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23.9.2017

La primavera del teatro

El boom de las salas teatrales llenas en la Argentina. Un reconocimiento en la apertura de la Feria del Libro. El fenómeno en La Plata. Qué busca la gente cuando va a ver un espectáculo. Testimonios

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Por MARCELO ORTALE

Hace muchas décadas se hablaba de la agonía del teatro en la Argentina. Las salas se veían vacías, los grupos teatrales raleaban, el póstumo auge había sido el de los sainetes y de las revistas en la calle Corrientes, en los albores y hasta mediados del siglo pasado. Pero en las últimas cinco décadas, el teatro renació. Primero en forma gradual. Luego se convirtió en el boom que es ahora. Buenos Aires es considerada una de las capitales mundiales del teatro, junto a Nueva York, Londres, París y Tokio. El teatro argentino se encuentra en una larga primavera, con escenarios en donde crecen los aplausos.

Es bueno aludir a una reciente polémica entre dos grandes del teatro argentino. Ellos son dos autores muy conocidos. En realidad, lo que ocurrió fue que, por primera vez en sus 41 ediciones, la Feria del Libro que concluyó el lunes pasado le concedió el discurso inaugural a un dramaturgo, Roberto “Tito” Cossa, que en la sala Jorge Luis Borges casi presentó una suerte de excusa o de pedido de disculpas: “Los dramaturgos somos escritores con capacidades diferentes”, dijo. El autor de tantos éxitos habló de la diferencia entre un dramaturgo y un novelista o ensayista.

¿Qué es el teatro? Se podría ir a la cumbre y pedir auxilio allí: “El mundo es un tablado y todos los hombres y mujeres, unos pobres actores”, fue una respuesta que dio William Shakespeare.

“Estar acá siempre es potestad de narradores o poetas, por eso me pregunté si los dramaturgos somos escritores, porque hay diferencias. El escritor sueña con el lector, nosotros con el espectador. Y le entregamos la obra al actor, que lleva la palabra”, dijo Cossa.

Esto merecería, pocas horas después, una respuesta amable y controversial por parte de otro patriarca del teatro argentino, Carlos Gorostiza (95): “No, no coincido en algo que dijo Tito en el discurso inaugural. Él dijo que el “dramaturgo tiene capacidades diferentes”, eso es decir que tiene una discapacidad, pero los autores de teatro somos escritores. Escribimos. Cuando me preguntan “de qué trabaja usted?”, contesto “de escritor”. Causó gracia lo que dijo Tito, sobre todo a los que no escriben teatro. Se lo voy a marcar a Tito cuando lo vea. Somos escritores. Autores son todos: un músico, es un autor; pero el que escribe es escritor”.

Pero lo que queda como principal contexto es que la dramaturgia presidió el encuentro literario más importante de Latinoamérica y que ello no fue sino un espaldarazo a la gravitación que el teatro viene ejerciendo sobre la propia vida de la sociedad.

¿Qué es el teatro? Se podría ir a la cumbre y pedir auxilio allí: “ El mundo es un tablado y todos los hombres y mujeres, unos pobres actores”, fue una respuesta que dio William Shakespeare.

Y agregó esta otra: “Todo el mundo es teatro, y todos los hombres y mujeres no son sino personajes. Tienen sus entradas y sus salidas de escena, y cada uno de ellos interpreta diversos papeles en la vida, que no es otra cosa que un drama en siete actos…”

Todos representamos un rol. El libreto ya está escrito, la humanidad cambiante lo representa. Lo que dice el dramaturgo inglés lo habían anticipado filósofos y pensadores de la Antigüedad, que consideraban al teatro como un espejo en el que los hombres representan sus papeles en la vida real. Calderón de la Barca habló del “gran teatro del mundo” y mucho más acá, el genio de García Lorca le dio contenido sociológico: “El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso”.

PALUMBO

Nada de lo que es teatro le es ajeno al platense César Palumbo, actor, dramaturgo, director del taller “El altillo del Sur” y actual consejero provincial de teatro independiente. En nuestra ciudad, anticipa, hay unos 60 grupos de teatro independiente, en el interior hay ciudades que se destacan como Mar del Plata, con más de treinta grupos y en el Conurbano se estima en 200 el número de esos elencos. “En total en la Provincia superan los 500 grupos”, dice.

Acepta que existe un auge teatral –“sobre todo en lo que se refiere a la gente que estudia, los talleres no dan abasto, hay alumnos de 4 ó 5 años de edad, aunque no se lo crea, hasta muy mayores”- pero advierte que el crecimiento comenzó en la década del 60: “ya entonces teníamos casi veinte grupos de teatro independiente en La Plata”.

Pone de relieve que “si tan solo los que estudian teatro fueran a ver teatro…todas las salas estarían llenas…pero claro, los alumnos tienen otras prioridades. Al teatro va el que está tratando de encontrar algo, y el que estudia teatro ya lo encontró. En realidad todos los espectadores buscan distintas cosas, aún cuando yo diría que la edad promedio de la gente que va al teatro es de 30 años para arriba”.

Palumbo, que lleva más de medio siglo habitando las tablas, no cuestiona al teatro comercial, “hecho por actores, como nosotros. Pero los independientes no pueden llegar a ese nivel, no disponen de promotores que financien”. Para este hombre dedicado, que hasta llegada la noche tiene cerca de cien bulliciosos alumnos en El Altillo, “el teatro es una enfermedad incurable. Hay una magia especial en su luz y en su sombra. Y muchos que sólo van como espectadores sienten esa magia y esa atracción”.

BIANCHI

Actriz, directora, crítica teatral, Irene Bianchi asegura que el teatro ofrece todos los fines de semana un “abanico enorme de propuestas, para todos los gustos y bolsillos” y que “año tras año, las producciones de las salas independientes se han ido esmerando y ampliando, convocando a muchos espectadores del así llamado teatro comercial”.

Sostiene que también crecieron las ofertas de cursos, talleres y seminarios, para quienes desean estudiar teatro, mimo, clown, narración, improvisación, producción, escenografía, maquillaje o dramaturgia: “a fuerza de pulmón, de auto-gestión, se abren nuevos espacios, con todo el entusiasmo y fervor que implica aventurarse en una empresa azarosa y a la vez fascinante”.

¿Qué significa para Bianchi esa atracción del teatro sobre el público? “Creo que es un buen síntoma. Que no todo está perdido si esto sucede. Habla bien de la salud espiritual de un pueblo, que sigue persiguiendo utopías, contra viento y marea. Que sigue apostando a la fantasía, a la imaginación, a la creatividad, al trabajo mancomunado, en equipo, con un fin común”.

“...en las últimas cinco décadas, el teatro renació. Primero en forma gradual. Luego se convirtió en el boom que es ahora. Buenos Aires es considerada una de las capitales mundiales del teatro, junto a Nueva York, Londres, París y Tokio. El teatro argentino se encuentra en una larga primavera, con escenarios en donde crecen los aplausos.”

En cuanto al fenómeno teatral en La Plata sostuvo que “nada tiene que envidiarle la cartelera platense a la de Buenos Aires, en términos comparativos. Contamos con gente muy talentosa en nuestra ciudad, que merece ser reconocida y apoyada. Aludió luego a las implicancias sociopolíticas del teatro y afirmó que “debe recordarse el extraordinario fenómeno de Teatro Abierto, que le dio voz a un pueblo amordazado en plena dictadura. Un acto verdaderamente revolucionario, audaz, sanador. Porque es indiscutible que el arte, en todas sus expresiones, sana, cura, alivia las aflicciones del alma, además de entretener y divertir”. Concluyó afirmando que “mientras el teatro siga vivito y coleando, hay esperanza. Sin lugar a dudas”e

CARASSALE

Juan Carlos Carassale apostó fuerte: construyó un teatro en City Bell. Y logró que mucha gente conociera y se hiciera adicta a la sala. Creó un público que no falla y que, en los espectáculos teatrales ocupa todas las butacas, con gente afuera que pugna por entrar. “El teatro como género ha respondido muy bien. También lo hicieron la música y otros espectáculos artísticos” dice quien administra el Teatro de Cámara.

Ofrece un dato indicativo. Hace unos cinco años se presentaron obras de grandes autores teatrales –como Cocteau o Sartre- y “costó mucho que fueran más de cincuenta personas por funciones”. La sala tiene capacidad para 180 espectadores y ahora se llena, especialmente con comedias populares. Carassale también cree en la gravitación de las tendencias, de las rachas. Hay tiempos para la música clásica, para el rock, para el tango. Y las tendencias se han vuelto cada vez más tornadizas, más cambiantes. Debe recordarse que en City Bell funcionan otros grupos de teatro, uno de ellos “La Caterva” con creciente éxito de público en sus presentaciones.

“CAPITAL MUNDIAL”

En julio de 2014 el diario El País de España habló de Buenos Aires, a la que calificó como “capital mundial del teatro”. Entre otros conceptos dice allí que “no hay sitio como Buenos Aires, donde el público esté tan profundamente comprometido con los inabarcables teatros y creadores de esa ciudad, cuantitativa y cualitativamente”.

García Lorca le dio contenido sociológico: “El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso”.

“En casi todos los países las personas con hábitos teatrales van a un espectáculo (sobre todo si es musical), convirtiendo el hecho en una actividad social que incorporan a sus vidas, por diferentes razones, incluida la lúdica o la del consumo cultural. En Buenos Aires no. Los bonaerenses incorporan el teatro a sus necesidades psicológicas y casi fisiológicas; es un hábito, una regla común y habitual como la de ducharse o lavarse los dientes. Simplemente van; sin plantearse nada, no hay reflexión en ese hecho, sin embargo sí la hay, y mucha, en las consecuencias de haber ido, en el sentido de que esa reflexión aparece y la convierten en otro placer más, con una intensidad que varía en función de lo que se haya ido a ver”.

¿Hasta cuándo se extenderá esta primavera?

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