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21.1.2018
Tendencias en hollywood

En “Star Wars”, las mujeres al poder: la ópera espacial abraza el feminismo

En la última entrega de la saga las mujeres aparecen como protagonistas y ofrecen una visión del manejo de poder alternativa

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rey representa una nueva era para “star wars”, donde las mujeres toman el poder / outnow

leia, al frente del mando

laura dern es holdo

En las primeras tres películas de “Star Wars”, había solo tres mujeres. Dos eran prácticamente irrelevantes; la tercera era la Princesa Leia, a la vez una mujer esclavizada y obligada a usar un bikini dorado y revelador y un personaje absolutamente rudo, capaz de protegerse a sí misma, un personaje rupturista, que llegó al cine treinta años antes de tiempo, tres décadas antes de que el género femenino consiguiera traccionar cambios sustanciales en el modo en el que la industria cinematográfica más poderosa las muestra en la pantalla.

Interpretada por la legendaria Carrie Fisher, fallecida en 2016, Leia es en “Star Wars: Los últimos Jedi”, la última entrega de la saga galáctica, el corazón de una cinta que ha sido calificada como la primera película feminista de la saga y, probablemente, del cine a escalas industriales. Una película que pone en el centro de las acciones a tres mujeres, Rey, Leia y Holdo, las tres claves en el éxito parcial de la Resistencia, un éxito coartado por la insistencia de los varones de la película de continuar jugando al héroe.

En la cinta, las mujeres están en todos lados: como en el mundo real, nunca imitado en la ópera espacial, con sus tres mujeres en toda la galaxia, hasta ahora, hay mujeres técnicas, mujeres líderes, mujeres guerreras, pilotos y villanas. El protagonismo conquistado es apenas el comienzo: hasta este momento en que el cine parece haber comenzado a escuchar los reclamos de las mujeres, las escasas heroínas femeninas aparecían representadas en soledad, como héroes masculinos con peluca (y, en lo posible, vestidas bien sexies); en “Los últimos Jedi”, las mujeres no solo ocupan todas las posiciones en el mundo laboral de la Resistencia, sino que trabajan en conjunto, hermanadas, en contraposición a los hombres de la película, que actúan solos, criados bajo la creencia de que el sacrificio heroico es el único camino.

PERSONAJES FUERTES

“Lo que me gusta de esta saga es que si bien hay personajes femeninos fuertes, no se comportan como hombres”, explica Gwendoline Christie, quien quería ser parte del universo de “Star Wars” desde que por primera vez se encontró con la Princesa Leia, una heroína diferente a todo lo que había en televisión y cine. Ahora las mujeres de la ópera espacial intentan llevar a los personajes femeninos de cine a un nuevo siglo, convirtiéndose en modelos a seguir en una industria desprovista hasta muy recientemente de espejos inspiradores para las mujeres, que les muestren que pueden ser poderosas a través de un megáfono tan potente como el de Hollywood. Si alguien todavía pienso que los estudios angelinos no definen nada en la vida real, mírense al espejo la próxima vez que fumen un cigarrillo.

Christie ocupa en la cinta el rol de un personaje poco logrado, la Capitana Phasma, cuyo principal valor reside en mostrar que las mujeres no solo pueden ser heroínas; también, por qué no, pueden ser villanas. “No es común ver a un personaje femenino con una violencia que viene desde dentro. Hay algo prohibido en nuestra sociedad al respecto, ese no es el modo en que las mujeres deben comportarse. Así que interpretar a un personaje que no se avergüenza de ello me emociona”, dijo Christie.

También Rey muestra violencia física sin tapujos, pero en rigor el camino que proponen las mujeres de “Star Wars: Los últimos Jedi” es uno alternativo a la violencia patriarcal, siempre buscando la conquista, el aplastamiento del otro: evidente en la masculina Primera Orden, con sus dos tenientes, Kylo Ren y Hux, luchando como nenes por las migajas de poder que les brinda su padre sustituto e incluso conspirando contra el objetivo común al conspirar el uno contra el otro, el golpe maestro del filme es que Rian Johnson coloca esta crítica al camino del héroe masculino en el personaje más querible de la cinta, el intrépido Poe Dameron.

POE, EL hÉROE SOLITARIO

Leia (perdón, a la General Organa: basta de princesa, basta de ropas lujosas, el personaje de Carrie Fisher mutó para la saga para convertirse en una líder que no admite zonceras y que comanda respeto, un tributo al activismo de Fisher por los derechos de las mujeres) se enfrenta a Poe porque las hazañas del mejor piloto de la galaxia causan cientos de bajas: su General necesita que la escuche, como su superior, pero, sobre todo, que comprenda que lo mejor para su lucimiento generalmente es lo peor para el equipo. Poe no escucha: del principio al fin de la película, las decisiones de Dameron son erradas, e incluyen un motín contra Holdo, que toma el lugar de Leia cuando vuela por los aires y a quien rechaza inmediatamente, sospechamos, por ser mujer. “Esperaba otra cosa”, dice entre dientes, antes de comenzar a discutir cada decisión de su jefa.

La actitud de Poe, de un individualismo central en las primeras seis películas de la saga, causa en la octava entrega prácticamente todas las bajas que sufre la Resistencia. Pero, como muchos hombres hoy, finalmente aprende a escuchar, se abre a nuevos caminos, a otras visiones de mundo, menos confrontativas y bélicas; el mismo camino sigue Finn, un personaje descartable de la saga que se pasó todo el Episodio VII queriendo levantarse a Rey (memorable el momento en que le grita “¡deja de tomarme la mano!”) y al final del Episodio VIII intentó jugar al héroe inmolándose contra una mini Estrella de la Muerte paródica del McGuffin habitual de la saga. Rose, su compañera de aventuras en este capítulo, lo salva y le explica, en un momento algo cursi pero poderoso: “No ganaremos peleando contra lo que odiamos, sino salvando lo que amamos”, una explícita declaración de principios anti-patriarcal, inclusivo y poderoso de la cinta de Johnson, la más política de la saga, en tiempos de Trump.

¿BUENA O MALA?

Nada de esto implica que “Los últimos Jedi”, la película que más divide a los fans de la saga, sea una gran cinta: ciertamente, hay momentos desprolijos, un segundo acto larguísimo con una historia de ricos contra pobres que lleva a extremos insostenibles su superioridad moral, la corrección política por momentos agota (¿Chewbacca vegano?) y, claro, como ya han señalado millones de fans, Rey es simplemente demasiado apta: los héroes anteriores de la saga, masculinos ellos, habían atravesado un largo proceso para controlar su Fuerza, y, a todas luces, incluso fallaron tras esmerarse por mejorar; la protagonista de la nueva trilogía pilota y arregla una nave vetusta mejor que su dueño, y controla sus poderes mejor que uno de los personajes más poderosos, sin entrenamiento. Como si una heroina de la pantalla grande solo pudiera ser Mujer Maravilla, un personaje sin fallas humanas, ordinarias, a las que sobreponerse.

Sin embargo, el relieve de la cinta está más allá de estos detalles. El fenómeno de los personajes femeninos protagonistas ya ha dejado de ser una tendencia para convertirse en normativa: en el futuro, quizás se lleven a las mujeres a la pantalla de mejor manera, como en “Los últimos Jedi”, o de peor forma, como, por ejemplo, en “Escuadrón Suicida”. Pero allí estarán, una voz cada vez más audible, gracias a años y años de tracción silenciosa de las verdaderas heroínas, las militantes por la igualdad de género.

Los varones de “Star Wars: Los últimos Jedi” insisten en continuar jugando al héroe

 

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