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21.8.2017
Vecina solidaria de tolosa

Pisa los 80 y casi ciega teje bufandas para donar

Emilce Sparano ya hizo decenas para llevar al Norte

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Pisa los 80 y casi ciega teje bufandas para donar

Emilce, junto a sus nietas, en una tierna movida solidaria - Pablo busti

Casi ciega, con una visión que apenas le deja distinguir entre un color claro y uno oscuro, Emilce teje sin parar para la gente que pasa frío. Tiene 79 años, es maestra jubilada, vive en Tolosa y a la tarde, cuando ya culminó con las tareas hogareñas, en lugar de dormir la siesta, mientras escucha la tele, hace bufandas de lana. En un poco más de un mes terminó 31 prendas que planea enviar a El Volcán, el pueblo jujeño castigado hace unos meses con una serie de aludes que tiraron abajo los ranchos de adobe de vecinos que por el fenómeno tuvieron que empezar de cero.

“Para no equivocarme con la combinación de colores me ayudan mis nietas”, dice Emilce como para que quede claro que además de buscar que el prójimo esté abrigado piensa en que las bufandas sean armónicas en las gamas elegidas.

Emilce Sparano nació el 9 de julio de 1937, se recibió de maestra en el Normal 2 y trabajó en la docencia 48 años. Se casó, tuvo dos hijos y es la dichosa abuela de Martina, Alina y Lucía, las chicas que la ayudan con los ovillos que ella misma juntó de los sobrantes de lana de pulóveres, escarpines, gorros y otras bufandas que tejió a lo largo de su vida y que le acerca también la gente que sabe que ella se dedica a esta labor solidaria. Igual, remarca: “del tejido me encargo yo sola; pongo los puntos, avanzo a dos agujas o al crochet, porque alterno la modalidad para no aburrirme, y al tacto me doy cuenta si me equivoqué; entonces destejo y vuelvo a tejer”.

Es que, con tanta práctica, Emilce no necesita de la vista para tejer. “Lo hago de memoria -explica-. Hace muchos años que hago distintas cosas para mi familia y mis amistades”. Aprendió la técnica de su madre, siendo muy joven, y siguió la práctica toda la vida. Esta iniciativa generosa, pensando en quienes no pueden satisfacer sus necesidades más básicas, como abrigarse, no es la primera que encara la vecina tolosana. “Cuando era joven tejí para los nenes de Casa Cuna, y hace unos años para los chicos del Refugio del Angel. Ahora escuché en las noticias lo que pasó en el pueblo de Jujuy, con la gente tan humilde, y la noticia me impactó tanto que empecé a tejer para aliviarle un poco el frío”, cuenta.

Sus problemas de vista se acentuaron con los años. Miope de nacimiento, fue perdiendo la visión paulatinamente. Hace unos años sufrió una maculopatía y ahora se le agregaron cataratas.

Maestra de alma, si no fuera por las limitaciones para ver, Emilce seguiría enseñando, en su casa, para aquellos que carecen de algún nivel de instrucción, porque la vocación docente no la perdió nunca. “Me conformo con tejer para los que necesitan de una ayuda”, dice.

Los casi 50 años de trabajo en la enseñanza los repartió entre una escuela privada de El Pato, el Colegio San Pablo, y una institución educativa pública y de una zona carenciada de Florencio Varela. “He visto a muchos niños con frío y esto no es más que un aporte que me alegra realizar pese a mi dificultas visual”.

Mientras sigue tejiendo en sus apacibles tardes transcurridas en Tolosa piensa en la forma en que hará llegar a Jujuy sus coloridas bufandas. “Tengo que ver la manera de mandarlas; ya voy a encontrar la forma”, concluye con el tono de quien sabe que no tardará en llegar la solución.

 

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