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18.12.2017
JUAN GIL NAVARRO

“Mel Gibson me llevó a Shakespeare”

La televisión le dio la oportunidad de poder elegir cómo manifestarse artísticamente y no lo dudó: los tiempos del teatro son su primera opción. El domingo se presentará gratis en el Coliseo, interpretando a emblemáticos personajes del autor inglés

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“La clave está en entender qué es lo que estás diciendo, no para quitártelo de encima, sino que hay que transitarlo”

Por Maria Virginia Bruno

El éxito en la televisión, que cosechó gracias a productos masivos como “Floricienta”, “Vidas robadas” o “Secretos de amor”, entre otros títulos, le dio libertad. Libertad de poder elegir en qué formato poder manifestarse artísticamente, y no lo dudó. “Esa elección es teatro”, aseguró Juan Gil Navarro, el reconocido actor que, este domingo a las 21.30, subirá al escenario del Coliseo Podestá con “Shakespeare. Todos y ninguno”, el unipersonal en el que la da vida a emblemáticos personajes del autor inglés, en el marco del programa gratuito AcercArte.

El espectáculo, dirigido por Jorge Vitti, está basado en el que Alfredo Alcón protagonizara en la década del 90 en la Fundación Banco Patricio, e incluye fragmentos de “Hamlet”, “Falstaff”, “MacBeth”, “Romeo y Julieta”, “Otelo”, “Ricardo III”, “Julio César”, “Rey Lear”, “Coriolanus”, “Timón de Atenas” y “La tempestad”.

A punto de iniciar una gira de dos meses por Francia y España, con el doble programa de Copi que se ofreció en el Cervantes (“Eva Perón/El homosexual o la dificultad de expresarse”) y que lo tuvo como protagonista en ambas, el actor dialogó con EL DIA sobre su pasión por las tablas, su experiencia en el universo shakesperiano y la aventura de salir a recorrer la Provincia que, a esta altura de su vida, a los 44, lo sorprende gratamente.

-La gente te reconoce por tus trabajos en la televisión, sin embargo, arriba del escenario, se te va más cómodo...

-Yo empecé a los 23 trabajando en tele, si bien había estado haciendo talleres de teatro. Pero la tele fue la puerta para empezar a laburar. Y luego, a través de determinadas cosas que fueron muy exitosas en la tevé, pude elegir, y elegir significa poder hacer teatro. Y haciendo cosas buenas en tele, yo entendía y entiendo que uno puede convencer a alguien a que abra la billetera y pague una entrada. Pero curiosamente, como si fuera una mesa de billar, haber pegado en una banda me permitió ir para la otra. Esa fue la estrategia.

-¿Qué posibilidades de expresión te dan las tablas que no encontrás en otros formatos?

-No es mi intención sonar snob. Son espacios distintos, fundamentalmente acá, porque la calidad televisiva es cada vez más baja con honorables excepciones en las que uno ve cosas bien hechas porque hay tiempo. Y en el teatro, inevitablemente, tenés que ensayar un tiempo. En la tevé, no hay tiempo para el ensayo. Y muchas veces la presión de un productor, que le dice a un guionista entregame esto como sea, hace que el material llegue incompleto a las manos de un actor y que el actor en muchos casos tenga que hacer un malabar para hacer que su cara no esté al frente de eso que es una milanesa que está a medio freír. No se pueden apurar determinadas cosas. En el teatro no hay apurones, y uno está más cerca de lograr el ideal que tiene en la cabeza. En la tele jugás a los dados. Y en el teatro jugás al ajedrez.

-El domingo llegás a La Plata con “Shakespeare. Todos y ninguno”, con el que estás recorriendo la Provincia. ¿Cómo vivís esa experiencia?

-Es un privilegio muy extraño éste que me toca, a esta edad, porque si bien yo había hecho cosas chiquitas de gira, esto, salir en solitario, junto con el director Jorge Vitti, es como jugar a ser un poco un Podestá; saliendo con la carreta por los pueblos de la Provincia, y encontrándose con gente que quizás nunca vio una obra. Con Podestá hay una anécdota divina, creo que hacían Moreira, y uno de los gauchos que estaba entre el público desenvainó el facón y quería asesinar a un villano de esa historia. Y creo que fue Podestá quien lo frenó, improvisando a un Moreira, diciéndole ‘déjemelo a mí’. Antes la ingenuidad era enorme.

-El hecho de llevar la obra a lugares que quizás no tienen la costumbre de ir al teatro, ¿se vive como un desafío?

-Sí. Por ahí hay gente que no termina de entender por qué es necesario apagar un ratito el celular nada más. En otros momentos me enojaba, después entendí que no es tan sacro lo que estamos haciendo, que la gente puede tener otras necesidades. Son otros tiempos. Pero me sorprende que la gente no se permita estar ahí, un ratito, atendiendo eso que tanto interés le generó. No sé si tiene que ver con la cultura teatral, me parece que tiene que ver con un mal de estos tiempos que es la ansiedad. Y el teatro no se lleva bien con la ansiedad. Pero es un mayor desafío, sin dudas, porque cuando la magia del teatro ocurre, y los tenés a todos en un puño, es precioso. Hay que trabajar por eso.

-¿Cuál fue tu primera aproximación al universo de Shakespeare?

- Cuando tenía 16 años era, como muchos varoncitos, fanático de Mel Gibson por “Mad Max” y “Arma Mortal”. Y me acuerdo que un día con fiebre me había quedado en casa y encontré en la biblioteca de mi vieja un librito con las obras completas de Shakespeare, y no sé por qué estaba marcado en Hamlet. Y yo la leí. Era una versión muy antigua, muy mala, española. Pero me encantó. Y me entero un tiempo después que se estrenaba en el cine “Hamlet” con Mel Gibson dirigida por Zeffirelli, con Glenn Close, y lo fui a ver. Quería ver qué hacía este tipo. En realidad, increíblemente, Mel Gibson me llevó a Shakespeare, y Shakespeare a los actores ingleses. Y ahí ya me enamoré perdidamente de la forma que tienen de interpretar porque son verdaderamente especiales. Tienen una calidad para la actuación en general que es sorprendente, y tiene que ver con entender técnicamente algo, y después hacer que todo parezca sencillo.

-¿Qué herramientas o “sensibilidades” tiene que tener un actor para interpretar un texto de Shakespeare?

-Un actor tiene que tener pasión y una monacal dedicación con la palabra. Shakespeare es como una especie de mina de diamante, tenés que tener un aguante y una certeza muy profunda por eso que estás queriendo encontrar. Cuando aparece es fantástico. El secreto está en romper la palabra a tal punto que la entiendas, no para memorizar sino para entender que el acto mágico, de seducción, arriba del escenario, tiene que ver con pensar la palabra cada vez que estás arriba, y cuando verdaderamente la pensás, como si fuera la primera vez, el que está escuchando también la siente. Y ese círculo empieza a tener una especie de energía propia.

-Hay que sentirlo, para transmitirlo...

-Claro. Es como prender un motor, una hélice de un motor antiguo que hace fuerza para arrancar y cuando arranca hay un envión que es como un remolino en el agua, que lo hace andar solo, y sólo tenés que montarte. Pero hasta que arranca, lo que tenés que hacer es confiar en todo el trabajo que hiciste antes. Para eso sirven los ensayos. La clave está en entender qué es lo que estás diciendo, no para quitártelo de encima, sino que hay que transitarlo.

-¿Cuáles son las diferencias que tiene esta versión con la que protagonizó Alfredo Alcón?

-Alfredo lo leía, y cuando yo me planteé hacer esto, Jorge Vitti me dijo que no buscara una obra, algo tan grande; me dijo “andá por fragmentos, hacé una degustación, pero no lo leas, interpretalo, yo te dirijo. Tomémonos el tiempo, y vas a ver la diferencia”. Y así fue. Lo hacemos con una silla, una copa y un bastón que me traje de España hace mucho tiempo. Y la palabra, claro. Nada más.

-¿Qué consejos o recuerdos te quedaron de cuando hiciste “Rey Lear” con Alcón?

-No me dio consejos estrictamente, porque era muy respetuoso con el trabajo del otro. Y el odiaba que lo consideraban maestro. Pero una vuelta me dijo algo que me emocionó profundamente. Saliendo de uno de mis monólogos de “Rey Lear”, el tenía que entrar después, y se tomó tres segundos y me dijo “cuando estás arriba del escenario sos lo mejor de vos mismo”. ¡Debo haber dicho bien las cosas (risas)! Después, a tres días de su muerte, tuve un sueño con él, estábamos en un bar, y se reía y me decía “¿qué estás haciendo con tu estupidez?”. Y tampoco me lo olvidé más. Así que supongo que el consejo es ése: ver qué hacés con tu estupidez arriba del escenario, ver como evitás ser un cliché. Porque tenés que estar vivo, y si no estás vivo sos un estúpido, un mentiroso. La actuación no se trata más de mentir, se trata de decir la verdad con las apariencias de una mentira.

-A 400 años de su muerte, ¿por qué los textos de Shakespeare siguen vigentes?

-Los textos están vigentes porque han sido tan bien escritos, que no sé si alguien volvió a decir esto de una manera tan precisa. Alguien dijo que sin Shakespeare no hubiese existido Freud. Hay un texto que yo digo en la obra: “Consigase un ojo de vidrio, y haga como los políticos que simulan ver lo que no ven”. Fijáte. Creo que por ahí porque hemos evolucionado en la tecnología pero no en las emociones, en la empatía. Creo que ese tipo sabía que estamos todavía en el tránsito, que en algún lugar somos como monos. Si Darwin nos viera, diría “lo que nos falta por evolucionar”. Creo que el cromosoma Shakespeare ayuda a que tengamos una mejor genética emocional para más adelante.

-¿Por qué hay gente que le “teme” a los clásicos?

-Porque generalmente están muy mal hechos, se entienden de una manera solemne, y estúpida, y retrógrada. Y hay gente muy snob que se encarga de decirle a los demás “no, porque la cultura es para poca gente, y entendida” entonces todo huele a naftalina, y todo se dice con una papa en boca. La cultura es entender por qué hay que lavarse las manos. Y si te lo dicen bien, vos lo entendés. Creo que cualquier acto cultural mal comunicado es algo a lo que uno se resistiría siempre. Si uno es sincero, y muy amoroso en la forma, uno puede ganarle a toda esta banda de snob, que creen que son el refugio de la cultura.

“Creo que los textos de Shakespeare siguen tan vigentes porque por ahí hemos evolucionado en la tecnología pero no en las emociones, en la empatía. Quizás él sabía que estamos todavía en el tránsito, que en algún lugar somos como monos. Pienso que el cromosoma Shakespeare ayuda a que tengamos una mejor genética emocional para más adelante”

PARA AGENDAR
QUE: “Shakespeare. Todos y ninguno”
CON: Juan Gil Navarro
POR: Jorge Vitti
CUANDO: Domingo, 21.30
DONDE: Coliseo Podestá
ENTRADAS: Gratis ( se retiran el domingo, desde las 15, en el puesto de informes de AcercArte en Plaza Moreno)

 

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