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24.6.2017
el desafio de las remeras rosas

Tras el sueño de un bote propio para remar contra el cáncer

Sobrevientes de tumores de mama buscan apoyo para enfrentar sus secuelas y transmitir un mensaje de vida

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Hace un año, las Remeras Rosas, un pequeño grupo de sobrevivientes de cáncer de mama de La Plata, se hicieron conocidas por la forma novedosa que eligieron para enfrentar las secuelas de su enfermedad: juntarse a remar. Hoy, con un número cada vez mayor de integrantes, las chicas van camino a cumplir un nuevo desafío: tener su propio “bote dragón”.

Aunque Remeras Rosas es el primer grupo de su tipo a nivel local, su propuesta se enmarca en una experiencia que está teniendo enorme auge en el mundo. Luego de que a fines de los 90 un médico canadiense descubriera que el ejercicio riguroso del tronco superior disminuía el riesgo de linfedema (un efecto secundario debilitante del tratamiento) cada vez son más las sobrevivientes de cáncer de mama que forman tripulaciones para compartir la práctica del remo en un tipo de embarcación muy particular: los llamados “dragon boat”.

Parecidos a las grandes canoas hawaianas pero sin un flotador lateral, los botes dragón son un tipo de embarcación de doce metros de eslora que admite hasta dieciocho remeros, además de un tamborillero y un timonel. Su relación con el cáncer de mama no es caprichosa sino producto de un estudio que demostró que el remo, lejos de ser contraproducente para las pacientes con esta enfermedad, podía hacerles mucho bien.

Dado que parte del tratamiento contra el cáncer de mama consiste en extraer los ganglios de la axila, muchas mujeres que atraviesan esa experiencia sufren edemas en sus brazos. Frente a esta complicación, el doctor Don McKenzie, un fisiólogo de la Universidad de la Columbia Británica, comenzó a estudiar alternativas y descubrió que el remo producía un efecto de drenaje linfático de gran utilidad. Las voluntarias que participaron de aquel hallazgo estaban tan entusiasmadas que quisieron seguir remando... todas juntas; y el único bote donde entraban todas era un dragón.

Su experiencia llegó a oidos de un grupo de pacientes que en 2013 estaban completando sus tratamientos en una clínica de La Plata. Aunque algunas de ellas jamás se habían subido siquiera a un bote, se movieron y lograron que el Centro de Educación Física de Berisso les ofreciera canoas para remar. Así nació Remeras Rosas, el primer grupo de su tipo a nivel local.

“Ahora vamos por más -cuenta Lía Prado, una de las fundadoras-: conseguimos la personería jurídica para nuestra asociación y estamos terminando los papeles para poder recibir donaciones que nos ayuden a comprar nuestro propio bote dragón. Aunque sale 15 mil dólares, tenemos varios sponsors dispuestos a ayudarnos y creemos lo podemos conseguir. Por lo pronto, lo que más necesitamos es que otros clubes nos abran también sus puertas porque cada vez somos más”.

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