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Opinión |EDITORIAL

Llegó la hora de ponerle freno a la ola delictiva que azota a la Región

21 de Mayo de 2017 | 03:51
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Hace pocos días le tocó a una familia de La Loma, cuyo domicilio fue víctima de una violenta entradera. Tres delincuentes armados ingresaron a la vivienda, golpearon con ferocidad al dueño de casa, le gatillaron varias veces y, afortunadamente, el arma falló o no estaba cargada. Una de las mujeres de la familia se descompensó y debió ser internada de urgencia en el hospital San Martín. La inseguridad recorre las calles de La Plata todos los días y elige víctimas a su arbitrio. Está claro que parece llegada la hora de ponerle freno a esta ola delictiva.

Un informe publicado ayer en este diario dejó establecido que desde el 2 de febrero pasado hubo veinte personas muertas por hechos delictivos en La Plata. Siete de esas veinte murieron como resultado de atracos, robos u otros delitos y tres de esas víctimas perdieron sus vidas en las últimas tres semanas. De las veinte personas fallecidas, cinco de ellas fueron los autores de esos delitos. La impresión que se generaliza en muchos vecinos es que toda la Ciudad, sin excepción, se ha convertido en una suerte de zona liberada .

La ola delictiva no repara en nada ni en nadie. Personas mayores, mujeres o niños de corta edad son tratados con inexplicable e inconcebible violencia. Operan bandas aquí y allá, que apelan a la modalidad del secuestro exprés para obtener dinero. Muchas familias reciben llamados telefónicos intimidantes, en donde se les intenta informar que tienen retenido a uno de sus integrantes y exigen dinero para liberarlos. A su vez, varias escuelas e iglesias fueron víctimas de ataques vandálicos en los últimos meses, en episodios demostrativos, también, de la presencia de una manifiesta irracionalidad. Como agravante no puede dejar de mencionarse la creciente presencia de la droga en la sociedad.

Lo cierto es que la violencia con que se cometen en la actualidad muchos de los robos y asaltos a mano armada en nuestra zona –en episodios en los que, a pesar de que las víctimas no ofrecen resistencia, los delincuentes no trepidan en dispararles o agredirlos gravemente-, explica y justifica los reiterados reclamos de la población para que las autoridades encuentren mecanismos eficaces de prevención y castigo, capaces de disuadir a una delincuencia que se está mostrando cada vez más activa.

Lamentablemente, pareciera que la ola de robos y asaltos ha recrudecido en las últimas jornadas, tanto como las cuotas de violencia que aplican los delincuentes

No se está frente a una situación novedosa, aunque sí merecería una atención especial por parte de los poderes públicos, en la medida en que los hechos delictivos se vienen reiterando día a día y han terminado por crear un más que justificado clima de temor en la sociedad.

Sea como sea, la necesidad de que se refuercen los patrullajes, de que se destine más personal para la vigilancia y prevención callejera, forman parte de los requerimientos planteados por los vecinos. Nadie duda que la ola delictiva altera la tranquilidad de los vecindarios, convertidos muchas veces en escenarios peligrosos para quienes los habitan. En muchos barrios se percibe que la ola de robos resulta irrefrenable, en situaciones que, además, se caracterizan por la extrema violencia con que actúan los delincuentes.

Se ha dicho en esta columna que la experiencia ha venido demostrando que la cooperación y el compromiso vecinales son una valiosa contribución y que, en no pocas oportunidades, a partir de esos aportes pueden hallarse nuevas y muy eficaces alternativas. Pero nadie podría poner en duda, por supuesto, que es el Estado el que debe brindar -sin apartarse, en ningún momento, de los márgenes de la legalidad- el servicio de prevención y de acción policial contra el delito. Lamentablemente, pareciera que la ola de robos y asaltos ha recrudecido en las últimas jornadas, tanto como las cuotas de violencia que aplican los delincuentes.

Frente a ese fenómeno, es de esperar que no sólo la policía sino la justicia -y también la más atinada legislación- acudan a resolver un problema que, como el del delito, es complejo y debe ser abordado en su integridad, sin soslayar ninguna de las causas que lo originan.

 

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