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27.3.2017
MIRADAS

Mi nombre es Refugiado

El libro de la italiana criada en La Plata Irene L. Savio, habla sobre el conflicto de los refugiados en Europa, pero también sobre la miseria y la desesperación humana

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1.

Huimos de una realidad que nos quema la espalda. Si miramos hacia atrás vemos humo y legiones de huesos y hasta puede que también veamos una parte de nuestra vida que se deshace en jirones de carne y sangre.

La tierra late.

La tierra expulsa.

No queda más seguridad que subir a esa embarcación para cruzar un mar de tiburones hambrientos que son menos peligrosos que lo que dejamos sobre suelo firme. Preferimos la inestabilidad de las tormentas y las mareas y el oleaje, antes que los escombros y las esquirlas.

No queda más que subir ahí.

Subimos los que podemos.

Se escuchan varios tiros.

Nos alejamos de ellos.

Dejamos todo atrás.

Buscamos un mundo un poco menos peor.

2.

Irene Savio nació en Italia pero se crió en La Plata. La conozco la noche de su fiesta de egresados, en Metrópolis. Bailo con ella. Nos hablamos cerca. En ese ahora me dice que se vuelve a Italia para estudiar en una universidad. Todavía no es el 2001, pero algunos ya empiezan a huir de este incendio que se ve en el horizonte de nuestra realidad.

3.

Hace unos años la veo como recomendación de amigo de Facebook. La agrego y me entero que está viviendo en Italia y que trabaja como periodista, relacionada con temas de migración y derechos humanos. Colabora con varios medios de diferentes países y viaja de acá para allá cubriendo Cubre conflictos en Ucrania y Siria, la debacle socioeconómica en Grecia, el fracasado referéndum sobre la independencia de Escocia, la dramática crisis migratoria en los Balcanes e Italia y el viaje del papa Francisco —viajando a bordo del avión papal— en Cuba y México. También entrevista a varios presidentes y primeros ministros. Hace un mes atrás veo que publica una portada de su libro: Mi nombre es Refugiado. Crónica de un exilio.

Y entonces le escribo para hacerle esta nota.

4.

“Como Leticia Álvarez Reguera, la coautora del libro, trabajé más cinco años en los Balcanes, cubriendo ese inestable y atormentado territorio; así cuando explotó la crisis de los refugiados, decidimos volcarnos en contar también esa historia. Lo hicimos para los medios para los que trabajamos desde hacía años —ella, para canales de televisión y radio, yo, para diarios— de España y Latinoamérica. Sin embargo, al principio no imaginábamos que eso se transformaría en uno de los mayores éxodos a Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Fue sólo después de meses de estar cubriendo estas noticias que tomamos la decisión de escribir el libro periodístico, con un lenguaje sencillo, para trasmitir al mayor número de personas, las terribles vivencias de esos desplazados que pasaron por la ruta de los Balcanes. Pero no solamente de ellos. Tanto que en el libro también hay otras historias, de traficantes, de policías, de médicos e incluso de antiguos refugiados de las guerras balcánicas de los 90. Algunos tienen finales felices, otros no”.

5.

“Asistir al paso fronterizo de 10.000 personas en el mismo día, ver a embarazadas y niños recorrer a pie kilómetros y kilómetros, escuchar el relato de una adolescente que huyó del Estado Islámico después de que la secuestraran y la convirtieran en una esclava sexual, o escuchar a un joven que fue torturado en su país y que cree que nunca más va a poder volver a su tierra. Este alud de vivencias te afecta y mucho, te hace sentir vergüenza ajena e impotencia. Así y todo, considero importante no cruzar esa frágil línea que existe entre periodismo y activismo”.

6.

“Aunque en 2016 las llegadas de migrantes a la Unión Europea cayeron en un 72%, es cierto que una ruta particularmente activa es la de Libia a través del Mediterráneo, que usan muchos africanos para entrar en Italia y que es cada vez más mortífera. Tanto que el número de personas que fallecieron aumentó un 38% en el mismo periodo. Además de ello, también hay personas que siguen pasando por los Balcanes. Son menos, claro está, desde que se firmó el controvertido acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, pero hay. Y este invierno está siendo muy duro en ciudades como Belgrado, en Serbia, donde las temperaturas están bajo cero desde hace semanas.

El futuro lo veo mal. El 2017 es un año electoral para muchos países europeos y ya en estas semanas algunos Gobiernos europeos han manifestado la intención de aumentar las deportaciones y firmar acuerdos con países del norte de África para frenar las llegadas. También los atentados yihadistas han tenido nefastas repercusiones en el sentir de la gente, lo que ha creado un clima de temor hacia los migrantes. Y otro problema es también que hay muchos estados, en particular los del Este de Europa, que siguen negándose a acoger a los migrantes y refugiados y están dejando todo el peso de la crisis en los otros. Se trata de una actitud que evidencia falta de cohesión dentro de la UE, así como falta de empatía y de sentido común. Por el contrario, lo que se debería hacer es abrir corredores humanitarios para que las personas con el perfil exitoso de candidato a refugiado lleguen de manera regular. Sería un acto coherente con los principios fundadores de la Unión Europea. Dicho esto, considero esta crisis concierne a todo el mundo y que todos los países que están en condiciones deberían dar una contribución”.

7.

“Es difícil hacer pronósticos. La presión migratoria sobre Europa es muy impresionante y la gente, en cierto sentido, está harta. Pero también es cierto que en muchos países, como Grecia e Italia, hay muchos que siguen dando increíbles muestras de solidaridad. Y otros que poco a poco se están acostumbrado. Acoger a personas que huyen de violencias y conflictos no es fácil. Requiere de programas de integración bien estudiados y planificados, cursos de idioma, cursos para que los llegados entiendan la cultura del país al que llegan… Pero, con el paso del tiempo, los países que han ayudado a los refugiados serán recompensados. Y no lo digo yo, lo dice el Fondo Monetario Internacional que estimó que, gracias a estas personas, el PIB de Alemania, Austria y Suecia crecerá un promedio de un 1.1% a partir de 2020”.

8.

“Hungría fue el país más insensato ante esta crisis. Tomó medidas xenófobas y dejó que las riñas políticas nacionales prevaleciesen en todo momento sobre la solidaridad que se merece quien escapa de un conflicto. Los refugiados tuvieron que recorrer kilómetros y kilómetros a pie, cruzar ríos y hasta saltar alambres, todo como si estuviéramos en la Edad Media.”

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