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18.11.2017

“Príncipe Azul”: en busca del tiempo perdido

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“Príncipe Azul”: en busca del tiempo perdido

Roberto Conte y Nico Stratico protagonizan una historia de amor entre hombres escrita en plena dictadura militar

Por

Irene Bianchi

“Príncipe Azul”, de Eugenio Griffero. Adaptación: Norberto Barruti. Elenco: Roberto Conte, Nico Stratico. Traspunte: Germán Romero. Escenografía: Enrique Mario Cáceres. Realización de escenografía: Norberto Enrique, Marcelo Fontana, Franco Marful. Diseño de luces e iluminación y operación técnica de luces y sonido: Franco Marful. Vestuario, maquillaje y peinados: María del Rosario Araque, Jacqueline Lagos, Soledad Villoldo. Maquinaria y utilería: Santiago Arana, Turi Crespo, Eugenio Fernández Beltrán, Franco Marful, Gaspar Pocai, Germán Romero. Prensa y difusión: Fernando Crespo. Gestión y Producción: Santiago Arana, Eugenio Fernández Beltrán, Germán Romero. Asistentes de Dirección: Jacqueline Lagos, Sol Marcilla, Mariela Mirc, Maricel Beltrán. Dirección y puesta en escena: Norberto Barruti. Taller de Teatro UNLP, calle 10 entre 54 y 55. Domingos 19 hs.

Existen sobrados motivos por los que esta original versión de “Príncipe Azul” de Eugenio Griffero, resulte particularmente conmovedora y atrapante.

En primer lugar, ver a dos actores de raza como Roberto Conte y Nico Stratico sobre el escenario nuevamente, ya es una fiesta en si misma. Verdaderos animales de teatro, con más de medio siglo de actividad prolífica e ininterrumpida, ambos han transitado todos los géneros, todos los estilos, con la entrega, el compromiso y la pasión que este oficio exige, dignificando la profesión.

Por otra parte, la obra elegida, a la que este mismo equipo creativo vuelve tras una década, es otro notable acierto, puesto que habla del inexorable paso del tiempo, de la implacable vejez, de las asignaturas pendientes, de los sueños rotos, de los prejuicios, de la resignación, de las frustraciones, de la amistad, del amor.

Eugenio Griffero, psicoanalista y dramaturgo, estrenó “Príncipe Azul” en el marco de Teatro Abierto en 1982, arriesgándose a escribir una historia de amor entre hombres en plena dictadura militar, época de represión de todo tipo y color. Aunque en rigor, el amor del que habla Griffero trasciende cuestiones de género, y es mucho más abarcativo y universal.

“Gustavo” (Conte) y “Juan” (Stratico), amigos en su adolescencia, pactan reencontrarse en un plazo de 70 años. Uno devino Juez, el otro actor, mal actor. La cita es en un banco frente al mar, ese inmutable mar que fue testigo de su inconfesado e inconfesable amor. Ambos quedaron anclados en esa juventud, detenidos; ahí quedó el deseo trunco, no explicitado, no vivido, prohibido. Se preguntan si el otro estará vivo, si se reconocerán, si habrá sido prudente y sensato acudir al concertado “rendez-vous”. El reencuentro se produce y el sentimiento está tan vivo como ese mar, intacto, a pesar de los achaques y las arrugas.

Es muy inteligente la puesta que ideó Norberto Barruti, alternando monólogos y diálogos, con una suerte de radioteatro en el que los personajes intercambian roles. El juego del teatro, de las máscaras, en su plenitud. Otro recurso original es la inclusión del apuntador (Germán Romero) de una manera orgánica, fluída, presencia que el espectador incorpora y acepta con absoluta naturalidad.

“Príncipe Azul” destila lirismo, poesía, sutileza, con dos trabajos entrañables. El sonido del mar, omnipresente, enmarca románticamente a estos dos ancianos, que vuelven a ser adolescentes por un rato, recuperando el espíritu libre y chispeante de sus años mozos. Esa golondrina solitaria que ven pasar, surcando el cielo, es tal vez la juventud perdida, irremediablemente perdida.

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