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A 60 años del hundimiento del destructor Corrientes

"Estábamos tomando un café con el jefe de máquinas, luego de haber cumplido nuestra guardia, cuando el buque se escoró de manera notoria como resultado de una caída, es decir de un pronunciado cambio de rumbo a babor. Nos miramos extrañados, sin sospechar que se estaba invirtiendo el rumbo, y que sería el que nos llevaría al final tan desgraciado. Pero seguimos la conversación anterior, que recuerdo estaba referida al valor del buque, que había costado siete millones y medio de pesos moneda nacional, equivalente a 350.000 libras esterlinas, cuando nuevamente sentimos un sacudón enorme que hizo vibrar todo, que luego se detuvo para reiniciarse una fracción de segundo después. Luego todo quedó en silencio, un silencio sepulcral".
El relato pertenece al ingeniero José Gregorio Romano Yalour, y se refiere al choque y posterior hundimiento del torpedero Corrientes, ocurrido hace exactamente 60 años, en la tarde del 3 de octubre de 1941, y del que fue testigo presencial por formar parte de la plana mayor de ese buque de la Armada Argentina que cobró la vida de 14 de sus 150 tripulantes, uno de los cuales era este profesional platense que hoy, a los 90 años, recuerda aquella tragedia como uno de los episodios más trascendentes en la historia de la Armada Argentina.
José Romano Yalour había egresado de la Escuela Naval Militar en el año 1933 -realizando el 33º viaje de la fragata Sarmiento- para alcanzar posteriormente el grado de capitán de navío.
"Desde 1956 hasta 1979 enseñé Sistemas de armas submarinas y antisubmarinas y Navegación en la Escuela Naval Militar -cuenta Yalour- y también en la Escuela Politécnica Naval; mientras que el título de ingeniero civil lo obtuve en la Universidad de La Plata en el año 1959".
Sin embargo, es su experiencia a bordo del "Corrientes" lo que lleva al platense Yalour a viajar en el tiempo para remontarse a los hechos ocurridos hace 60 años, cuando el torpedero en el que él navegaba fue embestido por el crucero Almirante Brown y este a su vez por otra nave de la misma escuadra, el acorazado Moreno.
"Eran las 16,26 cuando en la cámara todo se volcó -recuerda Yalour- las mesas, el piano que se desprendió del mamparo donde estaba atornillado, el aparato de radio, que era un mueble. Traté de ponerme de pie, ya que había quedado boca abajo montado arriba del canto de una mesa tumbada, y cuando logré incorporarme salí escaleras arriba con el convencimiento de que algo tremendo había pasado, aunque sin suponer el cuadro imponente que se presentaría a mis ojos".
"Llegué a la altura de los morteros -señaló Yalour- miré hacia la proa y ví un crucero, que luego supe era el Almirante Brown, que se había incrustado desde proa-babor hacia el centro, y su proa había llegado hasta el puente de las ametralladoras antiaéreas, en la mitad de la eslora del buque. Junto a otros oficiales y marineros logramos salir en una lancha del acorazado Rivadavia, aunque lamentablemente fallecieron 14 camaradas".

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