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Volvió "La revista dislocada"

Délfor Amaranto Dicásolo, más conocido por Délfor, y creador en 1954 de "La revista dislocada", programa que lideró durante años la audiencia de los mediodías dominicales y luego pasó a la TV, regresó a la radio -por Nacional, domingos a las 14- con su programa tradicional, en el que intenta reinventar un humor "sin malas palabras".

Después de varias décadas en Perú y México, países donde se refugió luego de que la dictadura de Lanusse lo prohibió en 1973, Délfor es un tipo que lucha contra el tiempo -"a lo sumo me dan 65"- y a pesar de los kilos de más aún conserva la mueca de picardía, el bigote finito y los ojos asombrados que lo caracterizaron.

"Yo tuve varias ofertas para hacer 'La revista dislocada' en radio -confió-, pero las radios ahora no existen, son departamentos de dos ambientes y de allí se hace radio; con Splendid, El Mundo, Belgrano, sucede lo mismo, todo igual".

Délfor se alegró cuando fue convocado por Radio Nacional, ya que sus programas siempre fueron "con público" y la emisora le ofrecía el espléndido auditorio de Maipú 555, que hace medio siglo fue orgullo de Radio El Mundo y donde cada emisión se transformaba en una fiesta para artistas y fanáticos.

"Para mí el contacto del público es lo principal y desde el primer programa, hace dos domingos, se llenó de gente", comentó el conductor, actor y libretista, al tiempo que se alegró por la cantidad de llamados telefónicos y mensajes recibidos de todo el país.

"Hay cuatro chicas que no dan abasto con los teléfonos y desde antes de comenzar el programa empiezan los llamados, y siguen cuando ya terminamos", dijo y agregó: "Nos llegan de todas partes, hasta de Bariloche, porque Radio Nacional llega a todo el país en serio, no en cadenas ni por las FM locales".

"Empezamos a hacer 'la previa' del programa porque ellos tenían libre ese espacio de los domingos porque en el verano no está el fútbol, pero cuando vuelva estaremos a las 13, que fue el tradicional espacio de la Dislocada", dijo.

Dicásolo se puso de inmediato a buscar nuevos valores para adjuntar a un listado previo, alimentado sobre todo por amigos que le recomendaban otros amigos: "Mirá, ahora que vas a empezar, hay un muchacho que te puede servir", le aconsejaban.

"Así se hizo la Dislocada, la mayoría apareció de esa manera, como Jorge Porcel o Calígula; a Porcel me lo trajo un amigo, Alberto Silva, un gran imitador que ahora actúa en España, que lo conoció una noche que fue a actuar a Villa Domínico", describió.

Y continuó: "Conoció a Jorge en la confitería donde actuaba, y Porcel era un gordito simpático que estaba haciendo el servicio militar, y así empezó; lo mismo que Calígula, obrero en Segba en Dock Sud, traído por mi amigo el locutor Miguelito Franco".

Por ese entonces, Délfor había visto el filme "El manto sagrado" y cuando el futuro cómico apareció, alto y flaco, peinado hacia adelante en su intento de ocultar su calva, él exclamó "¡Calígula!", por su parecido con el actor que interpretaba al célebre incendiario.

Así quedó en el olvido su verdadero nombre, Luis Decibe, imitador memorioso de los diálogos de las películas de Carlos Gardel y primo hermano de la ex ministra de Educación Susana Decibe, nativa como él de la ciudad de Bragado.


LOS PERSONAJES

Sobre la creación de sus personajes, Délfor los definió como "salidos de la calle", aunque sabe que muchos de sus dichos y muletillas fueron adquiridos por el público como "'no me pisen la víbora', que era un personaje que vendía pelapapas en Avenida de Mayo con un reptil medio muerto al cuello" y que luego fue importantísimo en la política de los '50".

"Una de mis cualidades es saber elegir las voces de los intérpretes -se ufanó- creo que saber escuchar es una buena cualidad; y lo mismo estoy haciendo ahora, converso con los aspirantes en una charla común, simple y los hago entrar en confianza."

De dos cosas Délfor está seguro: de que no es un Maestro, como lo llaman a veces, y que "La revista dislocada" versión 2004 no ofrece un humor con olor a naftalina, "sino sano", como afirmó al aire al desechar a un grupo de desubicados que argüían haber trabajado en "Videomatch".

"Lo llamativo es que quienes se presentan no son los más jóvenes, sino cuarentones para arriba", observó el descubridor de talentos, y se gratificó: "Vino un imitador que hace como cuarenta voces, actores, cantores, imitadores y mucha gente que mañana puede ser famosa."

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