces, cambiar la mirada. Anote bien, no se olvide: el que envejece, florece.

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