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17.10.2017
DOS ESPECIES LOCALES SE ENCUENTRAN EN RIESGO DE DESAPARECER

Tras los enigmas del tiburón: científicos y pescadores se unen para develarlos

Con un campaña de marcación de ejemplares, buscan conocer sus rutas migratorias y evitar que se extinga

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A pesar de que pueblan los océanos desde hace más de cien millones de años, los tiburones llevan una existencia rodeada de misterios: hacia dónde migran, qué distancias recorren, qué rutas siguen, qué fidelidad guardan con su hábitat de origen o si tienen algún tipo de organización son algunas de las incógnitas que los científicos no logran responderse aún. Y dado que algunas especies se encuentran en riesgo de extinguirse, cada vez parece quedarles menos tiempo para develar esos interrogantes clave para su conservación.

Un predador muy vulnerable a la explotación pesquera

Con esa amenaza de fondo se gestó en La Plata un ambicioso proyecto sin precedentes en nuestro país: unos cien pescadores aficionados, en su mayoría bonaerenses, colaboran por estos días con un grupo de científicos para capturar y marcar la mayor cantidad posible de tiburones entre el Faro Querandí (partido de Villa Gesell) y Puerto San Julian, provincia de Santa Cruz.

La iniciativa, que parte de la tesis doctoral de un estudiante de la UNLP, busca obtener con esas marcas identificatorias información muy valiosa sobre el comportamiento de las diez especies de tiburones que suelen encontrarse en nuestro litoral marítimo; pero a su vez, involucrar en ello a las poblaciones pesqueras y pescadores aficionados como una forma de generar una mayor conciencia sobre su conservación.

Y es que pese a ser uno de los mayores predadores del mar, los tiburones se encuentran en algunos casos en serio riesgo de extinguirse. Sucede que por su crecimiento lento, sus largos períodos de gestación y su baja tasa de fecundidad, resultan en general muy vulnerables a la explotación pesquera; tanto que aun cuando hace años que nuestra provincia suspendió su pesca dirigida a nivel comercial, existen hoy dos especies locales cerca de desaparecer.

CAZON Y ESCALUNDRUN

Entre las que viven en forma permanente y las que se acercan a la costa en alguna época del año, “se encuentran en aguas argentinas unas 55 especies de tiburones, diez de las cuales aparecen en el litoral bonaerense. De las cuatro más comunes (bacota, gatopardo cazón y escalandrún), las dos últimas están hoy en riesgo de extinción”, explica el biólogo Juan Martín Cuevas, uno de los impulsores del proyecto Conservar Tiburones en Argentina con el que realiza su tesis doctoral.

Por haber sido hasta hace unos años blanco de una pesca intensiva a nivel comercial, el cazón fue perdiéndose en la costa bonaerense

 

“Por haber sido hasta hace unos años blanco de una pesca intensiva a nivel comercial, el cazón fue desapareciendo de la costa bonaerense hasta quedar hoy apenas un 20 por ciento de su biomasa original. Y con el escalandrún pasó lo mismo, sólo que en su caso la situación es todavía más grave porque se trata de una de las especies con menor tasa de fecundidad: tiene sólo dos crías cada dos años”, comenta el investigador.

A diferencia de los peces óseos, los tiburones (que son cartilaginosos) “tienen una tasa de crecimiento muy lenta: algunas especies requieren hasta tres años de gestación para parir apenas dos crías”, explica la doctora Mirta García, la directora de la tesis, al explicar que “con esas características reproductivas, los tiburones están más cerca de una ballena que de una corvina”, y por lo tanto “no pueden recibir el mismo tratamiento que el resto de los peces: requieren una protección especial”.

Y el hecho es que “si bien ya no hay pesca comercial dirigida a tiburones en nuestra Provincia; en la pesca variada costera suele salir mucho tiburón; que constituye a su vez una pieza muy codiciada por su aleta en los mercados asiáticos”, comenta la doctora García.

“Pero además está la pesca deportiva, que hoy es la única pesca dirigida al tiburón y tiene un fuerte impacto”, agrega Martín Cuevas, quien por ese motivo resolvió enfocar en ella su proyecto de conservación.

DE TROFEO A PIEZA DEVUELTA

Históricamente una pieza trofeo muy preciada por su mandíbula, el tiburón se encontraba hasta fines de la década pasada en el centro de una absurda paradoja: mientras las poblaciones de algunas especies venían mermando en forma critica año tras año, los principales torneos pesca dirigidos a ellos se realizaban en nuestro país en aguas de una reserva natural.

Consciente de esa contradicción, Martín Cuevas junto a otros biólogos del Museo Argentino de Ciencias Naturales, la Estación Hidrobiológica de Quequén y el Instituto de Biología Marina Almirante Storni comenzaron a impulsar en 2008 un cambio de mentalidad. “Después de lograr que el torneo de San Julián dejara de ser con sacrificio para ser con devolución, decidimos ir un poco más allá proponiendo que se incorporara en los torneos oficiales el marcado científico como una obligación. Así fue que comenzamos a trabajar con algunos guías de pesca y viejos tiburoneros que en algún momento hicieron un `click` y comenzar a devolver los tiburones que pescaban”, cuenta Cuevas al explicar cómo nació el proyecto de marcación.

Lo cierto es que de ser apenas unos pocos los pescadores dispuestos a marcar sus capturas antes de devolverlas al agua hoy suman cerca de un centenar. “La pesca del tiburón está muy vinculada a tradiciones familiares; por eso cuando uno habla con esos pescadores y les explica que, de seguir la tendencia actual, sus nietos no van a ver su vida un tiburón, no dudan en ayudarnos”, explica el investigador.

A fuerza de proponerles a los pescadores que “cambien la mandíbula colgada en el quincho por la experiencia de contribuir a conservar al tiburón”, Cuevas junto a otros colegas suyos han logrado armar la mayor iniciativa científica comunitaria que existe hoy en nuestro país: cuentan con el apoyo de 96 voluntarios que han marcado ya unos trescientos tiburones y van por más.

A fuerza de pedirles a los pescadores que cambien la mandíbula en el quincho por la experiencia de ayudar a proteger al tiburón, han armado la mayor iniciativa científica comunitaria que existe hoy en el país

 

La marcación de tiburones se realiza con una marca llamada “espagueti” que va colocada en la base de su aleta dorsal. Se trata de una varilla de plástico de unos quince centímetros de largo con una punta de lanza que queda trabada bajo la piel sin dañar al animal. Cada una de ellas tiene un código alfanumérico que identifica al ejemplar en vista de una recaptura que permita sacar conclusiones sobre él.

Colocar el espagueti es una maniobra que requiere de cierta habilidad y debe realizarse de a dos. “Después de retirar el anzuelo, hay que poner al animal sobre la cubierta y mientras uno lo sostiene para que no se mueva, el otro lo mide y le coloca la marca con el punzón. Es un procedimiento que no demanda más de cinco minutos pero no deja de ser peligroso, en especial cuando se trata de tiburones grandes y la captura se hizo desde un kayak”, reconoce el investigador.

Junto con el kit de marcas, los voluntarios reciben una planilla con la información básica que deben completar: el número de identificación del espagueti, la especie del animal, su largo total y la fecha y el lugar donde fue capturado, entre otros datos. “Tras cada captura, los pescadores nos suben una foto de la planilla a nuestra página de Facebook”, cuenta el investigador.

Pero además de aplicar marcas, algunos de los voluntarios mejor preparados se ocupan también de extraer una muestra de adn de los ejemplares que capturan a fin de realizar un estudio de filiación. “Para nosotros cada tiburón recapturado vale por más de cien marcados, por toda la información que puede ofrecernos; y ya se han recapturado tres”, reconoce Martín Cuevas, quien espera que esos datos le permitan responder algunos de los interrogantes que persisten entre sus colegas en torno a las conductas del tiburón.

Por lo pronto, sus esfuerzos parecen ya estar dando frutos a otro nivel: cada vez son más los pescadores que ven con malos ojos cuando algunos de ellos se niega a devolver un ejemplar en riesgo de extinción.

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