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26.6.2017
EDITORIAL

El proceso electoral no debe ser excusa para el caos de grafitis y pegatinas de afiches

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Las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias que se realizarán el 13 de agosto próximo motivaron, en estas jornadas, que en la órbita nacional se anuncie la realización del sorteo público de espacios en los distintos medios de información para la publicidad electoral, según se informó desde el ministerio del Interior, en una compulsa a realizarse el 7 de julio que incluirá a todas las agrupaciones políticas que hayan oficializado listas para competir en esos comicios.

Lamentablemente, como suele ser de rutina en los sucesivos procesos electorales, no existen -o si existen, no se hacen cumplir- reglamentaciones que impidan el habitual caos de las pegatinas callejeras de afiches, pasacalles instalados a profusión, leyendas pintadas sobre los frentes, en las alcantarillas, postes o cordones de las veredas, conteniendo los nombres de los candidatos o algunas de sus propuestas.

Como si no bastara con la habitual profusión de grafitis que puede advertirse en todo momento, con la llegada de los procesos eleccionarios se suele sumar el virtual tapizado de los edificios públicos y viviendas particulares, de monumentos y de todo espacio disponible en el paisaje urbano, hasta configurarse un caso de extrema contaminación visual. Esa verdadera tendencia sin freno incide no sólo en desmerecer los principios estéticos y de limpieza que toda ciudad debe resguardar, sino que, en algunos casos, se han visto afiches cubriendo equipos de infraestructura de servicios públicos, creándose inclusive situaciones de riesgo para las personas, tal como ha ocurrido en distintas ocasiones.

Lo cierto es que desde hace mucho tiempo, nuestra ciudad asiste indefensa a las verdaderas pujas competitivas que se desatan en materia de pegatinas y pintadas electorales, en la que no sólo han quedado involucrados frentes particulares y sedes ministeriales, sino también escuelas y hospitales que muestran los testimonios de tanto afán propagandístico.

Cabe recordar que rigen ordenanzas que determinan cuáles son las superficies que pueden ocuparse, pero resulta evidente que nadie respeta tales condiciones y emprende, aerosol en mano, contra cualquier pared sin que tampoco nadie intervenga para evitarlo. En oportunidades, se suscitan, incluso, graves incidentes entre distintos partidos políticos por el uso de algún muro. Si bien la modalidad más dañina la constituyen las inscripciones con aerosol, la mayoría de ellas indelebles, que obligan a una costosa reparación, también la pegatina de carteles resulta nociva cuando no se ajusta a las especificaciones contenidas en las reglamentaciones vigentes.

Ha sido y sigue siendo meritorio el esfuerzo desplegado por todos los sectores del país para defender y fortalecer las instituciones democráticas recuperadas en 1983. Ello no implica, sin embargo, dar luz verde a los desbordes en que se incurre, por ejemplo, en lo que se refiere a los modos de presentarse la propaganda electoral.

Parece llegada la hora de que impulsen campañas educativas -que puedan ser tan persistentes como persuasivas- destinadas a que se tome conciencia de que la noble actividad política no merece verse afectada por conductas desaprensivas e inciviles, que se desentienden por completo de preservar valores que son comunes. Los frentes de los edificios forman parte del patrimonio de la Ciudad y éste pertenece a todos, no a quienes deciden usarlo por cuenta propia para hacer una propaganda desmedida, en base a un erróneo concepto de lo que debe ser la libertad.

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