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17.11.2017

Los alumnos platenses del Nobel de Economía

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Cuando días atrás la Academia de Ciencias sueca otorgó el premio Nobel de Economía al economista escocés Angus Deaton, hubo dos colegas suyos en La Plata que vivieron la distinción en forma particular. Y es que los doctores Leonardo Gasparini y Guido Porto, docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, no sólo se formaron profesionalmente bajo su guía sino que aplican sus ideas y siguen estando en contacto con él hasta el día de hoy.

Deaton, que es profesor en la Universidad de Princeton, fue premiado por sus contribuciones al análisis del consumo, la pobreza y el bienestar, un campo en el que se ha destacado por sus esfuerzos en medir esos fenómenos sociales complejos de manera novedosa y con rigurosidad. El procesamiento de encuestas y la producción de estadísticas estandarizadas -que luego son usadas en todo el mundo para realizar comparaciones de pobreza, desigualdad y otros problemas sociales- es precisamente la tarea que realiza el centro de estudios de la UNLP que dirige Gasparini y donde Porto es investigador.

“Las investigaciones del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales están estrechamente vinculadas con los aportes de Deaton. El CEDLAS se especializa en medir y analizar la pobreza, la desigualdad, el bienestar y otros fenómenos sociales desde una perspectiva económica empírica, a la que tanto contribuyó Deaton. Nuestras investigaciones usan muchos de sus aportes, pero aplicados a la problemática de América Latina”, explica su director.

RECUERDOS DE PRINCETON

Gasparini conoció a Deaton en la Universidad de Princeton, donde hizo su doctorado en Economía entre 1991 y 1996. El escocés enseñaba un curso de Desarrollo Económico y ya por entonces era un economista muy reconocido a nivel internacional. De hecho, ya había escrito en ese momento la mayoría de las contribuciones por las que recibiría el Nobel veinte años después.

“Lo recuerdo como un excelente profesor, claro en las explicaciones (pese a que me costaba algo entender su acento escocés) y gran motivador. Tenía la no tan extendida habilidad entre los economistas académicos de saber combinar la rigurosidad analítica con las intuiciones sencillas. Esa habilidad se manifiesta en varios de sus libros, en los que combina la teoría dura con las ilustraciones prácticas”, cuenta Gasparini, quien lo eligió para que dirigiera su tesis.

“Me interesaban, y me siguen interesando, los temas de desarrollo económico vinculados a la pobreza y la desigualdad, y Deaton era la elección obvia. En estos casos lo difícil no es elegir un director sino que éste te acepte. Para eso tuve que convencerlo que mi proyecto sobre medición de la desigualdad de oportunidades tenía futuro”, dice Gasparini, quien reconoce que aquella elección no podría haber resultado mejor. “Un buen director de tesis tiene que cumplir dos condiciones importantes: saber mucho del tema para poder orientarte e involucrarse en la dirección, dedicándole tiempo y esfuerzo a leer lo que el tesista escribe. Deaton cumplía ampliamente las dos condiciones pese a ser una persona extremadamente ocupada”, recuerda.

“Haber elegido a Deaton como mentor de tesis ha sido la decisión más trascendente de mi vida profesional”, coincide el doctor Porto, quien también conoció a Deaton en Princeton, en su caso en 1999 cuando tomó su curso de econometría aplicada y logró que aceptara dirigir su tesis (ver aparte).

De ahí que pese a que el economista escocés era un candidato repetido desde hace años para recibir el Nobel y se esperaba que lo recibiera en algún momento, la noticia conmovió a sus discípulos platenses. “La alegría fue doble -reconoce Gasparini- por un lado porque se trata de una persona cercana, pero más aún porque se reconoce todo un campo de la economía muy importante, en la que se ha especializado mucha gente del Departamento de Economía de la UNLP y del CEDLAS en particular”.

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