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23.6.2017
EDITORIAL

Hace falta una cirugía urgente para reparar las veredas de la Ciudad

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Entre las deudas pendientes en la Ciudad, acaso una de las más visibles sea la del estado de sus veredas. Lo cierto es que pese a los anuncios que formulan las sucesivas administraciones -referidos al impulso de programas de acción de recuperación de las veredas-, la situación no sólo no ha cambiado sino que se ha llegado a extremos inadmisibles y ciertamente desalentadores en algunos casos, como, por ejemplo, cuando las que hoy presentan mayores dificultades y riesgos para caminar son las veredas que pertenecen a reparticiones oficiales. Lo mismo puede decirse cuando las deficiencias se advierten en las veredas de algún paseo público.

Así, una nota publicada en este diario reflejó el pésimo estado que presentan muchas veredas del centro platense, ya sea por la faltante de baldosas o por los desniveles que exhiben, al punto de que impiden un desplazamiento normal de los peatones.

Como se sabe, el mantenimiento de las veredas es responsabilidad primordial de cada uno de los frentistas. Sin embargo, bien se conoce también que la mayoría no sólo no cumple con el deber de mantenerlas en buen estado, sino que ni siquiera se ocupa de barrerlas y limpiarlas. El resultado de esas actitudes individuales es colectivo y lo que resulta es una ciudad que aparece como rota, sucia y abandonada.

Desde luego que la falta de compromiso de los frentistas no sólo tiene que ver con problemas educativos de base –y, más concretamente, de la falta de conciencia de muchas personas acerca de lo importante que resulta mantener en condiciones a los espacios públicos-, sino también de un endémico desinterés de la Comuna, que no obliga a los propietarios a que cumplan con las ordenanzas vigentes en la materia.

En cuanto a las veredas que corresponden a los frentes de reparticiones públicas, en años anteriores la Municipalidad había iniciado conversaciones con los distintas organismos, para reclamarles que reparen las veredas con la finalidad de garantizar el paso de los peatones, pero todo parece haberse diluido en la nada, con la excepción de dependencias del Poder Judicial –en especial el palacio de Tribunales y el de los edificios penales de avenida 7- que el año pasado repararon muchas de sus veredas. Sin embargo todo sigue igual frente a edificios de dependencias nacionales y provinciales, en hospitales, escuelas, comisarías y otras sedes gubernamentales, cuyas veredas siguen en pésimo estado.

En el caso de los propietarios particulares, entre las opciones que –también se barajaron en muchas oportunidades- los funcionarios aludieron a la de cursarles las intimaciones que sean pertinentes y, de no ser éstas acatadas, avanzar con las reparaciones con cuadrillas municipales para luego cobrar el costo de arreglos e insumos a partir de mecanismos como el pago en cuotas. Sin embargo, todo permanece en el plano de las buenas intenciones.

Es demasiado importante nuestra ciudad como para permitir que los vecinos y los organismos públicos se desentiendan del estado de sus veredas. Se trata de una omisión que, desde luego, resulta absolutamente injustificada. De allí que urja la efectiva puesta en marcha en la Municipalidad -no tan sólo la formulación de un anuncio- de un plan integral de reparación de las veredas, que obligue los propietarios a cumplir con el deber que tienen de mantener esos espacios en buen estado, de modo que los habitantes dispongan de una ciudad en condiciones, digna de ser vivida.

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