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16.12.2017
PUNTOS DE VISTA

La Ciudad y las “cosas”

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La Ciudad y las “cosas”

La Ciudad y las “cosas”

Por MATIAS MANUELE (*)

En 2005, en el marco de la Muestra Ambulante, coordinábamos desde la Universidad un taller de historia oral con personas que habían sido ferroviarios. El taller era en el andén de la vieja estación del ferrocarril provincial. Como sociólogo esperaba encontrar en esas voces anécdotas sobre el tren, la vida entre el campo y la ciudad, las noches en la pensión, etc. Encontré en cambio un relato preocupado por el peso de las maquinas, los kilómetros de rieles, los caballos de fuerza, y nombres como la “Justicialista”.

Pero la idea del patrimonio y su conservación no puede limitarse a “las cosas”. Los objetos cristalizan las relaciones entre personas que los construyen, circulan, usan, y reinventan cuando han sido descartados. Lo mismo pasa con las ciudades. Las construimos, circulamos, usamos. Y especialmente, reinventamos.

Dos formas de entender el desarrollo local se cuelan en los actuales debates sobre los modos de regeneración de zonas urbanas degradas. Una propone las grandes infraestructuras, suponiendo que estas derramarán los beneficios de la transformación escenográfica. Las obras de Calatrava en Valencia o Nueva York, el Guggenheim en Bilbao, o la remodelación de Puerto Madero, son ejemplos. Esas intervenciones dinamizan el espacio urbano a través del impacto del turismo en el mercado local. Efectos que éstas son la transformación estética, económica, la seguridad (no por la presencia de fuerzas sino por la ocupación de espacios abandonados). Pero provoca también la expulsión de los habitantes por la especulación inmobiliaria, la mercantilización del espacio público, y en general lo que se conoce como “gentrificación”.

Frente a este modelo que llamaré “sólido”, por sus intervenciones pesadas, imponentes y costosas, otro modelo es posible. El arquitecto Rubén Pesci lo llama “leve”. La levedad no implica la superficialidad pues no elude lo conflictivo. La levedad es radicular, moviliza las fuerzas locales, pone en relación a los vecinos (entendidos de manera compleja como comerciantes, decisores políticos, militantes barriales, artistas, niños, niñas, etc.) para que sean ellos quienes, a través de sus propias prácticas, dinamicen su espacio de vida, recreen viejas y nuevas formas de vivir y sobrevivir.

Esta manera de entender el desarrollo se viene desplegando en el barrio Meridiano V desde hace ya dos décadas. El centenario edificio de la Estación del Ferrocarril Provincial se encontraba abandonado desde 1977.

LOS INICIOS

En1995 el itinerante Grupo La Grieta organizó la primer Muestra Ambulante en la estación, negocios y garajes. En 1998 otro grupo de vecinos, hijos y nietos de ferroviarios, con mucho esfuerzo y poniendo su propio patrimonio personal gestaron el Centro Cultural Estación Provincial. Se sumaron luego el grupo de teatro comunitario “Los Okupas del Andén”, el Centro Cultural “Viejo Almacén El Obrero”, La Grieta se instaló en el Galpón de Encomiendas y Equipajes, el grupo “El Faldón”, “Séptido” acrobacia aérea, “Batuquelé” Percusión.

Numerosos bares abrieron y cerraron, las asambleas de 2001 volvieron a juntar a los vecinos, las Muestras Ambulantes, los carnavales, las ferias populares, y nuevamente las asambleas en 2013. Ese despliegue radicular, conflictivo y festivo, transformó los edificios vacíos y la frontera entre dos zonas de la ciudad que se negaban mutuamente en un gran espacio de encuentros.

La nota de EL DIA titulada “Cada vez más galpones ferroviarios con su destino alejado de los trenes” abre un debate. No es mi intención hablar sobre el particular conflicto entre la Asociación de Ferroviarios y el Frente de Trabajadores de la Cultura, pero hay una serie de afirmaciones sobre las que se puede opinar.

La idea que “el tradicional polo ferroviario de calle 71 está ocupado totalmente por actividades que poco y nada tienen que ver con la historia y el patrimonio”, no solo allana y desacredita en bloque un conjunto de experiencias ciudadanas múltiples y diferentes, sino que desliga la idea de patrimonio de la innovación y la creatividad con la que los vecinos vienen sosteniendo y llenando de vida ese espacio de la ciudad.

Por otro lado, se afirma la necesidad de dar “coherencia a un espacio desaprovechado y desvirtuado por intereses que no siempre coinciden con los de la mayor parte de la comunidad”, desconoce la participación y el protagonismo de los vecinos. Ellos no son “otros”, no son “cosas” del paisaje, sino que son los actores principales; no son usuarios de la ciudad, son hacedores de ciudad, y con ese profundo respeto se ha ido construyendo el Circuito Cultural Meridiano V.

Pensar La Plata no es solo pensar en su cuadricula. No son los palacios, las plazas, o los galpones los que hacen la ciudad, sino sus habitantes, quienes en su andar, en sus encuentros, en sus cotidiano vivir la reinventan.

El Proyecto “La Plata, Paisaje Cultural” quiere recuperar justamente ese valor de la ciudad que Dardo Rocha ideó, el de una ciudad vivible, diseñada a escala humana y por ello, con la capacidad suficiente para ser repensada y rediseñada permanentemente por sus habitantes.

 

(*) Sociólogo

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