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23.11.2017
El miedo a “fallar”

¿Por qué los jóvenes recurren al Viagra sin necesidad?

Asegurarse un “buen rendimiento” estaría entre las principales causas que motivan el consumo

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En una cultura que se pretende cada vez más liberal, el sexo se alza como bandera. Pero no ya para enfrentar viejos cánones, sino como una parte natural de la vida que finalmente goza de la libertad que se le negó durante décadas. Asi, osadía, rendimiento y una buena performance, marcan ahora los estándares de una “normalidad” que muchos temen no alcanzar.

Tal vez por eso, cada vez más jóvenes sin problemas de disfunción eréctil ni trastornos en áreas de la sexualidad recurren a potenciadores sexuales. El temor a “fallar”, a “no estar a la altura de las circunstancias” o garantizarse un “buen rendimiento”.

Según un estudio que realizó la Universidad Maimónides, 2 de cada 10 comprimidos de Viagra son consumidos por jóvenes que buscan potenciar su rendimiento sexual.

“Los adolescentes buscan sentirse seguros, aceptados, y para eso deben asegurarse que su interrelación sexual con otro será exitosa, según los parámetros actuales. El alcohol ayuda a disminuir la tensión del encuentro con ese otro desconocido a quien se pretende impresionar para obtener esa retroalimentación que necesitan, y el potenciador sexual asegura la respuesta sexual fisiológica. Aumentar el placer del encuentro es otra motivación para el consumo de sustancias potenciadoras. Sea real o ficticio, es lo que subyace en el imaginario de los jóvenes”, dice la sexóloga Silvia Lazcano.

Una encuesta reciente sobre el uso de potenciadores sexuales en nuestro país, reveló que uno de cada cinco jóvenes de entre 18 y 30 años hace un uso “recreativo” de las drogas que se emplean para tratar problemas de disfunción eréctil.

El 21,5% de los encuestados que reconoció haber tomado alguna de estas drogas, dijo haber conseguido el medicamento por un amigo. El 17,4% dijo haber comprado la pastilla sin receta médica. El 2,9% consiguió el medicamento por internet, y el 4,3% lo compró en la farmacia con receta.

Otro dato que surgió de la investigación es que el 53,6% de los jóvenes que usan Viagra, lo hacen en combinación con drogas legales o ilegales, como psicotrópicos, marihuana o cocaína.

En relación a las causas que motivan el consumo, el 44,9% dijo querer lograr más erecciones por encuentro sexual; el 27,5% afirmó buscar erecciones más duraderas, y un porcentaje similar dijo haber consumido potenciadores sexuales por curiosidad. Otros dijeron querer sentirse más seguros a la hora del encuentro, lograr una mayor rigidez peneana, evitar los fracasos sexuales y demorar la eyaculación.

LAS DISTINTAS VARIANTES

A las drogas tradicionales (Viagra y otras de la familia) se suman otros potenciadores sexuales “naturales” que se venden sin receta en casas naturistas, farmacias, sex shops, kioscos y en internet.

“La mayoría de los jóvenes toma estos productos para solapar el consumo de alcohol y de estupefacientes”, dice el urólogo y sexólogo Hugo Moviglia, y explica que al contrario de lo que se cree, el alcohol y las drogas como la cocaína son depresores de la función eréctil. Para contraponer estos efectos indeseados, muchos recurren al consumo de vasodilatadores.

“Otras veces hay una disfunción eréctil que es psicológica y que viene del deber de cumplimiento. ‘No puedo fallar’, ‘tengo que dar placer’. Esa presión puede derivar en una disfunción. Con estos productos consiguen seguridad”, dice Moviglia, y advierte que no se deben tomar estos medicamentos sin prescripción médica.

Otra investigación, esta vez internacional, concluyó que un 33% de jóvenes de entre 16 y 21 años, que son sexualmente activos, experimentaron al menos un problema sexual “preocupante” en el último año de su vida, como dificultad para alcanzar el clímax o lograr y mantener una erección.

La psicóloga Ana Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro “Sexo a la carta”, plantea que “hay muchos jóvenes que manifiestan problemas de erección y generalmente está relacionado con presiones psicológicas. Existe un temor frente al deseo de la mujer, que está sobre el tapete, que ya no se esconde. Eso puede generar que el hombre se retraiga y de ahí los problemas de erección”.

Otra hipótesis de la psicóloga ronda en torno a la declinación del deseo sexual: “Se ve afectado por varios motivos. Por un lado hay una enorme exigencia de estar feliz, de pasarla bien. Las publicidades para los jóvenes plantean vivir ‘sin límite’. Eso mismo afecta a la sexualidad: la falta de deseo se impone como un límite. Es una reacción sintomática a la presión del mandato del ‘sin límite’. Lo que antes estaba prohibido ahora está sobreestimulado”.

Riesgos DE LA cosificaciOn

El sociólogo Zygmun Bauman, en su libro ‘Amor Líquido’, dice “el humano suele buscar satisfacción instantánea en resultados que no requieran esfuerzos amplios ni nos sometan a una especie de esclavitud emocional. Es de esta manera como surgen las relaciones de bolsillo, encarnación de lo instantáneo y desechable, listas para usarse cuando hagan falta. Nada de emociones involucradas ni compromisos , simplemente mero placer carnal. Es la nueva moral en esta época posmoderna en donde el amor está descartado -incluso del idealismo- y sustituido por los amigos con derecho, por el faje y demás figuras centradas en el consumo mutuo”.

En este sentido, Lazcano afirma que cosificar el sexo y las relaciones humanas en general lleva a una hiperexigencia, ya que lo único que cuenta en este tipo de vínculo es el resultado. De ahí la necesidad de asegurarse un “buen rendimiento”.

“Es importante aclarar que el Viagra, el Cialis o el Levitra, que son fármacos muy útiles en la impotencia masculina, son completamente inútiles para excitar el deseo o el orgasmo femenino. No tienen ningún efecto sobre el deseo sexual, no son afrodisíacos, son vasodilatadores que aumentan el flujo sanguíneo y mejoran la erección masculina”, dice la sexóloga, que advierte sobre la falta de información en temas referentes a la sexualidad.

Esta falta de información se podría resolver “si los programas de educación sexual también abordaran aspectos referidos a la satisfacción sexual, que son aspectos que claramente interesan a los jóvenes”, afirman los sexólogos.

 

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