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Otros entierros históricos

Perón, Yrigoyen o Evita engrosan la lista de los sepelios más multitudinarios

3 de Abril de 2009 | 00:00
La gran movilización popular que acompañó la despedida del ex presidente Raúl Alfonsín no se veía en Buenos Aires desde la muerte del fundador del Partido Justicialista, Juan Domingo Perón. Al igual que Alfonsín, el ex presidente Perón fue velado en el Salón Azul del Senado de la Nación, luego de su fallecimiento el 1 de julio de 1974, aunque su velatorio en el Parlamento se extendió por los tres días que duró el duelo nacional. Según varios historiadores, al velorio del líder justicialista concurrieron entre un millón y medio y dos millones de personas.

De cualquier manera, el velatorio más impresionante que se recuerda es el de Eva Perón: se extendió desde el 26 de julio al 9 de agosto de 1952 porque la gente no paraba de ir a despedirla.

Eva Duarte de Perón falleció el 26 de julio de 1952, a los 33 años, tras sufrir cáncer de útero, y por su fallecimiento el Gobierno declaró 30 días de duelo, en tanto que la Confederación General del Trabajo (CGT), decretó un paro de tres días.

Evita había manifestado su deseo de que no la enterraran. Cubierta por un sudario blanco y una bandera celeste y blanca, la acostaron en un féretro con una tapa de vidrio. Entre sus dedos colocaron el rosario que le había regalado el Papa Pío XII y la expusieron el vestíbulo de la Secretaría. Por pedido de Evita su cuerpo fue embalsamado por el prestigioso anatomista español Pedro Ara la misma noche del desenlace y fue exhibido durante dos semanas ante el incesante desfile de un pueblo conmovido.

Más atrás en el tiempo se ubica el velatorio del caudillo radical Hipólito Yrigoyen, acaso el primer sepelio verdaderamente multitudinario de un referente político que se realizó en nuestro país.

Yrigoyen murió el 3 de julio de 1933, fue velado durante tres días en la casa de Sarmiento 844 y luego fue trasladado a pie hasta el cementerio de la Recoleta debido a que la gente literalmente se adueñó del féretro para brindarle un último adiós.

Los historiadores mencionan que Yrigoyen pidió descansar no en la bóveda familiar sino en el Panteón Radical, donde están enterrados Leandro Nicéforo Alem y las víctimas de la Revolución del 90; el mismo lugar donde a partir de ahora reposará Alfonsín.

Si bien Yrigoyen no era religioso, aportan los investigadores, el caudillo radical pidió ser enterrado con un sayo redentor dominicano, algo muy distinto a lo que ocurrió con el cuerpo de Perón, que fue embalsamado.

Yrigoyen, Alfonsín, Perón y Eva Duarte son algunos de los nombres que engrosan la lista de los entierros más multitudinarios de la historia argentina, que comenzó con el de Manuel Dorrego, siguió con el de Encarnación Ezcurra (fue en 1838 y asistieron 25 mil de los 60 mil porteños de entonces) y continuó con el de Bartolomé Mitre en 1906.

Si bien el más masivo de todos fue el de Eva Duarte, en todos los casos la asistencia fue impactante. Algunos historiadores, hilando más fino en la revisión histórica, señalan incluso que en el caso de Yrigoyen el apoyo popular que le brindó la ciudadanía en 1933 fue algo llamativo y calificado por muchos como de sorprendente. Sucede que por aquellos años la imagen del referente radical estaba muy deteriorada en la opinión pública y acaso nadie se imaginaba semejante adhesión espontánea.

Distinto fue el caso de Perón, que según varios revisionistas fue llorado por el pueblo entero porque era presidente en ejercicio, algo que intensificó aún más el duelo nacional que se vivió por aquellos días.

En este repaso, tampoco se puede dejar de mencionar el largo adiós que nuestra ciudad le dedicó a Ricardo Balbín. "Unidad en el dolor de la ciudadanía", tituló EL DIA aquel 12 de septiembre de 1981 para informar sobre el regreso a La Plata del cuerpo de Balbín. El histórico líder radical había muerto tres días antes y el cortejo fúnebre que se vio el 11 de septiembre del 81 en las calles platenses para despedirlo fue un hecho tan conmovedor y multitudinario que aún hoy se sigue recordando.

"Jamás en la ciudad hubo un testimonio público tan grande como el de ayer -informaba nuestro diario-. No sucedió ni en las horas de alegría ni en las horas de dolor. Se estima que más de 80 mil platenses dijeron su adiós a Balbín".

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