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19.11.2017
Directoras y maestras platenses opinan sobre la educacion en tiempos revueltos

El desafío de educar en escuelas inmersas en una sociedad cada día más violenta

“No hay escuelas violentas, hay violencia social que entra a las aulas”. La docencia ante nuevos retos

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Claudia Campos, Ana María Naya, Griselda Lambolla y Rosana Fernández. Directivas y docentes de las escuelas primarias 41 y 63 - cesar santoro

CLAUDIA CAMPOS Directora de la Escuela Primaria Nº 63, de 44 y 155

GRISELDA LAMBOLLA Maestra de 5º grado en la Escuela Primaria Nº 63 del barrio El Retiro

ANA MARIA NAYA Directora de la Escuela Primaria Nº 41 de 520 y 139, La Granja

ROSANA FERNANDEZProfesora de Inglés y Ed. Física en la Escuela Nº 41 

Por Carlos Altavista

Un chico le pega a sus compañeros, la maestra cita a los padres, les llama la atención, la madre insulta o le pega a la maestra. Un hombre asegura que su hijo es hostigado, la directora le asegura que no es así, el hombre la amenaza. Grupos de alumnos se pelean cada día simplemente porque son de barrios distintos. Chicas se pelean por un chico o porque una considera que la otra es “linda”. Hay niños que llegan al colegio sin comer, o sin dormir porque salieron a cartonear. A las reuniones de padres van cuatro o cinco y con cuestionamientos de todo tipo.

No son cosas que pasan todos los días en todas las escuelas. De más está aclararlo. Pero pasan. Cada vez más. “Y el mayor peligro es que ciertas situaciones, totalmente anómalas, se terminen naturalizando”, advierten en el ámbito educativo.

El informe “Familias y escuelas en La Plata”, elaborado durante ocho meses por el Observatorio de Calidad Educativa de la provincia de Buenos Aires y publicado por este diario el 27 de agosto, sintetiza en dos puntos la realidad que afrontan las escuelas que ven entrar por la ventana complejísimas problemáticas sociales, frente a las cuales la mayoría no encuentra respuestas (adecuadas).

El estudio de campo, realizado con grupos de padres que opinaron sobre la educación, dice: “La escuela vive nuevas tensiones socioculturales y evidencia serias dificultades para enfrentarlas. Nueva cultura escolar, nuevas familias, nuevas infancias, un marcado deterioro socioeconómico y una significativa fractura social ponen a las instituciones educativas ante conflictos para los que no fue diseñada. Problemas alimentarios, psicosociales y de aprendizaje, en una sociedad fuertemente fragmentada y diversa, que un mundo digitalizado intensifica y multiplica”.

Otro punto. “Los equipos directivos no aparecen referenciados significativamente por los padres y madres. Hay dificultad para percibir sus responsabilidades, los protocolos y procedimientos de trabajo y comunicación, las expectativas que tienen sobre sus hijos y los aprendizajes. El docente en el aula surge como único referente, y se lo considera demandado para múltiples tareas (sociales, comunitarias, administrativas, entre otras) que exceden las específicamente pedagógicas”.

EL DIA entrevistó a dos directoras, una maestra y una profesora de escuelas populosas y enclavadas en barrios altamente vulnerables.

Para Ana María Naya y Rosana Fernández, directora y profesora de Inglés y Educación Física de la Primaria 41 (520 y 139), y para Claudia Campos y Griselda Lambolla, directora y maestra de grado de la Escuela 63 (44 y 155), educar en la complejidad, la carencia, la diversidad, es su “todos los días” y lo afrontan con “pasión y locura”, como exclama Rosana.

la escuela entre carencias y conflictos sociales

Ana María Naya: “Nuestra escuela (Primaria 41 de La Granja) se encuentra en una zona de alta vulnerabilidad, por lo tanto, hace tiempo que la vicedirectora y yo nos hemos repartido las áreas sobre las que trabajamos con mayor énfasis: ella, en la pedagógica, y yo, casi exclusivamente en la social”.

Rosana Fernández: “Es cierto que la docente es la cara visible de la escuela, la referencia de los padres, y no está mal que así sea. Lo importante es dejar en claro que, cuando una escuela funciona, es porque hay un trabajo en equipo. No tomamos decisiones sin la anuencia y apoyo de los directivos”.

Ana María Naya: “A la Escuela 41 vienen muchísimos alumnos de países limítrofes, de provincias del norte, sobre una matrícula total de 1.200. La mayoría de las familias tienen necesidades económicas. Sabemos con qué alumnos trabajamos y por eso no cerramos en todo el año, ni en el receso invernal ni en el verano. Porque el mejor lugar para los chicos del barrio es la escuela”.

Rosana Fernández: “Hay muchos problemas que recorren el aula; violencia familiar, chicos que vienen sin comer, o sin dormir porque de noche cartonean, otros que llegan solos, se van solos y en su casa están solos. Entonces a la docente le surge la pregunta: ¿hasta dónde exijo?

Pero detrás de cada maestra existe la directora, la vice, el equipo de orientación escolar (ex gabinete psicopedagógico), profesores, y además se trabaja en red con otros organismos e instituciones. Hay herramientas. Hay que saber utilizarlas”.

Ana María Naya: “(Así y todo) si no se cumplen los objetivos el chico debe repetir. No es algo malo. Y debe quedar en claro que se trata de un fracaso compartido, entre el alumno y la docente. Por eso, al año siguiente tiene que ‘matarse’ para que el niño recupere y se ponga a la par del resto”.

¿cada escuela un mundo?

En el estudio del Observatorio de Calidad Educativa los padres dicen que la escuela depende de los directivos y docentes que “le tocan en suerte”. Que puede haber dos a cuatro cuadras de distancia y representan dos mundos distintos.

Ana María Naya: “Sí, las escuelas dependen de las maestras. Esta es una profesión que implica un compromiso gigante. Hay que tener en cuenta que los padres nos dejan lo más preciado: sus hijos. Si no se ejerce con pasión, sin ahorrar esfuerzo alguno, se falla.

Yo tengo el WhatsApp abierto todo el fin de semana para que los padres se comuniquen. Otras docentes van a la casas de los chicos si faltan”.

Claudia Campos: “Los padres a veces vienen enojados. Cargan con sus problemas -la Primaria 63 también está en una zona altamente vulnerable- y llegan citados por su hijo, o simplemente hacen algún planteo. La consigna es una sola: jamás debe dejarse a un padre en la puerta de la escuela. Al papá, a la mamá, hay que hacerlos pasar, que se sienten, y escucharlos. Nadie puede manejarse bien con sus alumnos si no conoce la problemática que rodea a cada familia. Esto vale para los directivos y para las maestras”.

Ana María Naya: “El vínculo con los padres se construye cada día. Hay que revincularse constantemente. Ese padre o esa madre que viene citado a la escuela, quizás está perdiendo una hora de paga en su trabajo. Merece el máximo de los respetos. Y la verdad es que no siempre lo recibe”.

momentos de tension

En el trabajo “Familias y escuelas en La Plata”, los padres opinan que hay cierta naturalización de la violencia, y en general lo atribuyen a las condiciones socioeconómicas, al deterioro de los vínculos de comunicación en las familias, a la marginación de los padres de los niños con problemas y dificultades de adaptación. Y perciben que, a veces, la única solución que les dejan es sacar a sus hijos de la escuela y buscar otro establecimiento.

Griselda Lambolla: “Hay muchas formas de abordar las problemáticas. Primero, con el equipo de orientación. Luego, a través del cambio de sección hasta que el niño entable vínculo con una maestra, pues a veces no se lleva bien con una y sí con otra. Siempre tomando las decisiones en equipo. A mi me pasó que fui a buscar a un niño muy problemático a su casa, y recién en 4º grado pude empezar a trabajar con él. Ser docente no se trata de ir, dar una clase y volverse a casa”.

Ana María Naya: “Una se pone en el lugar de los padres que tienen que enviar a su hijo a la escuela y no están tranquilos porque uno, dos o tres niños lo molestan. Nuestro deber es hacerles entender a esos padres que estamos trabajando para que esos chicos cambien, mejoren y el día de mañana tengan otras oportunidades. Pero también que tienen el derecho de estar en una escuela pública. Sí, hay un momento de tensión. Lo único que no se les puede decir jamás a los padres es que no se puede hacer nada. Siempre se puede hacer algo”.

Griselda Lambolla: “Ningún niño nace violento. El niño es lo que ve, lo que vive a diario. No es fácil que todos los papás comprendan. Pero si se genera un buen vínculo con las familias, se puede trabajar bien”.

Claudia Campos: “Ser maestro es una de las tareas más nobles. Es cierto que la escuela es la caja de resonancia de todas las problemáticas sociales. En rigor, siempre lo fue. Ocurre que hoy la sociedad está más violenta y la violencia entra a las aulas por la ventana. La escuela no es violenta. Hay violencia en las escuelas porque son el reflejo de la sociedad, que es una cosa totalmente distinta. Hay que tener mucha vocación para trabajar en contextos complejos. En la Escuela 63, con 700 alumnos, no podés sentarte a dar clase y ya. Luego, se genera un montón de cuestiones que nos pone ante la encrucijada: ¿hasta dónde puede o debe ocuparse la escuela y hasta dónde no? De ahí que es tan importante la libertad para trabajar, el apoyo de las inspectoras, el trabajo en red con otros organismos e instituciones.

el pizarron (entre la espada) y la pared

El hecho de que las maestras tengan que lidiar con tantas cuestiones sociales, ¿hasta dónde incide en el normal proceso de enseñanza-aprendizaje?

Ana María Naya: “Claro que resolver conflictos lleva un tiempo. Pero lo primero que hay que trabajar es eso, con el grupo. ¿Te distrae unas horas? Sí. Pero es otra situación de aprendizaje”.

Griselda Lambolla: “Para los chicos y para las maestras. Todos aprendemos”.

Rosana Fernández: “Además, las maestras suelen volcar esas cuestiones al aprendizaje formal. Arman carteles, idean frases que hablan de la convivencia, trabajan en grupo”.

Claudia Campos: “El docente tiene que estar preparado para buscar soluciones sin desviar los objetivos pedagógicos”.

nueva realidad, ¿viejas respuestas?

En el estudio realizado con las familias, quedó muy claro que los padres y madres perciben que toda la problemática social hoy recae sobre la escuela, la cual “responde con la misma estructura y herramientas de cuando nosotros éramos chicos”. Eso provoca un fuerte impacto, que se traduce en conflictos cotidianos.

Las directoras y maestras consultadas no creen que sea así.

Claudia Campos: “No. La escuela cambió porque la sociedad cambió. Pero la escuela pública es la institución que siempre está presente. Hay nuevos desafíos: el hostigamiento, la violencia que entra desde afuera, problemáticas sociales muy complejas. Pero siempre existen capacitaciones. Equipos de trabajo.

Aunque los padres perciban que las escuelas no forman parte de un sistema, porque ven muchas diferencias entre una y otra, lo cual es cierto y depende de las docentes, hay un sistema.

Y lo más importante es que el objetivo de la escuela no cambió. Sigue siendo formar y educar a los niños para que tengan oportunidades, posibilidades”.

Ana María Naya: “El conflicto que estalla paraliza. Hoy existe en las escuelas mucha carga de los adultos. Por eso, la clave es no dejar pasar los indicios de conflicto, prevenir, evitar que evolucionen y estallen, porque cuando estallan es mucho más complejo resolverlos. No prevenir es potenciarlos.

Por ello insistimos en que a los padres nunca se los debe dejar en la puerta de la escuela ni en los pasillos. Hay que escucharlos siempre cara a cara. Por más enojados que estén”.

Griselda Lambolla: “Lo peor que puede hacer la escuela en este contexto es replicar la realidad.

La escuela debe construir posibilidades, oportunidades para todos”.

 

Hay enormes problemas en el aula. Violencia familiar, chicos que vienen sin comer, otros que cartonean. Entonces la docente se cuestiona: ¿hasta dónde exijo?”

ROSANA FERNANDEZ
Profesora de Inglés y Ed. Física en la Escuela Nº 41 

Sí, las escuelas dependen de las maestras. Esta profesión implica un compromiso gigante. Si no se ejerce con pasión, sin ahorrar esfuerzo alguno, se falla”

ANA MARIA NAYA
Directora de la Escuela Primaria Nº 41 de 520 y 139, La Granja

Jamás debe dejarse a un padre en la puerta de la escuela. Al papá, a la mamá, hay que hacerlos pasar, invitarlos a sentarse y escucharlos siempre”

CLAUDIA CAMPOS
Directora de la Escuela Primaria Nº 63, de 44 y 155

Por mucho tiempo fui a buscar a un niño muy problemático a su casa, y recién en 4º grado pude empezar a trabajar con él. Ser maestra no es ir, dar una clase y volverse a casa”

GRISELDA LAMBOLLA
Maestra de 5º grado en la Escuela Primaria Nº 63 del barrio El Retiro

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