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19.10.2017
Arranca el 13º Festifreak

“Stalker”: ingreso a La Zona de un cine indefinido

El festival de cine independiente comienza con la proyección del clásico de Andréi Tarkovsky

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“Stalker”: ingreso a La Zona de un cine indefinido

Una copia restaurada del clásico soviético “Stalker”, de Andréi Tarkovsky, abre esta noche el Festival Internacional de Cine Independiente de La Plata, en el Pasaje Dardo Rocha - web

“Religioso”. “Poético”. “Trascendental”. Así ha sido descripto el cine de Andréi Tarkovsky, el legendario realizador soviético muerto hace tres décadas pero cuyo lenguaje cinematográfico, que amplio los horizontes gramaticales del séptimo arte, persiste con virulencia hoy en todos los cines, derramándose su influencia incluso en el mainstream de Hollywood.

Tarkovsky odiaba ese cine americano y, en rigor, ese “nuevo lenguaje” que creó, según uno de sus contemporáneos admiradores, Ingmar Bergman, capaz de “capturar la vida como reflejo, como sueño”, estaba en las antípodas del cine comercial: las tomas largas, los silencios, las estructuras narrativas no convencionales y el misticismo que atraviesa toda su obra lo alejaron del cine comercial, pero también del realismo soviético, que llegó a provocar el exilio de uno de sus principales autores.

CINE TRASCENDENTE

Los términos que han usado los críticos para hablar de Tarkovsky señalados al inicio del artículo reflejan esta marginalidad de su cine, este carácter que trasciende palabras y desborda la racionalidad cinematográfica, las convenciones. Rodó siete películas, cada una un clásico, pero “Stalker”, que dará inicio a un nuevo Festifreak esta noche, es considerada su obra maestra, y emblema de esa estética de lo indefinido, de lo innombrable, que también define al festival de cine independiente platense.

“Stalker”, rodada en 1979, lleva a la excelencia el reconocible estilo de Tarkovsky. “Para mí fue extremadamente importante que en esta película el guión mantuviera la unidad de tiempo, espacio y acción, no quería que hubiera ningún salto temporal entre las diversas partes. Pretendía que aquí todo el transcurso del tiempo se pudiera percibir dentro de un solo plano, que el montaje indicara en este caso tan sólo la continuación de los hechos. El plano no debía ser aquí ni una carga temporal ni cumplir la función de una organización del material de cara a la dramaturgia. Quería que todo contribuyera a dar la impresión de haber rodado la película entera en un solo plano”, reveló el propio director sobre el filme.

“Stalker” es el corazón de la obra de Tarkovsky, además, porque allí su estética se vuelve tema con enorme potencia: lo indefinido (lo indefinible, lo místico) que busca su arte, la búsqueda por trascender, se encarna en la misteriosa Zona, eje de la trama de la cinta

Y agregó que “este método tan sencillo, casi ascético, me parecía que encerraba grandes posibilidades. Quería presentar la posibilidad que tiene el cine de observar la vida casi sin lesionar visible y gravemente el curso real de esta. Para mí, es ahí donde radica la naturaleza verdaderamente poética del cine como arte”.

Pero “Stalker” es el corazón de la obra de Tarkovsky, además, porque allí su estética se vuelve tema con enorme potencia: lo indefinido (lo indefinible, lo místico) que busca su arte, la búsqueda por trascender, se encarna en La Zona, eje de la trama de la cinta basada muy libremente en la novela de ciencia ficción “Roadside Picnic”, de Boris and Arkady Strugatsky.

En esa misteriosa Zona, hace algunos años se estrelló un meteorito. El acceso a este lugar está prohibido terminantemente por un país a todas luces gris (está filmado en blanco y negro), pero los “stalkers” se dedican a guiar a quienes se atreven a aventurarse en este inquietante paraje: el paisaje de La Zona es capaz de modificarse y engañar al visitante, pero no son pocos los que buscan llegar al corazón del lugar, donde se cumplen todos los deseos.

¿ALEGORIA DE QUE?

La Zona es una alegoría infinita, una ballena blanca que ha sido leída como un lugar donde el hombre encuentra la armonía perdida, tema central en todas las religiones, o símbolo de esa persecución eterna y sufrida de los artistas en busca de un halo de verdad, de un momento donde “el tiempo se detiene”, según palabras del propio artesano del cine ruso. “El misterio del arte”.

O de manera más literal y biográfica, como una metáfora de la zona de exclusión de Chernobyl, o de las condiciones de producción bajo el régimen soviético: “Stalker” fue, de hecho, la última cinta que rodó Tarkovsky en la Unión Soviética antes de partir agotado de la intrusión de los censores en su siguiente proyecto, pero, recuerda su hermana, Andréi no encontró la libertad artística que buscaba en Occidente, donde el dinero era un obstáculo tan intrusivo como la ideología.

Pero La Zona es nada, o todo lo que quiera el espectador (como el corazón de La Zona del filme). El significante es vacío, el significado abierto. Las certezas se disipan, como en tan poco cine hoy, en el thriller psicológico que abrirá esta noche, en copia restaurada, la 13° edición del Festifreak, en el Pasaje Dardo Rocha, desde las 19.

 

 

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