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19.8.2017
EUDEBA, UN EMBLEMA DEL PROGRESO CULTURAL

La redujeron a cenizas, pero ahora volvió a volar

El retorno de Eudeba, la más exitosa editorial de Hispanoamérica en la década del “60”. Una vuelta al mercado con escritores clásicos y contemporáneos de la literatura argentina. Testimonio de José Luis de Diego, codirector de la colección “Serie de los dos siglos”

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Por MARCELO ORTALE

El mito del Ave Fénix, aquel pájaro fabuloso que muere y luego resurge de sus cenizas, le cae bien a la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), que en su largo derrotero transitó varias veces entre la vida y la muerte. Lo cierto es que en estos días, el ave recobró sus alas y vuelve a mostrar -con la edición de nuevos libros creados por grandes escritores argentinos, muchos de ellos contemporáneos-, que pudo renacer y alzar un vuelo tan seguro como el primero.

Es así que hoy se divulgan y encuentran en las librerías las nuevas ediciones de autores como Roberto Arlt, Sarmiento, Scalabrini Ortiz, César Aira, Esteban Echeverría, Lugones, Juan Gelman, Ricardo Güiraldes, Roberto Payró, David Viñas, Armando Discépolo y muchos otros, elegidos y analizados en la colección Serie de los Dos Siglos de Eudeba, que codirigen el platense José Luis de Diego y Sylvia Saítta.

Creada el 1º de mayo de 1958 durante la administración del presidente Arturo Frondizi y bajo la dependencia de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Eudeba transitó una verdadera época de oro hasta 1966. Para impulsar ese proyecto, inédito hasta entonces, el rector la UBA, Risieri Frondizi, convocó a Arnaldo Orfila Reynal, gerente del Fondo de Cultura Económica en México, y para dirigirla a un profesor de matemática: José Boris Spivacow.

En poco tiempo se convirtió en uno de los proyectos editoriales más innovadores y prestigiosos en lengua española. El lanzamiento de la colección Serie del Siglo y Medio en 1960 marcó las características de la empresa: buenos títulos, audacia intelectual y comercial, ampliación del público mediante libros baratos que se podían comprar en espacios no tradicionales (estaciones de trenes y de subte, quioscos en las calles).

Además, Eudeba innovó en el diseño y la presentación gráfica mediante la reproducción de obras de grandes artistas argentinos. Por ejemplo, en la colección “Arte para Todos”, iniciada en 1962, publicó Cuentistas y pintores, con obras perfectamente impresas y bien explicadas de Antonio Berni, que ilustró a Juan Carlos Dávalos; de Juan Carlos Castagnino, con un inolvidable Martín Fierro; de Raúl Soldi, con “El potrillo roano” de Benito Lynch y, entre otros, de Carlos Alonso, con “Los Mensú” de Horacio Quiroga.

Convertida en un boom y en un verdadero factor de progreso cultural para nuestro país –como lo fue también, al mismo tiempo, el Instituto Di Tella- sufrió un primer embate con la llegada del gobierno militar de Juan Carlos Onganía en 1966, que provocó la renuncia de Spivacow y buena parte de su equipo. Eudeba tuvo un fugaz intento de renacimiento a partir de 1973. Aquel ser que vuela se incendió y quedó reducido a cenizas. Poco después, el gobierno militar establecido en 1976 ordenó, literalmente, esparcir esas cenizas. Los libros que quedaban apilados fueron subidos a camiones que viajaron al olvido.

Con el retorno de la democracia en 1983, el primer rector de ese período en la UBA, Francisco Delich, promovió una demanda por apoderamiento de libros y en esa instancia calculó que los textos requisados siete años antes por el régimen militar había sido de más de 1.250.000 ejemplares, por un costo total que entonces oscilaba en algo más de 150 mil dólares. Además, en ese período que marcó el inicio de un resurgimiento, un libro publicado por Eudeba alcanzó un éxito semejante al de las viejas épocas. Se dijo, incluso, que el éxito editorial de ese libro sólo encontraba parangón en el que tuvo el Martín Fierro. Se trató del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas: Nunca más, fue el libro más vendido de los años ochenta y marcó, también, un punto de retorno para Eudeba.

ACTUALIDAD DE EUDEBA

La hoy nueva “Serie de los Dos siglos” debe su nombre –según dijo el profesor de Diego- al antecedente de la Serie del Siglo y Medio que Eudeba lanzó a partir de 1960, a través de aquella inolvidable colección de libros pequeños que se inició con La gran semana de Mayo de Vicente F. López. “Las actuales autoridades de Eudeba creyeron que el bicentenario de la Revolución de Mayo era una buena oportunidad para revivir aquella colección y nos convocaron para proyectar su catálogo. En esa tarea contamos con un cuerpo de asesores que nos enorgullece: Jorge Lafforgue, Beatriz Sarlo y Luis Alberto Romero”.

Eudeba innovó en el diseño y la presentación gráfica mediante la reproducción de obras de grandes artistas argentinos

A la hora de seleccionar los títulos se plantea, según de Diego, el viejo dilema entre lo que sería un canon nacional y un canon de tipo personal, propio de los profesores de letras, que siempre dudan entre enseñar a los autores que más les gustan a los que se supone que deben dar. “El catálogo es, de alguna manera, el resultado de una negociación entre ambas cuestiones: están los libros ineludibles de la historia de la literatura argentina, como Facundo, Radiografía de la pampa o El payador, pero también están los “nuevos clásicos” de la literatura nacional, como Aira, Cohen o Juan Gelman”.

Reseña luego que con los títulos posteriores a 1960 los editores se enfrentan con el problema de los derechos de autor: “Por supuesto que quisiéramos tener en el catálogo a Jorge Luis Borges, a Julio Cortázar, a Manuel Puig y tantos otros, pero ese interés suele chocar con las editoriales o los herederos que conservan los derechos de edición”.

Así como en los años sesenta se convocó a grandes pintores y dibujantes para que ilustraran los libros, agregó, en la actualidad fueron convocados notables artistas y caricaturistas –como Sábat, Cascioli y Huadi- para que en la tapa de los libros aparezca la imagen del escritor que, muchas veces, suele ser desconocida para el gran público.

Esta nueva colección que codirigen de Diego y Saítta arrancó con dos autores clásicos, como lo son Sarmiento (Facundo) y Martínez Estrada (Radiografía de la pampa). Sin embargo, con posterioridad, editaron libros de Cohen, Discépolo, Laiseca y Raschella. ¿Cuál fue el criterio selectivo? Sobre este punto, dice, desde el inicio de la nueva etapa “se nos ocurrió publicar de a pares”. Por ejemplo, uno de ellos Realismo y realidad en la literatura argentina, fue integrado por dos textos conocidos de Echeverría, combinados con un libro de César Aira: “mezclamos a aquella cautiva romántica y desgarrada, con Ema, la cautiva, que pone en escena, por primera vez, esa escritura tan característica de Aira, entre frívola y melancólica”.

En el tercer par, resucitaron un estupendo ensayo de Juan Carlos Portantiero de los años sesenta sobre el realismo en la narrativa, Realismo y realidad en la literatura argentina, y lo ligaron a una novela de David Viñas, quien era, por entonces, el paradigma de realismo duro en la narrativa de aquella década. Y así con los pares siguientes... En ese sentido, los dos últimos libros de la colección son de dos grandes cronistas de la primera mitad del siglo pasado: Aguafuertes y notas periodísticas, de Roberto Arlt, con prólogo de la profesora de letras platense Laura Juárez, y A través de la ciudad, de Raúl Scalabrini Ortiz, con prólogo de Fernando Rodríguez.

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