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El Mundo

VIOLENCIA Y ESTADO DE EMERGENCIA EN CAROLINA DEL NORTE

Sigue la tensión racial en EE UU con un muerto y varios detenidos

Movilizan a la Guardia Nacional en Charlotte tras el asesinato de un hombre negro a manos de un policía

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Un policía trata de agarrar a un manifestante durante las protestas del miércoles en Charlotte

Un policía trata de agarrar a un manifestante durante las protestas del miércoles en Charlotte

CHARLOTTE.- Las autoridades estadounidenses trataban ayer de terminar con los brotes de violencia en la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte, donde llegaron soldados de la Guardia Nacional para contener a los manifestantes que protestan por la muerte de un hombre negro a manos de la policía.

‘Tenemos ahora los recursos que nos permiten proteger la infraestructura y ser mucho más eficaces’, afirmó el jefe de la policía de esta ciudad del sureste de EE UU, Kerr Putney, en una rueda de prensa.

La segunda noche de disturbios en Charlotte se saldó con a un muerto, ocho heridos y 44 detenidos. Por ese motivo, se decidió que “varios centenares’ de miembros suplementarios de las fuerzas del orden apostados en la ciudad impidan más saqueos y enfrentamientos como los del martes y el miércoles, que llevaron al gobernador de Carolina del Norte, Pat McCrory, a decretar el estado de emergencia.

‘No podemos tolerar la violencia. No podemos tolerar la destrucción de propiedades y no toleraremos los ataques contra nuestros policías que se producen en este momento’, declaró McCrory en la cadena CNN. Cientos de policías fueron desplegados para de evitar nuevos saqueos. El jefe policial advirtió que habrá una acción preventiva mucho más rápida por parte de las fuerzas del orden.

Juston Carr (26), un hombre negro herido de bala en los incidentes del miércoles y que estaba “bajo asistencia respiratoria”, falleció anoche.

Todo comenzó cuando una marcha pacífica contra los abusos policiales, se desbordó. Cientos de manifestantes empezaron a romper ventanas y a lanzar proyectiles contra las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos.

Los manifestantes sostienen que el afroamericano Keith Lamont Scott (43), abatido el martes por la policía, fue víctima de un flagrante error. Según la policía, Scott fue ultimado por el agente Brentley Vinson porque se negaba a bajar su arma de fuego. Los familiares de Scott aseguran, en cambio, que el fallecido sólo tenía un libro en su mano. Lo del arma “es una mentira”, declaró Taheshia Williams, vecina del barrio, cuya hija estudia en la misma escuela que uno de los hijos de Scott. “Le quitaron el libro y lo reemplazaron con un arma. Ese hombre esperaba sentado aquí todos los días a que su hijo bajara del micro”, añadió.

La muerte de Scott, en un contexto de hechos similares en otras ciudades estadounidenses, llevó a manifestaciones en la noche del martes, que terminaron con 16 agentes heridos, según la policía, y un número indeterminado de manifestantes lesionados. El agente Vinson fue suspendido a la espera de los resultados de una investigación administrativa. En tanto, la fiscalía de Oklahoma acusó de homicidio en primer grado a la policía de raza blanca Betty Shelby, luego de que el viernes pasado matara de un disparo a Terence Chitcher (40), un hombre negro desarmado, en una calle de la ciudad de Tulsa. Las imágenes tomadas desde un helicóptero y de la cámara instalada en el tablero de una patrulla muestran a Crutcher alejándose de Shelby con los brazos en alto. Las imágenes no ofrecen una vista clara del momento en que Shelby realiza el único tiro que mató a Crutcher. Pero la fiscalía evaluó que la agente “reaccionó injustificadamente”.

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