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22.7.2017
Un fenomeno que se expande en busqueda de bienestar

“Hygge”, la receta danesa para hallar la felicidad que suma cultores en el mundo

La revalorización de las cosas simples vive su auge. Especialistas explican el fenómeno

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“Hygge”, la receta danesa para hallar la felicidad que suma cultores en el mundo

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Dicen que la felicidad no existe como tal, sino que se trata de saber disfrutar de los buenos momentos. Al parecer los daneses saben cómo hacerlo y comparten su secreto. Soportar inviernos duros y largos, que suponen muchas horas de encierro y sólo cuatro horas de sol al día, no les significa un impedimento para encabezar los ranking mundiales de los países más felices que realiza la ONU cada año. La clave estaría en el concepto “Hygge”: una filosofía de vida que hoy es furor en varios países del globo.

En Dinamarca se pagan impuestos muy altos: pueden alcanzar la mitad del salario de sus ciudadanos. A cambio tienen licencias por maternidad de hasta un año y por paternidad de varios meses, aporte estatal por hijo hasta los 18 años, universidad gratuita, créditos sin interés y ayuda para alquilar viviendas, entre otros beneficios. Pero actualmente es el “Hygge”, arraigado a su cultura, lo que atrae las miradas del mundo.

¿En que consiste?

Se trata de una filosofía de vida que los invita a disfrutar de las pequeñas cosas y a ser más compasivo con uno mismo.

El término viene de una palabra noruega que significa “bienestar”, pero no existe una traducción exacta en el castellano. En el siglo XIX por primera vez fue escrita en danés y desde entonces fue evolucionando y arraigándose a la cultura como una forma de encarar los días. El objetivo: sentirse más felices.

“Para muchos daneses, el hygge es una meta, una especie de brújula que nos conduce hacia los pequeños momentos que no se compran con dinero, sino descubriendo la magia en la normalidad”

Se pronuncia “hu-ga” y se lo suele traducir como “acogedor”, pero significa mucho más que eso: “Para muchos daneses, el hygge es una meta, una especie de brújula que nos conduce hacia los pequeños momentos que no se compran con dinero, sino descubriendo la magia en la normalidad”, dice la actriz danesa Tourell Soderberg, autora del libro “Hygge, la receta de la felicidad. Cómo disfrutar más con lo que ya tenemos”.

Darse gustos, relajarse, disfrutar de un buen libro, de una copa de vino frente a una chimenea, de una reunión con amigos o de un rico plato de comida, eso es el hygge.

Si bien no hay nada revelador en el concepto, durante 2016 la palabra “Hygge” tuvo un promedio mensual de 74 mil búsquedas en internet. Y el año pasado el diario español El País ofrecía a sus lectores una serie de pasos para incorporarlo a sus vidas, como crear ambientes agradables y abrir la casa a los demás, entre otros tips.

En Estados Unidos una empresa de textiles y papel tapiz se llama “Hygge West”: con sus alegres diseños pretenden canalizar el concepto danés. También panaderías y restoranes estadounidenses se hicieron eco del término para asociar sus locales a un aire íntimo y de disfrute.

Estos datos, en relación con el creciente impulso que fueron tomando terapias como el mindfulness y otras que también apuntan a mejorar la calidad de vida, muestran que la búsqueda de bienestar cada vez más apunta en esa dirección.

La socióloga Lucrecia Arceguet lo explica en función de un “desencanto de la modernidad” y de la idea de acceder a la felicidad a través del consumo.

“La Revolución Industrial provocó cambios radicales en el mundo. Nació el capitalismo y la edad moderna. De a poco los hombres se dieron cuenta de que la situación de asalariados les permitía una nueva vida de consumo y empezaron a programar sus compras”, dice Arceguet, y sigue: “Entramos en la era del consumismo exacerbado, que llegó al límite en nuestra época. La modernidad nos enseñó que la felicidad se logra consumiendo bienes”.

Según la OMS, unas 322 millones de personas padecen depresión en el mundo. Y entre 2005 y 2015 los casos aumentaron un 18.4 por ciento convirtiéndose en el mayor causal de discapacidad.

En términos del organismo, “la depresión es un trastorno mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”.

En el mundo hay un suicidio cada cuatro segundos. Estiman que en los países desarrollados casi la mitad de los depresivos no están diagnosticados ni reciben tratamiento, la cifra ascendería a entre el 80 y el 90 por ciento en las naciones menos desarrolladas.

Unas 322 millones de personas padecen depresión en el mundo. Entre 2005 y 2015 los casos aumentaron un 18.4 por ciento convirtiéndose en el mayor causal de discapacidad

El tema preocupa cada vez más. Este año en Miami se celebró la Primera Cumbre de Felicidad, que convocó a diversos escritores, investigadores, neurólogos y líderes espirituales. Se habló del Happy20 (H20) en referencia a los países más felices y en irónica alusión al G20, que apunta a los más grandes y poderosos.

“Tenemos que revertir la fórmula para la felicidad y el éxito. La mayoría piensa que si trabaja más será más exitosa, y como consecuencia, más feliz. Está científicamente comprobado que es al revés”, explicó Shawn Achor, autor de tres best sellers y premiado varias veces por la Universidad de Harvard por sus estudios sobre psicología positiva.

Arceguet recuerda a autores posmodernos como Walter Benjamin y Lyotar, que ya se mostraban críticos con la idea de progreso ininterrumpido y de que la felicidad se logra con el consumo material. “Hablan de un ‘desencanto de la modernidad’ porque que no se ha logrado la satisfacción prometida”, dice la socióloga, y bajo este marco explica que millones de personas en el mundo se encuentren en la búsqueda de herramientas (terapias alternativas, filosofías de vida, grupo de pertenencia) que los ayude a sentirse bien: “Si el hombre no es feliz con lo que tiene ni con el consumo, ¿dónde encuentra el bienestar? Tal vez en volver a valorar las cosas simples, cosas que pasó de largo en su carrera al éxito y que están al alcance de la mano”.

Sin embargo, los países que año a año encabezan los rankings de felicidad son desarrollados y tienen un PBI elevado (Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza, Finlandia, Holanda), lo que lleva a pensar que la economía influye en la sensación de bienestar. En este sentido, el economista Richard Layard, coeditor del World Happines Report y autor de “La Felicidad. Lecciones de una nueva ciencia”, sostuvo que es indispensable tener cubiertas la necesidades básicas para ser feliz, pero una vez superada esa instancia es necesario darle más importancia a las relaciones interpersonales.

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