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bodas de diamante

Norma y José María, noviazgo “corto” para un amor de 6 décadas

Se conocieron en marzo de 1956 en Estudiantes y ese año dieron el sí

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José María “Mono” Jiménez y Norma Lucero, celebraron ayer 60 años de pareja. Tienen tres hijos y dos nietos

José María “Mono” Jiménez y Norma Lucero, celebraron ayer 60 años de pareja. Tienen tres hijos y dos nietos (CESAR SANTORO)

A Norma Lucero - 78 - y José María “Mono” Jiménez - a punto de cumplir 84 - les gusta decir que a noviazgos cortos le siguen matrimonios largos y ellos confirman ese refrán popular porque se casaron a los seis meses de que Mono formalizara el pedido de mano y ayer cumplieron 60 años de casados.

“Nos conocimos en marzo de 1956 en Estudiantes, yo iba a nadar y mi esposo jugaba al básquet”, cuenta Norma.

A su lado, el entusiasta esposo asegura que son inevitables los días regulares o malos, pero que el secreto de una unión duradera está en sobrellevarlos juntos. “Yo no puedo vivir sin ella”, susurra en tono de declaración.

Mono, como lo llaman sus conocidos, llegó a La Plata en 1953 para jugar al básquet en Estudiantes y es recordada su participación en el equipo que salió campeón en 1954, 1955 y 1956.

Su esposa afirma que Mono podría escribir un libro. Hijo de actores españoles que trabajaron con Narciso Ibáñez Menta, estuvo en brazos de Carlos Gardel y un día hasta fue a ver a River junto al reconocido bandoneonista Aníbal Troilo. En 1936 vio como se levantaba el Obelisco y hasta conoció la calle Corrientes cuando era angosta. Todo parte de un variado anecdotario que enriquece los días del matrimonio, mientras no dejan de mirar al futuro con diferentes proyectos.

Salvo un año que pasaron en capital federal, la pareja vivió siempre en La Plata y trabajó en Tribunales. A los dos años de casados llegó su primer hijo, Marcelo y luego nacieron Gustavo y Guillermina, que vive en España.

También tienen dos nietos, Magalí - 25 - y Federico - 30 -, que está por convertirlos en bisabuelos.

Los Jiménez no le tienen miedo a las discusiones domésticas porque es un ejercicio que los divierte, más que diferencias de fondo.

Entre sus rutinas está de lunes a sábados ir a tomar café a una confitería de 7 y 49, donde se encuentran con amigos; pasear por capital y una vez al año viajan a Madrid para visitar a su hija. “Somos muy felices, por suerte llegamos a las bodas de Diamante”, dice el esposo.

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