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20.1.2018
Secretos del Niño del Aconcagua

Logran identificar un antiguo linaje inca

El primer estudio de ADN de una momia andina revela una estirpe llegada a América tras la última glaciación

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En 1985, un grupo de andinistas que buscaba hacer cumbre en el Aconcagua dio con él de casualidad. Al principio pensaron que se trataba de una mata de pasto, algo muy improbable a 5.100 metros de altitud; así que se acercaron a ver de qué se trataba y descubrieron un pequeño niño congelado en posición fetal. Estudios posteriores confirmaron que era de origen inca, que había vivido en la misma época en que Colón llegaba a América y que tenía unos 7 años cuando fue sacrificado en medio de un ritual. Hasta ahora no era mucho mas lo que se sabía de él.

Pero luego de tres décadas de ser estudiado por investigadores de la Universidad de Cuyo, el “Niño del Aconcagua” ha vuelto a revelar algo más de sí. A partir de un estudio de ADN destinado a secuenciar su genoma mitocondrial, un equipo de científicos españoles y argentinos logró establecer que la momia pertenecía a un linaje que no había sido detectado hasta ahora en poblaciones contemporáneas y que se remonta a los tiempos en que el hombre llegó a América por primera vez.

El “C1bi”, como ha sido bautizado ese linaje genético, llegó a América hace unos 14.300 años probablemente en una de las primeras oleadas migratorias ocurridas desde Asia tras la era glaciar. “Cruzó el continente y se extinguió por alguna razón”, explica el genetista Antonio Salas Ellacuriaga, docente de la Universidad de Santiago de Compostela, principal responsable de la investigación publicada esta semana en la revista Scientific Reports.

“Constatamos que, en efecto, ese niño tiene un material genético inca”, explica Salas al señalar que esos resultados indican en principio una larga peregrinación para ofrecer al niño en sacrificio desde Cuzco hasta un punto tan meridional como el Aconcagua.

LA “CAPOCOCHA”

La ceremonia en que se cree que habría sido sacrificado el niño del Aconcagua se conoce como capacocha, y era un ritual a través del cual los incas intentaban conectar con el más allá para pedirle a sus dioses alguna forma de bendición.

En cualquier caso, los autores del estudio aseguran haber encontrado en Bolivia y Perú posibles descendientes vivos del mismo linaje del niño sacrificado, del que no se tenia noticia hasta ahora y que presenta una gran afinidad con el hallado en restos óseos de un individuo del antigua imperio wari.

“Los wari surgieron antes que los incas, pero coincidieron en espacio y tiempo con ellos así que podían tener cierto parentesco. No es casual que hayamos analizado sólo un individuo wari y tenga un perfil afín con ese linaje”, señala el investigador.

Tanto la estirpe de la momia inca como la del individuo wari pudieron entrar en el continente americano “durante los primeros asentamientos de los nativos americanos en el continente y siguiendo una ruta costera a través del Pacífico; pero probablemente este linaje se extinguió después de la llegada de los europeos”, comenta el responsable de la investigación.

La conclusión de lo que constituye el primer estudio genético de una momia andina fue posible gracias a la existencia de una base de datos mundial que contiene 28.000 mitogenomas completos y más de 170.000 secuencias parciales de mitogenomas, lo que ha permitido crear un incipiente mapa de los linajes genéticos en los distintos continentes.

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