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17.11.2017
RESPETAR LOS TIEMPOS BIOLOGICOS Y ESCUCHAR A LAS MADRES

Cada vez más mujeres piden parir sin anestesia y de forma “natural”

Si bien la ley de parto respetado, que se sancionó en 2015, obliga a las instituciones de salud a escuchar y responder ante los reclamos de las madres, hay pocos profesionales que aceptan trabajar bajo este sistema

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Aunque cada vez más mujeres eligen un parto respetado, hay pocos profesionales que aceptan seguir la modalidad - shutterstock

El parto respetado lo pueden seguir las mujeres que no presentan ningún riesgo durante el embarazo. En algunos casos la intervención médica es estrictamente necesaria

Cada vez más mujeres eligen parir como lo hicieron sus abuelas: del modo más natural posible. Después de décadas de lo que algunos consideran una excesiva intervención médica en los partos, muchas levantan la bandera del “parto humanizado”. Si bien estos reclamos empezaron como una suerte de lujo que podían darse las que contaban con una buena situación económica, la opción se volvió accesible en hospitales públicos.

Tanto los conceptos de “parto humanizado” como “parto respetado” expresan un posicionamiento ideológico-asistencial en relación a la intervención médica durante el embarazo y el parto. Es la contra cara a lo que se define como “parto medicalizado” o “tecnocrático”, donde prevalece la asistencia guiada por procedimientos médicos realizados por rutina, sin tener en cuenta las particularidades de cada mujer y embarazo.

Como explican los especialistas, los procedimientos habituales que el parto humanizado intenta evitar son la internación intempestiva (sin que exista un franco trabajo de parto), el rasurado y enema evacuante, la inducción de las contracciones por medios farmacológicos (intravaginales o por goteo intravenoso), la limitación de la movilidad de la mujer al mantenerla acostada, la conducción farmacológica de las contracciones con un goteo intravenoso de ocitocina (refuerza la inmovilidad) y la auscultación (monitoreo) electrónico permanente de los latidos cardíacos del niño por nacer (refuerza más la inmovilidad).

También se intenta evitar la anestesia peridural de rutina, que obliguen a las mujeres a permanecer acostadas y con las piernas elevadas y sujetas en estribos, el corte de vulva sistemático (episiotomía) para el nacimiento, la inmediata ligadura de cordón umbilical y la inmediata separación del recién nacido de su madre.

“El punto central del parto humanizado es el respeto por los tiempos biológicos y psicológicos. El parto es un proceso natural fisiológico y, si no hay complicaciones, no se debería medicalizar”, señala Lorena Ribot, que es doula (acompañante emocional de embarazadas) y también da clases de gimnasia para embarazadas.

“El parto respetado también contempla la recepción del recién nacido. El bebé necesita a su mamá y suele ser lo último que se le da. Si la bienvenida al mundo es amorosa, es incomparable con entrar al mundo con frío, miedo, soledad, dolor”, dice Ribot, y agrega: “Hay pequeños logros, pero más que por la ley me parece que es porque las mujeres han tomado consciencia y piden”.

Como señalan en partohumanizado.com.ar, el respeto en el parto supone que los profesionales de la salud tengan en cuenta los deseos y necesidades de cada mujer en relación con la experiencia del parto y del nacimiento.

En 2015, en el país, el entonces ministro de Salud la Nación, Daniel Gollan, reglamentó la ley 25.929 de Parto Humanizado, que garantiza el derecho a la no violencia de las mujeres cuando van a parir. “Tanto los centros de salud públicos como privados deben tender a un parto humanizado, cuidado y científicamente fundado en un ambiente de reconocimiento de derechos”, aseguró el funcionario.

La ley establece los derechos de las madres a la información, al trato digno, respetuoso e individual y la defensa de su libertad de elección respecto a la persona que la acompañará durante los controles prenatales, durante el parto y el postparto.

Según la reglamentación, para su cumplimiento las obras sociales y las entidades de medicina prepaga deben brindar obligatoriamente determinadas prestaciones relacionadas con el embarazo, el trabajo de parto y el posparto que se incorporan al Programa Médico Obligatorio (PMO).

“Por suerte hay una tendencia al parto respetado. Cada vez más mujeres se sienten conscientes de su propio cuerpo y deciden transitar este momento de la forma más natural posible”, dice Juan Ángel Ocletto, médico obstetra del Hospital Italiano.

Sin embargo, Ocletto reconoce: “Es más difícil conseguir profesionales que acompañen el parto respetado. El médico se tiene que parar en un lugar de contemplar un proceso natural e intervenir si llega a ser necesario. Muchos no comparten la idea por cuestiones profesionales, por razones de tiempo o por costumbre: trabajaron siempre así y no están dispuestos a cambiar”.

Escuchar y respetar los deseos de las mujeres es una de las ideas fundantes del parto humanizado. Se fundamenta en la valoración del mundo afectivo-emocional de las personas.

Desde partohumanizado.com.ar sostienen que un parto respetado supone no intervenir rutinariamente en este proceso natural (el parto) cuando no se trate de una situación de riesgo evidente.

También supone que los médicos deben respetar las necesidades de cada pareja en cuanto al modo en el que desean transitar esa experiencia. Por lo que deberán respetar la intimidad del entorno durante el parto y el nacimiento. Y favorecer la libertad de posición y movimiento de la mujer durante todo el trabajo de parto (en cuclillas, en el agua, semisentada o como lo desee).

Otro de los puntos del parto humanizado plantea promover el vínculo entre la pareja y el equipo de asistencia profesional. Y respetar la necesidad de elección de la mujer de las personas que la acompañarán en el parto (familia o amigos). Además de cuidar el vínculo inmediato de la madre con el recién nacido.

“Si bien algunas prácticas se dejaron de hacer, como el enema y la rasura, hay otras bastante molestas que se siguen usando, como obligar a las mujeres a permanecer en determinado lugar, muy iluminadas; y muchas veces esas cosas inhiben el parto porque las mujeres sienten pudor y eso hace que el parto se frene”, dice Ribot, que considera que es rotundo el cambio de experiencia cuando el equipo de salud se pone a servicio de la mujer: “implica preguntarle si quiere poner música, la pelota o lo que fuera para que la experiencia resulte más grata”.

 

15%
Según la OMS, el porcentaje de cesáreas no debería superar esa cifra.

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