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24.7.2017

Con el poder de Boca muy cerca

Por EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES

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Con el poder de Boca muy cerca

Julio Grondona se jactaba de recordar siempre que, ya presidente de la AFA en 1979, él dejó a un lado la camiseta de su club, Independiente. Y, para reforzar su supuesto neutralismo, decía también que el presidente de la AFA jamás podía venir de Boca o de River. En realidad, él mismo jugó para Boca y River cuando le convino. Y jugó también para los más chicos si los vientos cambiaban de dirección. Así, equilibrista eterno, Grondona, sabemos, sobrevivió treinta y cinco años en el trono. Ni Luis Segura, su sucesor inmediato, ni la Comisión Normalizadora quedarán en el recuerdo de la historia. Habrá que ver si lo hace Claudio “Chiqui” Tapia. El hombre de Barracas Central asumirá dentro de ocho días como nuevo presidente de la AFA impulsado por los clubes del Ascenso, pero con el poder de Boca demasiado cerca. Esa cercanía será uno de los principales desafíos de su gestión.

De Boca es el presidente de la Nación, Mauricio Macri que, según coinciden diversas crónicas, en medio de las huelgas docentes, se tomó tiempo para hablar con su amigo Alejandro Domínguez, presidente paraguayo de la Conmebol. Aseguró que no surjan impedimentos éticos para que Tapia sea designado el 29 de marzo nuevo presidente de la AFA. De Boca también es Daniel Angelici, que será su viceprimero, acaso el poder en las sombras de la nueva AFA, como dicen muchos. Angelici es hombre del poder político y del poder de la pelota. Con influencias en todos lados, según lo denuncia Lilita Carrió y los libros que hablan de su poder. Los audios filtrados semanas atrás desnudaron que esas influencias son efectivamente poderosas dentro del fútbol. Allí se lo escucha hablando poco pero directo. Ordenando y resolviendo problemas. Verdadero patrón. Sus interlocutores eran Segura primero y Fernando Mitjans después, el presidente de la AFA que ya no está y el titular del Tribunal de Disciplina que sí sigue estando, como si esos audios hubiesen sido tragados por la tierra. Como si nadie hubiese escuchado nada.

Macri, Angelici y Mitjans son de Boca como también lo es el propio Tapia. Allí está su platea en la Bombonera, sus fotos con Fernando Gago, con Guillermo Barros Schelotto y su presencia en el casamiento de Carlos Tevez. El “Chiqui” llega desde Barracas Central e impulsado por Hugo Moyano, el líder sindical presidente de Independiente y suegro calificado. Como Grondona, Tapia prefiere respuestas casi monosilábicas, comenzó en el fútbol como jugador (era número 9) y fue entrenador, se inició en un club chico, es católico devoto (cada vez que vuelve a su San Juan natal visita el santuario de la Difunta Correa en Vallecito) y tiene mucha calle. Comenzó a tenerla acaso con su primer oficio en Buenos Aires. Barrendero de Manliba, vaya ironía empresa del Grupo Macri. Al gobierno, se sabe, le hubiese gustado imponer otro candidato en la AFA, algo más parecido a los tantos CEOS de su gabinete. Pero el fútbol tiene sus propias leyes. Y Macri tuvo que aceptar a Tapia como “mal menor”, que sirviera de freno al ascenso de Marcelo Tinelli. Tapia ya se puso el traje de presidente en el momento más caliente de la huelga de jugadores. El hombre de historia sindical no dudó en “apretar” a los jugadores al lado de Javier Medín, el miembro más afín a Macri en la Comisión Normalizadora.

A tres días de un partido decisivo ante Chile, el fútbol argentino también tendrá caras y estructuras nuevas. Habrá TV de pago y habrá Super Liga. Habrá más dinero y habrá también una puja acaso inevitable de poderes con el otro grupo que estará a cargo de la Super Liga y de la selección y que tendrá el rostro visible de Tinelli y la presencia de River con Rodolfo D’Onofrio...

Como en tiempos de Grondona, el fútbol hace alianza con el poder político y mediático. La nueva AFA, a medida del gobierno, aprobó que la nueva televisación de los nuevos campeonatos volverá a la órbita de la vieja socia. Al poder permanente. Pertenecer, se sabe, tiene sus privilegios. Evita inspecciones inoportunas, allanamientos judiciales inesperados e investigaciones periodísticas de turno. El fútbol mundial ha elegido tiempos distintos. Allí está, sino, Gianni Infantino como nuevo presidente de la FIFA, el esloveno Alex Ceferin en la UEFA y Alejandro Domínguez (eso sí, siempre paraguayo) en la Conmebol. Días atrás, también Africa cambió de cara. Cayó después de veintinueve años el camerunés Issa Hayatou. Ganó las elecciones Ahmad Ahmad, un dirigente de Madagascar, algo así como el Barracas Central de la AFA. Uno de sus principales operadores fue un dirigente de Liberia acusado de haberse quedado con dineros que le había girado la FIFA con fines humanitarios por la crisis del Ebola. La FIFA no opuso reparos éticos. Ahmad es un triunfo de Infantino. A veces, las caras son nuevas. Pero los problemas son los mismos.

A tres días de un partido decisivo ante Chile, el fútbol argentino también tendrá caras y estructuras nuevas. Habrá TV de pago y habrá Super Liga. Habrá más dinero y habrá también una puja acaso inevitable de poderes con el otro grupo que estará a cargo de la Super Liga y de la selección y que tendrá el rostro visible de Tinelli y la presencia de River. Rodolfo D’Onofrio sabe que esa puja será con una AFA muy azul y oro, colores de un Boca que precisa volver a ganar, volver a la Libertadores. En el supuesto medio, en el trono, estará sentado el “Chiqui” Tapia, el dirigente que ya tiene estadio que, por decisión y agradecimiento de los socios de Barracas Central, lleva su propio nombre. Como lo tenía Grondona.

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