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La Ciudad

las opciones del transporte publico, en crisis

Condenados al peaje: sin alternativas frente a los aumentos en la Autopista

El incremento se aplicó pese a que desde hace un año y medio no hay tren. La Calchaquí, imposible

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Al diseñador platense Javier Suárez la novedad lo sorprendió el martes pasado en medio de una congestión en la Autopista La Plata-Buenos Aires y le cayó como un baldazo de agua fría: en la radio aseguraron que el peaje que acababa de pagar pocos kilómetros antes, en la cabina de Hudson, le iba a salir “desde mañana” un 33% más. Empezó a hacer cuentas y la angustia se le vino encima: sólo para ganarse el derecho a circular por la traza que une nuestra Ciudad con la capital federal para llegar a diario a su trabajo deberá destinar, a partir de ahora, $2.200 mensuales, entre ida y vuelta. Hizo ese cálculo y, al igual que miles de platenses, se sintió “un rehén de la Autopista”.

Es que dice “no tener opciones”. Tiempo atrás se hizo la misma pregunta que se plantea todo aquel que necesita trasladarse a diario a Buenos Aires: ¿qué medio de transporte resulta más conveniente para hacer el viaje? Y llegó a la misma conclusión que la mayoría: “Ninguno”. Si al final se decantó por viajar todos los días en auto fue porque las otras alternativas le resultaron demasiado engorrosas, y no porque el viaje en la Autopista resulte, precisamente, una experiencia placentera.

Lejos de eso. Los platenses que trabajan en Buenos Aires añoran aquella época -hace una década- en la que llegar a capital federal les demandaba en promedio 40 minutos. Hoy cada viaje es una incertidumbre: congestiones -sobretodo en hora pico- y piquetes suelen convertirse en insalvables obstáculos que le hacen la vida imposible a los desamparados automovilistas. A menudo, lo único que les queda es armarse de paciencia.

Entre demoras y piquetes

Podría suponerse que un automovilista acepta abonar el peaje a cambio de alguna ventaja, sobretodo en rapidez y comodidad. Sin embargo, ir en auto -apuntan- no hace ganar tiempo. Meses atrás en este medio se hizo un cálculo sencillo: “En condiciones normales, una persona que vive en La Plata y trabaja en Buenos Aires debe agregar a su jornada laboral de 8 horas un promedio de 3 horas diarias: el tiempo estimado que le lleva ir y volver a la Capital. Se trata de un total de 60 horas mensuales -720 horas al año-, lo que representa 30 días de “tiempo muerto”. La mayor parte de ese tiempo perdido se pasa sobre la traza de una autopista que, encima, según describen automovilistas, da señales de deterioro que la vuelven insegura.

Baches, desniveles, banquinas deterioradas y pobre señalización forman parte de la batería de las quejas de los usuarios que pagan por circular por esa traza más de lo que -según se ha resaltado- se abona en algunas autopistas de Miami.

Por la Autopista La Plata circulan a diario unos 150.000 vehículos. Para todos ellos, el aumento dispuesto en los peajes representa un golpe al bolsillo que no puede soslayarse: un platense que llegue a su trabajo en capital federal en auto debe gastar unos $3.000 en combustible, $2.200 en peaje (yendo 22 días hábiles en horario pico) y otros $2.000 si encima debe pagar cochera. O sea, no menos de $7.000 mensuales.

Pese a todo, esta semana comenzaron a regir los nuevos valores de las tarifas y el viaje ida y vuelta a Buenos Aires pasó de costar $80 a $100 en el horario pico.

Llovieron críticas por la medida y no era para menos: la suba en torno al 33% llega justo en el momento en que la Ciudad atraviesa el mayor período de su historia sin ferrocarril, mientras que el servicio de micros que lo reemplaza es blanco de toda clase de críticas. El autotransporte de pasajeros que opera los corredores viales La Plata-Buenos Aires también es objeto de cuestionamientos. Los pasajeros consultados coinciden en que el servicio del Costera está colapsado por las “pésimas” prestaciones que brindan los micros de la línea Plaza.

Eso para no hablar del deslucido camino que se recorría cuando no estaba la Autopista (por Centenario hasta el cruce de Alpargatas, de ahí sumergirse a la vieja ruta 36 para luego embarcarse en los desafíos de la avenida Calchaquí), convertido en poco menos que una interminable aventura de riesgo.

Ante ese panorama las reacciones por el aumento de los peajes no se hicieron esperar. Desde distintos sectores le reclamaron tanto a Aubasa (gerenciadora de la traza) como a la secretaría de Servicios Públicos que expliquen cuáles fueron “los fundamentos técnicos y económicos financieros” para decidir los aumentos y cuáles son las obras que se ejecutarán.

Ayer autoridades de Aubasa se reunieron con el Defensor del Pueblo bonaerense, Guido Lorenzino e intentaron esbozar una explicación: señalaron que “está prevista la inauguración de la bajada en La Plata”, y que se están realizando “trabajos de bacheo profundo y repavimentación en el tramo Hudson-La Plata que terminarán en marzo”.

Sin variantes

En tren, micro o auto, surgen problemas de todo tipo para los platenses que tienen que llegar a capital federal.

EL DIA estuvo ayer en la parada de 1 y 43, donde desde temprano los usuarios hacían largas colas para abordar alguno de los micros que reemplazan al tren. Tren ausente en nuestra ciudad desde el 7 de septiembre de 2015, cuando los ramales del Roca fueron cerrados para la electrificación de las vías con la promesa de que “en 90 días” la obra estaría terminada. Los cerca de 9.470 pasajeros que utilizan a diario el tren a Constitución todavía hoy siguen esperando que esa promesa se haga realidad.

En ese servicio el pasaje cuesta lo mismo que el tren ($4 con Sube), pero las condiciones para viajar son, en muchos casos, lastimosas. Sobretodo por las esperas, los trasbordos obligados (en Berazategui) y la incertidumbre de las frecuencias. Una mochila muy pesada. Encima el directo por Autopista entre la parada instalada en 44 y 116 y su análoga porteña de Constitución se canceló a mediados del año pasado y nunca se restableció.

Para abordar los micros, en el horario de mayor demanda, los pasajeros deben formar filas de entre 50 y 100 metros de distancia, lo que puede tomarles una hora. En verano es un calvario. “No nos merecemos pasar por esto”, dijo María Rivera, que trabaja en un comercio porteño.

demoras en los micros

El panorama tampoco es alentador para muchos de los que optan por el servicio público de autotransporte. Costera Metropolitana y Plaza son las líneas que cubren el trayecto. Sobre esta última empresa recae la mayor parte de los cuestionamientos. Por un lado, los pasajeros de la 129 apuntan a la falta de frecuencias, lo que se traduce a diario en interminables demoras, y al pesimo estado de las unidades.

Ayer, por caso, en la Terminal de Ómnibus local había colas de más de media hora, según comprobó este medio. “Para subirme a un micro tengo una espera de por lo menos 40 minutos, y la vuelta es peor”, dijo Ludmila, una joven estudiante que hacía la larga fila. Al regreso, ya hartos de esperar, muchos se resignan a venirse parados en unidades atiborradas. Las quejas también apuntan a la limpieza de los micros, que no se respetan paradas y la recurrentes fallas mecánicas.

un periplo poco placentero

Son pocos los que se atreven a recorrer el viejo camino sin peajes que une ambas capitales. Primero habría que armarse de paciencia para circular por los caminos Belgrano y Centenario. Cuando este último desemboca en el cruce de Alpargatas y se toma por la Ruta 36, el automovilista se topa con una cinta asfáltica deteriorada, llena de desniveles, con sus banquinas completamente ganadas por los pastizales y, en grandes tramos, inutilizables por los pozos que se formaron.

Desde ese punto hasta el conocido barrio Pepsi también es alarmante la falta de alumbrado y cuando se maneja de noche puede tenerse la sensación de estar ingresando “a la boca de un lobo”.

Quienes toman esa arteria con frecuencia también apuntan que es infrecuente ver policías patrullando.

Ya en el cruce a la altura de Bosques es irregular el funcionamiento del semáforo y es habitual que, a raíz de problemas con los servicios -como por ejemplo los ocasionados por los cortes de luz- uno se encuentre con piquetes desde ese lugar hasta la zona conocida como El Ombú, uno de los principales accesos al centro de Florencio Varela.

Luego se desemboca al Cruce Varela, punto en el que confluyen también los vecinos de Berazategui que van al mismo destino.

Ya en la avenida Calchaquí el tránsito es copioso y lento, porque por allí transitan no sólo quienes van desde la Plata y quieren evitar la Autopista, sino también la gente de Florencio Varela, Berazategui, Quilmes, Wilde y Avellaneda, con decenas de líneas de micros suburbanos, camiones y autos particulares.

$2.200

mensuales gastará un platense para trabajar 22 días hábiles en capital federal si va en auto por Autopista en hora pico

$50

sale el peaje de Hudson -sentido La Plata-CABA- en hora pico, que rige de 7 a 10 hs. rumbo a capital y de 17 a 20 hs. de regreso

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