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23.6.2017

Housesitting: cuidar casas, la nueva fórmula para viajar más barato por el mundo

De la mano de diversas plataformas digitales que ofrecen esta posibilidad, cada vez más personas se lanzan a recorrer Europa sin gastar un peso en hotel

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Si bien en Argentina es bastante común recurrir a un familiar, un amigo o incluso un vecino para que nos cuide las plantas y las mascotas cuando salimos de vacaciones, no en todos lados ocurre igual. En gran parte de Europa, por ejemplo, “la gente lo toma en general como una molestia”; de ahí que se trata de una clase de favor que “no se suele pedir”, cuenta Antonela Brianese al explicar el trasfondo cultural del “housesitting”, una modalidad en auge para viajar por el mundo sin gastar un peso en hotel.

Desde que en marzo pasado partieron desde La Plata hacia España en un viaje sin fecha de retorno, Antonela (30) y su marido, Matías Del Zotto (34) han venido recurriendo al housesitting como un medio para economizar recursos pero también como una alternativa que les permite conocer más a fondo los países que eligen visitar. Y es que por su misma propuesta -que impone estadías prolongadas, itinerarios flexibles y una mayor conexión con la vida cotidiana de cada cultura- el housesitting se acerca menos a hacer turismo que a “viajar en el sentido tradicional.

Fruto de las redes sociales y la popularización del acceso a internet, el housesitting ha venido ganando terreno durante los últimos años a fuerza de contactar a personas con necesidades que se complementan: por un lado propietarios con mascotas o plantas que se ausentan de sus casas y necesitan alguien que las cuide; por el otro, viajeros con poco efectivo que están dispuestos a ceder parte de su tiempo a cambio de alojamiento. Existe cerca de una decena de plataformas digitales que ofrecen hoy este servicio, no sólo facilitando los contactos entre potenciales interesados, sino prestándoles además cierto marco de formalidad.

A LA AVENTURA

“Siempre tuvimos la idea de viajar por el mundo pero no nos animábamos o no nos daban los números: así que veníamos buscando por internet distintas alternativas hasta que el año pasado, durante un viaje a Europa, descubrimos el housesitting y nos dimos cuenta que era la opción que más se adecuaba a la forma en que nos gusta viajar”, cuentan Antonela y Matías, que en febrero pasado, tras contraer matrimonio, renunciaron a sus trabajos (en una consultora ambiental ella; en un estudio jurídico, él) para lanzarse a cumplir ese sueño que tenían los dos.

Aunque ya desde el año pasado contaban con una membresía en una de las plataformas de housesitting, Antonela y Matías recién se decidieron a postularse como cuidadores al llegar a Inglaterra hace poco más de un mes. Desde entonces ya pasaron por tres casas en distintos lugares. “Primero estuvimos en Bournemouth, una ciudad costera, después vivimos en Tetbury, un pueblito muy pintoresco (cerca de Oxford) y ahora estamos en Cannock, en el centro del país, cuidando una casa con dos perros y cuatro gatos”, cuenta él.

“Muchas veces las casas que se ofrecen tienen jardín, lo que implica encargarse de su mantenimiento, animales de granja o mascotas con problemas de salud a las que hay que darles medicación. Es una gran responsabilidad, pero si lo hacés bien vas ganando un reconocimiento como cuidador (por un sistema de puntuación de la plataforma) que te da la posibilidad de elegir más y mejores casas donde quedarte”, cuenta Antonela, a poco de partir hacia Dinamarca, donde ya tienen arreglada una casa con tres gatos, tres perros y cuatro caballos de exposición para cuidar.

UN “SLOW TRIP”

“Aunque tiene muchas responsabilidades, el housesiting nos atrapó porque implica una forma completamente distinta de viajar: te permite disfrutar de las comodidades de una casa, hacer un poco la vida de la gente del lugar y conocer lugares que están fuera de los circuitos turísticos tradicionales”, cuenta Antonela al explicar que justamente por ello se suele asociar esta modalidad a la filosofía del viaje lento o “slow trip”.

Lo mismo señala Aniko Villalba, viajera incansable y creadora del blog “Viajando por ahí”, quien incursionó por primera vez en el housesitting el año pasado durante un viaje a Japón. ”En mi opinión, el housesitting es para vos si querés practicar slow travel, no necesitás tener mucha vida social o salir mucho, te gusta estar en casa y hacerte cargo del mantenimiento, trabajás a distancia, querés pasar mucho tiempo en un mismo lugar y te gustan los animales”, señala con la autoridad que le da haber pasado los últimos nueve años de su vida viajando por el mundo mientras se gana la vida escribiendo sobre ello.

Aniko llegó al housesitting el año pasado “harta de los precios de alojamiento en Japón”. “ Vivir en Japón es caro, pero nuestro plan era estar tres meses y todavía nos quedaban dos, así que en vez de dar por terminado el viaje antes de tiempo decidimos buscar otras opciones que nos permitieran ahorrar. Entré a la web de housesitting en la que nos habíamos hecho un perfil hacía unas semanas y vi que Amanda buscaba a alguien que cuidara su casa y a sus dos perras en Tokio durante cinco días mientras ella y su marido se iban de viaje al Monte Fuji. Le escribí enseguida, le dije que estábamos en Tokio, que nos encantan los animales, que trabajamos desde casa, que estábamos disponibles. Unas horas después teníamos una respuesta positiva”, cuenta Aniko en su blog.

NOMADES DIGITALES

Más allá de que uno tiene que estar dispuesto a encargarse de ciertos compromisos domésticos y a permanecer varios días en un mismo lugar, el housesitting puede no ser una solución si no se cuenta además con recursos suficientes para cubrir los demás gastos que se tienen al viajar.

“Al no haber intercambio de dinero, no mucha gente joven puede hacerlo. Es necesario que uno tenga sus propios ingresos para poder sacarle provecho al housesitting, ya que fuera del alojamiento todo los demás gastos corren por cuenta propia”, explica Antonela, quien junto a su marido solventan el viaje ejerciendo sus profesiones a distancia en forma freelance. De ahi que se trata de una modalidad no solo muy vinculada con la filosofía del “slow trip” sino también con el “nomadismo digital”, la posibilidad de ejercer la propia profesión desde cualquier lugar del mundo a donde llegue internet.

 

 

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