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21.9.2017

La cancha es lo de menos...

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Por Ezequiel FernAndez Moores

Disculpas por la referencia personal. Pero mi primer partido con la selección, tenía apenas 12 años, fue Argentina 2-Perú 2, 1969 en la Bombonera, el empate que marcó la no clasificación al Mundial de México 70. Curioso que, siendo ese el recuerdo más nítido que dejó ese partido, el principal debate tras el empate pesadilla contra Venezuela sea ahora la pretensión de mudar justamente a la Bombonera la fecha decisiva del 5 de octubre ante Perú. Por lo infantil, es un debate que preocupa. Por un lado, produce pudor la protesta peruana recordando que la Bombonera es el estadio del gas pimienta. Por otro, el debate desnuda una precariedad impensada para la AFA que contrató a un técnico metódico y con muchos argumentos como Jorge Sampaoli. Es el tercero en lo que va de la eliminatoria, lo que desnuda algo más grave: el caos institucional y deportivo que dominó a la selección durante casi toda la eliminatoria. Un caos que, hasta Venezuela, creíamos superado.

Tuve la suerte luego de estar en otras tardes mucho más felices de la selección, incluyendo las conquistas de las Copas de Argentina 78 y México 86. En la de 1978, tiempos de dictadura, Holanda creía que, si ganaba, no saldría “viva” del Monumental. Pero allí está el poste que la frenó en el minuto final y que, de haber entrado, le hubiese permitido salir campeona, viva y con la Copa. Y en la final de 1986, Alemania temía paralizarse ante un Diego Maradona extraterrestre. Pero reaccionó, se puso 2-2 y casi nos deja sin el título. En la tarde de 1969, muchos creían que Perú no podría soportar la presión de la Bombonera. Lo hizo. Los mitos y especulaciones, está claro, son una cosa. Los resultados otra.

Casi cumpliendo con el recuerdo infantil más nítido que me dejó el partido del ’69, el viernes pasado, en el programa de radio que comparto con Alejandro Wall y Andrés Burgo (Era por Abajo en la 1110) hablamos con Alberto “Toscano” Rendo, autor de uno de los goles más bellos que vi en una cancha, pero también inútil, porque el 2-2 no alcanzó para ir al Mundial. “¿Y qué le preguntarías a Oswaldo “Cachito” Ramírez?”, le preguntó Burgo a Rendo, ya sobre el final de la entrevista, por el peruano que fue “verdugo” en el ’69. “Si esos dos goles que hizo en la Bombonera –respondió con ironía, pero sin reírse- fueron los dos únicos que hizo en toda su carrera”. Eso es dolor. Porque Ramírez, en realidad, es uno de los principales goleadores en la historia de todo el fútbol peruano.

“Para evitar salir solos y la silbatina, nos adelantamos y entramos a la cancha casi con los aplausos que eran para Argentina, pero el empate no fue por eso, sino porque jugamos mucho mejor y (Agustín) Cejas los salvó de una goleada”. Nos lo dijo Ramírez cinco minutos después de la charla con Rendo. Y tenía algo de razón. El estadio fue lo de menos. Como lo es ahora. El escritor Juan Becerra se preguntó en Olé si acaso alguien sabe de un matrimonio que, al borde del derrumbe, se salvara por una mudanza. E ironiza diciendo que, si la selección se va a la Bombonera, que el acuerdo, llave en mano, incluya a la hinchada de Boca. “Es un debate insignificante”. Así lo definió Marcelo Gallardo, el técnico de River. Y, como Ramírez, el Muñeco también tiene razón.

A River, claro, no le gusta que se ande diciendo que el Monumental es frío. Acierta cuando avisa que el hincha de selección jamás fue igual que el hincha de club. Que la selección tiene un público “más familiar”. “Cerremos entonces la Bombonera para los barras y clasifiquemos al Mundial. Eso sí, que después del partido se los lleven a todos presos”. Lo dijo el viernes pasado Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, en medio de los rumores de que Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA y palquista de la Bombonera, era impulsor del cambio de estadio. No sabemos lo que piensan realmente los jugadores, porque siguen sin hablar. Curioso que hayan mantenido el silencio de prensa aún con lo que está sucediendo. Que el único obligado a dar explicaciones haya sido un técnico debutante, que subió al barco en medio de la tormenta.

Los jugadores volvieron este fin de semana a la rutina habitual de hacer goles con sus clubes de élite europeos sin replanteos sobre si acaso es hora de remover algún status quo. De intentar contar ellos mismos qué les está sucediendo. Porque da la sensación que Sampaoli se ha dado cuenta que asumió con una “pesada herencia”. Basta un contratiempo para que la selección sienta que le reaparecen todos los fantasmas de las tres finales seguidas perdidas de 2014 a 2016. Tan pesados que ahora amenazan con dejar a la Argentina afuera del Mundial. “Hablan de problemas sicológicos, pero recurren a soluciones futboleras”. Me lo dice un especialista que sigue el tema muy de cerca. Ojalá al menos las soluciones que se citan fueran precisamente futboleras. Si la selección en la que juega Leo Messi realmente cree que sus chances mundialistas dependen de si Monumental o Bombonera acaso eso esté queriendo decir algo que no queremos ver: que Argentina, acaso, no merece ir a Rusia.

No sabemos lo que piensan realmente los jugadores, porque siguen sin hablar. Curioso que hayan mantenido el silencio de prensa aún con lo que está sucediendo. Que el único obligado a dar explicaciones haya sido un técnico debutante, que subió al barco en medio de la tormenta

“Cerremos entonces la Bombonera para los barras y clasifiquemos al Mundial. Eso sí, que después del partido se los lleven a todos presos”. Rodolfo D’Onofrio

 

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