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19.9.2017
GABRIEL ROLON

“Entretener supone desviar la vista de lo real”

El psicoanalista vuelve con “Historias de diván” a La Plata, un espectáculo con el que busca “estimular el pensamiento” desde un “hecho artístico”

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A un año de su última presentación en la Ciudad, Gabriel Rolón regresará este fin de semana a La Plata de la mano de “Historias de diván”, el espectáculo teatral basado en su libro homónimo y con el que el psicoanalista se propone “estimular el pensamiento” del público, entendiendo que el entretenimiento “supone desviar la vista de lo real”.

Con funciones previstas para el sábado a las 19.30 y 21.30 en el Coliseo Podestá, 10 entre 46 y 47, “Historias de diván”, que tras su edición literaria en 2007 saltó a la tevé en 2013 en formato miniserie protagonizada por Jorge Marrale, está basado en dos de los ocho casos que se desarrollan en la obra original, porque, según explicó Rolón, eran los que mejor le permitían mostrar los conceptos básicos de la teoría que guía su práctica.

Así, el deseo, el inconsciente, el valor de la palabra y la pelea entre la vida y la muerte serán temas presentes sobre el escenario, en el que estará acompañado por los actores Alejo García Pintos, Malena Rolón y Carlos Nieto -también director-.

En la trama, se ahonda en las alternativas del tratamiento de una adolescente obsesionada por la muerte y de un sacerdote al que su fe ha dejado de sostenerlo y busca respuestas en el psicoanálisis. Las dudas y los temores del terapeuta también entran en conflicto, lo cual se refleja en las sesiones que tiene con su propio analista.

En diálogo con EL DIA, Rolón se refirió a las novedades que presenta el espectáculo, y las diferentes formas y formatos de difusión del psicoanálisis.

-El año pasado trajo este mismo espectáculo, ¿tiene alguna modificación?

-Heráclito dijo que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque el agua corre y no es la misma, pero también porque uno mismo se va modificando con el tiempo. En ese sentido he comprobado que también una obra de teatro es diferente a sí misma con cada función. Y éste no es un lugar común. De verdad así lo siento cada vez que piso el escenario para hacer ‘Historias de diván’. Pero en este caso hay algo más. Desde nuestra última presentación en La Plata, hemos modificado algunas cuestiones de la puesta, la dirección y por ende las actuaciones. El texto es el mismo, pero claramente la obra es diferente.

-¿Cuál es el objetivo de este espectáculo? ¿Entretenimiento? ¿Reflexión?

-Entretener supone desviar la vista de lo real. En ese sentido, jamás me propongo el entretenimiento. Por el contrario, como analista busco estimular el pensamiento, abrir preguntas que muevan no sólo a la reflexión, sino al deseo de conocerse cada vez un poco más. Cada uno de los formatos que he encarado, libros, charlas, obra teatral, conferencias, televisión, radio o cine, han buscado difundir el Psicoanálisis y dejar flotando en la gente la idea de que es un camino posible para ir en busca de una verdad que nos habita, aunque ni nosotros mismos lo sospechemos.

-¿Cree que es posible que el público pueda superar algún problema yendo a un espectáculo como éste, sintiéndose identificado con algún tema?

-No, de ninguna manera. Es una obra de teatro. Como dije, busca difundir el Psicoanálisis pero, por sobre todas las cosas, ser un hecho artístico que estimule la sensibilidad del espectador. No es posible obtener curaciones por leer un libro o asistir a un evento teatral. Lo que sí ha ocurrido alguna vez, es que alguien me dijera que decidió comenzar o retomar un análisis porque la obra lo había movilizado mucho. Si eso ocurre, siento que todo lo que hice valió la pena.

-Sus trabajos han sido editados en diferentes formatos, ¿cuál considera que es el más adecuado para su correcta difusión?

-Depende del público al que se quiere llegar. Desde un punto de vista académico, obviamente los libros o las conferencias en congresos son los ámbitos más productivos. En cambio, para poner al alcance de todo el mundo una disciplina, para estimular su deseo de acercarse a la misma, creo que no podemos obviar la potencia de los medios de comunicación gráficos, radiales o televisivos. En mi caso he intentado, además, combinar el psicoanálisis con el arte. Así surgió la miniserie y la obra de teatro basadas en “Historias de diván”, y la película inspirada en la novela “Los Padecientes”.

-El hecho de “bajar” la teoría para la interpretación masiva, que la televisión u otros formatos más populares necesita, ¿no desvirtúa, en algún punto, la profundidad que el psicoanálisis merece?

-Cuando se acerca la teoría al lenguaje corriente, no se la baja. Por el contrario, el expositor debe tener la capacidad de subir hasta el habla cotidiano. Porque la gente está por encima de la teoría. Es cierto que para traducir y desarrollar conceptos teóricos a veces hay que modificarlos un poco. El desafío es no desviarlos tanto como para vaciarlos de contenido, ni hacerlos tan académicos que dificulten su comprensión. Pongo un ejemplo. Decir: “El hombre es un Sujeto barrado por la castración, es teóricamente correcto”. Pero es más claro y conserva toda su profundidad si dijera: “Nunca vamos a poder lograr todo lo que querramos. Siempre algo va a faltarnos, porque nada puede evitar que nos llegue la muerte”.

-Hace bastante que oficia de actor en el escenario, ¿qué ha aprendido de este oficio? ¿Se siente cómodo?

-Me encanta. Lo disfruto como pocas cosas en la vida. Quizás porque sobre el escenario puedo jugar, no ser yo por un rato, y eso, a qué negarlo, remite a la infancia. A la posibilidad de recuperar un ámbito lúdico y placentero.

-¿Cómo vivió el estreno y el paso de “Los Padecientes” por la pantalla grande?

-Con mucha emoción. Participé de cada momento de la película. Desde la primera charla con Nicolás Tuozzo, su director, hasta la elección de los actores, la filmación y el estreno. Ha sido una experiencia inolvidable y maravillosa. Y confieso estar muy agradecido por haber tenido la oportunidad de aprender tanto y de que mi obra tuviera la oportunidad de llegar al cine. Fue un sueño más que pude cumplir, y un nuevo escalón desde el cual pararme para seguir soñando.

 

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