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20.11.2017

La comunicación en la cama es clave para ser la pareja ideal

Consejos para fulminar el pudor y el miedo con el objetivo de mantener una relación abierta y placentera

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La comunicación en la cama es clave para ser la pareja ideal

¿Por qué nos resulta tan difícil charlar sobre lo que sucede en la cama, sobre todo con quien la compartimos?


Los especialistas nos dan las claves para fulminar el pudor, el miedo al rechazo o la falta de costumbre a la hora de abordar el tema con nuestra pareja. Porque una cosa está clara: sin seso no hay sexo.


Vivimos un momento de enorme apertura: las nuevas parejas abordan sin mayor problema que conceptos tan rupturistas como “poliamor” o “pareja abierta”, tríos o tendencias como el slow sex, el BDSM (o al estilo light de “Cincuenta sombras de Grey”) o el intercambio de parejas.


El catálogo de lo que ya no se considera socialmente una perversión es tal que parece difícil que el pacto sexual que se firma en el inicio de una relación pueda mantenerse inamovible en el tiempo sin ser abordado en una conversación franca que permita su evolución o su revolución.


Según revelan estudios, las mujeres fantasean con la bisexualidad (38%) o el bondage (24,3%), mientras que los hombres sueñan con un trío (40%). Así lo decía un estudio de AlterNet. Pero, ¿hablamos de estos deseos con nuestras parejas? La estadística es confusa. Unas encuestas aseguran que la satisfacción sexual alcanza a un 80% de las parejas y que un 47% de ellas habla con su compañero o compañera cuando quiere impulsar su vida sexual, según el Informe Durex de Bienestar Sexual.


Sin embargo, otras mantienen que un 82% piensa que sus relaciones íntimas podrían mejorar y que sólo el 17% habla de sexo, aunque más con sus amistades que con su pareja. En tanto, un informe de la farmacéutica Pfizer señala como prueba de la incomunicación de las parejas que, de los aproximadamente 3,5 millones de personas con problemas de disfunción eréctil, solo un 10% consulta al especialista, una cifra impensable en cualquier otra patología.


AMANTES


El buen amante es el que se sabe comunicar, decir lo que desea y, sobre todo, escuchar. También da que pensar que 4 de cada 10 mujeres sigan manifestando problemas para llegar al orgasmo, según da cuenta un estudio europeo del Institut français d´opinion publique y que un 22,5% confiese que no llega jamás.


Un estudio de una famosa tienda erótica expresaba una significativa paradoja: mientras que un 30% de las encuestadas admitía alcanzar siempre el clímax, un 79% de los encuestados afirmaba que su pareja siempre conseguía llegar al orgasmo. Pongamos por tanto en cuarentena tanto la comunicación como la satisfacción de las parejas.


¿Qué podemos hacer para componer esta situación? ¿Cómo podemos comenzar a hablar cuando el tema nos parece tan delicado? Veamos las estrategias que las expertas en sexología y psicología enseñan en los talleres y consultas, algunas de las claves que pueden convertir un duro trago sin final feliz en el principio de la solución de nuestra escasa, pobre o aburrida vida sexual.


Convencerse


Las expertas están de acuerdo: es importante empezar por uno  mismo, por convencerse de que sin comunicación no hay relación íntima posible. “Pensamos que el hecho de ser buenos amantes depende de tener técnicas o saber mucho de anatomía, y nos sorprendemos descubriendo que el buen amante es el que se sabe comunicar bien, sabe decir lo que desea, sabe preguntar y escuchar”, explica una sexóloga experta de “Sexperimentando”, según el sitio Mujerhoy.
La profesional afirma que incide en lo erróneo que es callarse cuando algo no funciona como nos gustaría: “A veces, por cuidar al otro nos estamos descuidando a nosotros mismos. Por ejemplo, si no decimos que nos gustaría que nos acariciara de una manera distinta. No comunicar por no hacer daño es un tema de ego: tenemos miedo a que, debido a nuestra demanda, nos rechacen o abandonen”.


No obsesionarse con los objetivos


Muchas personas no saben lo que tienen o quieren, sólo que se encuentran mal. Es algo que debería ser discutido tranquilamente en pareja, aunque parezca que no hay un objetivo concreto. También se matiza la presunción de que hay que llevar demandas muy claras a las conversaciones sexuales. Es bueno tener las cosas claras para poder comunicarlas, pero a veces, si no las tenemos tan claras, también podemos comunicar que no las tenemos claras. Autoconocerse no es siempre saber, sino también saber que no sabes lo que quieres o lo que te pasa.


Claves para afrontar esa conversacion


Escoger el momento adecuado: aunque el momento y el lugar puedan parecer factores secundarios cuando se trata de poner un asunto sexual sobre la mesa, no lo es en absoluto. Las expertas no sólo recomiendan esperar a que nuestro interlocutor esté de buen humor, sino valorar detenidamente el lugar que puede ser más propicio para la charla. ¿En una cena? No podrá escapar. ¿Entre las sábanas? Ahí las defensas pueden estar más bajas. Si el asunto es grave, mejor en un entorno neutro, que no esté dominado por uno ni por otro. Muchas parejas no se dan cuenta, pero suelen hablar las cosas o discutir en los mismos sitios. Lo mejor es descentrar el escenario y, por ejemplo, meterse en el baño para hablar del tema. Y a ver qué pasa.


Un lugar recurrente para las conversaciones eróticas son los sex-shops. Suele ser un buen lugar para tratar estos temas porque crea un espacio favorable a las preguntas. Van muchas parejas porque los ha derivado su terapeuta. Cuando les explican cómo se usan los juguetes se ven miradas de complicidad. Y si los dejan un rato a solas, se ríen y, a veces, se animan a llevarse algo que no se habían planteado utilizar.


Evitar los juicios: en ocasiones retrasamos tanto las conversaciones sexuales, que, cuando surgen, se explicitan en forma de reproches. Es un error, porque el objetivo no es hacerse oír, sino solucionar el problema. Hay que ser asertivo, hablar desde las propias percepciones utilizando siempre el yo y sin imponerse. Es importante no generalizar, sino referirse a las cosas de forma concreta, y hacer una introducción al asunto que se vaya a tratar.
Ejercer el control emocional: es imprescindible conocer ciertas técnicas de control emocional a la hora de abordar asuntos sexuales, porque si no puedo manejar mis emociones, al final estallaré, explican los especialistas, que también hacen hincapié en una comunicación directa, explícita, pero respetando el ritmo de cada uno. Todos tienen sus tabúes y vergüenzas y hay personas que pueden abrumarse. Hay que regular lo que decimos y cómo lo decimos, lo que necesitamos contar y lo que la otra persona puede escuchar. Tiene que haber cuidado mutuo. ¿Qué hacemos cuando nuestro interlocutor nos rehuye o no responde? Lo mejor es darle espacio. Hay personas que no pueden responder inmediatamente, que necesitan pensar. Es bueno dejarlos tranquilos, y retomar la conversación más tarde.


No confundir deseos con necesidades: no es fácil distinguirlos, sobre todo en una sociedad en la que los deseos son tan imperiosos como para causar frustración insalvables. Por eso muchas veces los confundimos. Sin embargo, no es lo mismo que me digan que no a un deseo que a una necesidad. Si tu pareja dice que no a una necesidad, eso es que no la has elegido bien. No es lo mismo encajar una pequeña frustración que vivir sin una fuente directa de realización, bienestar o felicidad, aseguran los expertos.


Derrumbar el mito del amor telépata: Lo nocivo del amor romántico no son las cenas a la luz de las velas, sino la creencia que supone que los amantes sienten, quieren y piensan igual, de forma que las cosas importantes no se explicitan, sino que quedan a la libre interpretación de cada uno. Muchas parejas dan por hecho que uno debe saber lo que el otro quiere, siente o piensa, pero es imposible. Cada persona es un mundo y comunicarse es básico, porque todo lo que dejemos a la interpretación ofrece espacio al conflicto.


Utilizar el contexto


Vivimos rodeados de estímulos sexuales: ¿por qué no utilizarlos a nuestro favor? Eso sí: siempre que sea posible, con sentido del humor. Puestos a imitar los híperprofesionales streap teases de películas como Magic Mike, mejor hacerlo entre risas y convertir la situación en un juego con final feliz.
Podemos orquestar una sesión de tele que termine en una calculadísima conversación sobre sexo: por ejemplo, con la serie “Masters of Sex”, sobre los hallazgos de la pareja Masters y Johnson; o con las películas “Y tú mamá también”, de Alfonso Cuarón, o “Carrington”, la biografía de la pintora Dora Carrington interpretada por Emma Thompson. Son estupendos para introducir temas difíciles. Recurrir al contexto es la mejor herramienta para convertir cualquier cuestión en un asunto casual, puntual: ¿Y si probamos eso? ¿Qué te parecería...?.


Permitirse la audacia: atrevámonos a pedir, a probar fantasías, a jugar. Solo a través de la prueba y el error terminamos de quitarle hierro a este asunto de la negociación erótico-sexual. Cada miembro de la pareja tiene que ser consciente de que tiene derecho a disfrutar y a pedir, de la misma manera que el otro tiene derecho a decir que no. No pedimos porque nos da vergüenza que nos juzguen, porque tememos el no y, en el peor de los casos, porque no nos sentimos merecedores. Pero una vez que interiorizamos que el otro tiene derecho a negarse a todo y a proponerte de todo, la relación se relaja. Eso es algo que hay que trabajar, porque si yo no sé decir no, tampoco aceptaré un no por respuesta.


Un matiz a tener en cuenta para evitar posibles agresiones dentro o fuera de la pareja: un juego clásico para ensanchar los límites de lo rutinario es el del rey o la reina, en donde durante un tiempo, uno sugiere y el otro complace. Pero si alguna petición recibe un “no”, cambian los papeles. También se puede apostar por un juego. En un frasco, los miembros de la pareja introducen 10 papeles con otras tantas fantasías. Se elige un día a la semana para sacar un papelito y, a partir de ahí, se abre la negociación. El juego busca aumentar la creatividad, pero también estimular la comunicación.
Con todos estos consejos, ahora sólo queda probarlos. Sólo es cuestión de animarse... 

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