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17.8.2017
Vinculos

Las dificultades de vivir lejos de los padres y verlos envejecer a la distancia

Se trata de una situación cada vez más común que pone en juego culpas y remordimientos

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Cuando comenzó a respirarse clima de fiestas, una cadena de supermercados alemana subió un video a la web que rápidamente se viralizó: el spot, que todavía circula, cuenta la historia de un anciano que durante varios años pasa las fechas significativas acompañado únicamente de su perro. Sus hijos, que viven en otras ciudades, le avisan en cada oportunidad que por razones de trabajo no podrán volver para pasar las fiestas con él. Un día sus hijos reciben un telegrama que les anuncia la muerte de su padre y la fecha del funeral. Entonces sí regresan a la casa de la infancia y se encuentran con una sorpresa: su padre los espera con una cena. “¿Tengo que hacer esto para verlos a todos juntos?”, pregunta el anciano. El video superó las 10 millones de reproducciones en tan sólo tres días.

Es que de la mano de la movilidad geográfica, que implica el desplazamiento por el mundo de millones de personas, aumenta la cantidad de padres que se van poniendo grandes y tienen a sus hijos radicados en otros países o ciudades. Este fenómeno, cada vez más común, suele traer consigo remordimientos, culpas, reproches y miedos. También, para algunos, supone el desafío de compartir, “estar” y cuidar a la distancia.

“La época trajo cambios económicos muy intensos y una diversidad de profesiones y trabajos que ubican a las personas en distintos lugares, no siempre en donde se encuentra el núcleo familiar. Y frente a estas separaciones que ponen distancia entre los miembros de la familia entran en juego sentimientos contradictorios”, dice Virginia Viguera, psiquiatra jubilada, dedicada a la educación de adultos mayores.

“En Argentina como en todos los países de Latinoamérica existe una tradición ‘familista’ que considera que son los hijos quienes deben responsabilizarse de sus padres mayores. Sin embargo, los cambios producidos como consecuencia de la disminución de la fecundidad y el aumento de la longevidad hace que cada vez sea más claro que las familias solas no pueden. Cada vez menos hijos para cuidar a padres que viven más años. Esta situación que se presenta cuando los padres envejecen cerca de sus hijos se hace más complicada cuando se suma la distancia geográfica”, sostiene la gerontóloga Silvia Gascón.

La especialista cuenta que en los países desarrollados existen propuestas como ‘adopte una hija’. Con este sistema quienes viven lejos de sus padres llevan un seguimiento diario de la vida de los adultos mayores. “Nosotros debemos inventar nuestras propias estrategias para estar ‘cerca’”, sostiene Gascón.

También desde lo afectivo la situación suele resultar complicada. La psicóloga Marina Canal, especialista en adultos mayores, señala que la distancia puede ser difícil tanto para los padres como para los hijos.

“A veces sucede que durante los encuentros los padres visualizan el tiempo que les queda por compartir y en consecuencia la vivencia se registra como perdida. Y, por otra parte, hay un momento en el que los hijos registran el tiempo de ausencia y les duele”, dice Canal, y agrega: “La distancia limita las posibilidades de acompañar en la vida cotidiana. Exige una renuncia a los alcances del vínculo”.

Esta fue una de las razones por las que Romina Dellamea (28) comenzó a replantearse su estadía en Francia. “En general se piensa que los momentos más difíciles son al comienzo, antes de establecerse realmente. Pero es una fantasía, a medida que pasa el tiempo se vuelve más complicado, porque tomás consciencia de que tu vida avanza y cada vez es más difícil volver. Empezás a echar raíces, tenés trabajo, amigos, una pareja y aparecen los proyectos de hijos y te das cuenta de que no podrás compartir eso con tu familia”, dice Romina.

La joven, licenciada en comercio internacional, hace seis años vive en Francia. Ahora se encuentra en La Plata. Aprovechó una pasantía que le ofrecieron en el trabajo para pasar unos meses junto a su familia. “Desde que me fuí no pasaba las fiestas con ellos. Vuelvo a compartir con mi familia momentos que hace años no compartía. Las cosas chicas te hacen pensar en lo que te estás perdiendo”.

Hace dos años murió su abuelo, con quien tenía un vínculo muy estrecho: “Llegué acá recién dos semanas después. Aunque mis padres todavía son jóvenes me puse a pensar en qué pasa si le ocurre algo y no estoy. De alguna manera se siente como si los estuvieras abandonando. A veces se hace muy difícil”, comenta.

La tecnología, una herramienta que acerca

Las posibilidades de comunicación que se abrieron con internet y aplicaciones como Whatsapp o Skype permite que muchas familias, separadas geográficamente, mantengan un contacto fluido.

“Con internet y las redes sociales se ‘acortaron’ las distancias. Tener a los hijos lejos fue una motivación muy fuerte para que los adultos mayores se animaran y se acercaran a la computación”, dice Viguera, pero aclara que aunque la tecnología vuelve más llevadera la distancia, no reemplaza el calor de lo presencial.

¿Mudar a los padres?

Muchas veces los hijos, preocupados al ver que sus padres se van poniendo grandes, intentan mudarlos cerca de ellos. Es frecuente que los adultos mayores se nieguen. “Es importante comprender que las personas mayores desarrollan otras redes de apoyo informal: vecinos, amigos, voluntariado, entre las que las iglesias y las organizaciones de mayores juegan un papel preponderante. Si bien para los hijos puede ser ‘una solución’ traer a los padres cerca, siempre se debe reconocer el derecho de las personas mayores a decidir sobre sus vidas”, afirma la gerontóloga Silvia Gascón.

“La distancia limita las posibilidades de conocer y acompañar en la vida cotidiana. Exige una renuncia a los alcances del vínculo”

Canal coincide en este sentido: “La mejor opción es respetar el lugar donde se desarrolla y se ha desarrollado la vida de los padres. La identidad esta ligada a un espacio y tiempo en el que las personas construyen sus vínculos, su lugar, sus actividades, en definitiva su historia”, y alerta: “Una mudanza y un cambio de lugar tiene un efecto psíquico y emocional de magnitud y suele ser una de las situaciones de mayor exigencia emocional para las personas mayores. El deseo y el derecho a elegir es fundamental en la construcción de la subjetividad. Es indispensable que las personas mayores sean escuchadas en todas las circunstancias. O sean ayudadas a elegir con autonomía”.

En cuanto a la actitud más sana para sobrellevar este tipo de situaciones, Canal afirma: “Las actitudes que demuestran afectos, comprensión, tolerancia a la ansiedad de unos y de otros contribuyen a una vivencia de estabilidad emocional. Cuando los vínculos están marcados por sentimientos de hostilidad y confrontaciones dificulta la posibilidad de producir y aceptar cambios. El reconocimiento de la vejez propia y de los padres es un desafío a elaborar”.

 

“En general se piensa que los momentos más difíciles son al comienzo, antes de establecerse realmente. Pero es una fantasía, a medida que pasa el tiempo se vuelve más complicado, porque tomás consciencia de que tu vida avanza y cada vez es más difícil volver. Empezás a echar raíces, tenés trabajo, amigos, una pareja y aparecen los proyectos de hijos y te das cuenta de que no podrás compartir eso con tu familia”

Romina Dellamea y sus padres, Eduardo y Laura

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