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Las pioneras del hockey

Sin saber siquiera de qué se trataba, fueron el primer equipo de la Ciudad. A cincuenta años de aquella fecha repasan recuerdos, anécdotas y nostalgias. "Las chicas de la U", como las llamaban, se reencontraron después de treinta años

Las pioneras del hockey

Las pioneras del hockey

Cuando María Ofelia Albornoz le propuso a un grupo de amigas empezar a jugar hockey, no imaginó que estaba produciendo un hecho histórico. Tampoco sabía bien de qué se trataba. Muchas, confundidas por el nombre en inglés, le preguntaron quién les daría el caballo. Sin animales, con poco conocimiento y con escasez de jugadoras, se lanzó al ruedo. No era sólo la revolución cubana la que marcaría a fuego el año 1959. Para las páginas de la historia deportiva local, el episodio se escribía desde un joven club que daba los primeros pasos: el club Universitario de La Plata. Fue un grupo de once señoritas, en coquetos vestidos blancos- al mejor estilo Jackie Kennedy- con una "U" en negro al pecho, el que le daba origen al primer equipo femenino de hockey de la Ciudad.

El primer partido de hockey femenino en nuestro país se jugó el 25 de agosto de 1909. En donde se enfrentaron Belgrano Ladies y el colegio St. Catherine's. Cincuenta años después, en un abril frío y gris, las primeras jugadoras platenses debutaban en Monte Grande. El antipático resultado final anunció la derrota por 9 a 0. El score no las amedrentó. Al contrario. Persistentes avanzaron en la consolidación del equipo.

Como no podía ser de otra manera, el debut quedó sellado con la foto inaugural. Once nombres históricos dieron forma al primer equipo de la Ciudad: Noemí Beneito, Silvia, Elena y Gladys Sassaroli, María Ofelia Albornoz, Marta Ceraso, Elba Bordugo, María del Carmen Giovi, Gladys Lafalce, Alicia de Dios y María Mercedes Díaz.

COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS

El lugar elegido por las progenitoras para poner en funcionamiento la memoria y viajar por el tiempo, fue la sede social del club Universitario en la calle 46. Precisamente ahí, donde cincuenta años atrás armaron la primera formación. En donde se les explicó las cuestiones más básicas de un deporte que desconocían por completo. Al que algunos le atribuyen sus orígenes al Valle del Nilo, en Egipto. En donde encontraron las primeras figuras de hombres, en las tumbas faraónicas, practicando este deporte. Pero es en Inglaterra, a mediados del siglo XIX, que se originó el hockey que se juega en la actualidad.

A medida que llegan al encuentro, la nostalgia se apodera de las paredes que las cobijaron de jóvenes. Se sorprenden cada vez que se abre la puerta y entra una ex compañera. Los más de treinta años sin verse, entre algunas de ellas, provoca un "ahhhhhhh" a coro. Algunas se reconocen por la voz. Por algunos rasgos físicos que sobreviven al paso del tiempo. Sin palo ni vestido, con anécdotas y fotos viejas "las chicas del hockey", como las bautizaron, repasan los primeros años del hockey sobre césped en la Ciudad.

La culpa, en el buen sentido de la culpa, la tiene el equipo masculino de hockey del club Gimnasia y Esgrima. Debido a una sanción, debían dejar de jugar por los próximos 99 años. Imposibilitados por la culpa de tamaña multa, decidieron armar el primer plantel femenino. Convocaron a las primeras figuras femeninas platenses. Entre ellas, Ofelia "Fela" Albornoz. Hermana de uno de los jugadores sancionados. La responsabilidad de reunir el resto del equipo es algo que ya se sabe. "No sabía ni qué se hacía con la pelotita que me mostraron", se sinceriza Fela.

En plena clase de gimnasia artística, Fela se puso al acecho de jugadoras. "No tenía ni la menor idea de qué era -dice Fela después de medio siglo- Convoqué a mis conocidas y les pedí que ellas hicieran lo mismo. Costó pero lo logramos". La imagen de un grupo de mujeres, bajo el mando del primer entrenador Oscar Gaeta, sorprendía a quien las veía en las instalaciones del Colegio Nacional. Poco faltaría para el traslado a Gonnet. A los lotes descampados, poceados y sin forma de cancha. Sin rastros siquiera de algún arco.

"No nos resultaba difícil comprar los palos, lo que más nos costaba era reunir el equipo. ¡No se conseguían jugadoras! -confiesa Gladys Sassaroli capitana del primer equipo-. Los primeros arcos los trasladamos en mi Estanciera. Sin saberlo estábamos fundando la primera cancha de hockey del club". Al igual que sus hermanas, Gladys se reconoce una fanática del fútbol y de Gimnasia, "como es muy parecido, sólo que a la bocha se le pega con un palo y no con las piernas, nos animamos a jugar".

Aprender reglas, posiciones, tácticas y estrategias era algo que vendría con los años. En el durante todas aseguran que se divertían mucho. Silvia Sassaroli repasa una anécdota que todas recuerdan a la perfección. Una jugadora, de la cual se reservará su nombre, "vivía en offside (adelantada), y el árbitro se lo anunciaba y cobraba todo el tiempo. ¡Ella creía que esa era su posición! -recuerda Silvia-. Eramos muy novatas, fueron sólo durante los primeros años".

POLEMICAS
Como bien coquetas que son y fueron, a la hora de armar el vestuario no dejaron ningún detalle librado al azar. El vestido oficial, de diseño bien sixties y al que le cabe hoy el mote de vintage, fue pensado y cocido por ellas mismas. Inspiradas en tenistas y patinadoras, la indumentaria que usaban cada sábado cuando pisaban la cancha fue su sello inolvidable. A tal punto que hubo ciertos comentarios, poco felices, al que las jugadoras hicieron caso omiso. “Nos pidieron que alarguemos el ruedo porque un referí dijo que se nos veían las plumas”, relata quien fuera la primera arquera de la Ciudad, Marta Ceraso.

Una de las rivales más difíciles eran las jugadoras del Club Alemán de Quilmes. “Como éramos el único club de la Ciudad, el partido contra las alemanas era nuestro clásico -explica Gladys Lafalce-. Además era nuestro tercer tiempo preferido. Hacían un té delicioso con unas tortas increíbles”. Los palazos sólo eran un recuerdo que se suavisaba con los manjares una vez terminado el partido. “Muchas nos trataban como las del campo. No les gustaba mucho hacer tantas horas de viaje para venir a jugar con nosotras”, agrega Ana María Cómas.

Gran parte del conurbano bonaerense recorrían con palos, bochas y entusiasmo. Eran sábados en las que muchas trabajaban y combinaban con tardes de hockey. “Recuerdo un día que llegué tarde a la estación y tuve que correr al tren. Tiré el bolso, levanté los dos brazos y desde arriba me levantaron. Fue la única vez que sentí miedo”, aporta Ceraso. Tren, subte y, a veces, micro fueron los medios elegidos para llegar a la competencia. Más allá de los costos -físicos y económicos-, todas aseguran que era lo más lindo que tenía jugar de visitante. El regreso entre amigas, con charla y chistes, es algo que hoy no olvidan.

“No éramos conflictivas -dice Elina Sassaroli, una de las tres hermanas del equipo-. Por sobre todas las cosas, teníamos bien en claro el sentido de equipo. Se lo debemos mucho a nuestro entrenador Mario Gómez, un hombre excepcional. Con mucha paciencia y conocimiento. Nos enseñó mucho”. El equipo cruzó , en varias oportunidades, las fronteras de las diagonales para trasladarse hasta Córdoba y Mar del Plata. Cuando se les pregunta por el apoyo de la platea, indican que estaba llena de amigos y que en pocas circunstancias eran acompañadas por sus padres. “No era como ahora que los padres fomentan y, muchas veces, acompañan. Pocos sabían qué era lo que nosotras hacíamos”, precisa Gladys Sassaroli.

Cuando el sol ya no está y la charla avanza a un ritmo vertiginoso, Susana Caime se pone seria. Con una pregunta retórica al resto del equipo, asiente, “yo no sé ustedes, pero el haber vivido esa experiencia en equipo me sirvió para toda la vida. La buena convivencia, el saber respetar al compañero. Saber que no estás sola, que te apoyas en el conjunto”.

LA GLORIA
Los recuerdos están a la orden del día. Las fotos de aquellos años, que trajo la capitana Gladys Sassaroli, sirven para el asombro. “¡Mirá esas Guillerminas (nombre del tipo de calzado) que usábamos! -advierte Silvia Sassaroli-. Ese fue el primer partido, después nos fuimos profesionalizando. Jugábamos con zapatillas y, por último, con botines”. A las jugadoras no las desconcentraba nada. Ni siquiera las vacas que maullaban a su alrededor. Ni mucho menos cuando se les cruzó un chancho, en Hurlingham, por el medio de la cancha.

“Donde te tocaba, te abollaba”, dijo una de las jugadoras en referencia a la fuerza de la full back Marta Ceraso. “Es que hacía remo”, se defiende ella. Ojos morados por bochazos y palazos en los dientes eran moneda corriente. Parte de los riesgos que había que enfrentar. Las rivales que más recuerdan son las alemanas de los Polvorines, “eran grandotas y robustas. Además, entre ellas, hablaban en alemán para indicarse la jugada. Nosotras quedábamos en ascuas”, recuerda Gladys Lafalce.

Los nombres célebres de las jugadoras están impresos para la eternidad en las páginas del “Libro de Oro” de La Plata, al cumplirse el primer centenario de la Ciudad. “¿Vos sabías que entre unas amigas y yo fundamos el hockey?”, le preguntó Fela a una de las tantas nenas que, el pasado 21 de marzo, participaron del homenaje que les dio el Club Universitario. La fiesta albinegra consistió en que las ex glorias del club dieran el bochazo inicial del primer partido de la temporada 2009. Los palos elevados apuntando al cielo, de las actuales camadas de hockey, simularon un túnel por donde las pioneras regresaron a la cancha.

Al primer equipo lo acompañó una lista de importantes nombres del hockey de la Ciudad: Rodolfo Mochen, Julio C. Mochen, Francisco Goeta, Dante Scotti, Ulises Barreda, Oscar Goeta, Ernesto Petragnani, Noemí Beneito, Mariana Arnal, Gabriela Ignomiriello, Cacho Ladavaz y Horacio Molina. Los globos negros y blancos, en manos de las jóvenes promesas, le dieron el clima festivo. Un aplauso prolongado y sentido invadió de nostalgia el clima de Gonnet. Había pasado medio siglo. Los pozos y el barro sólo eran un recuerdo. El horizonte descampado ya no estaba. El césped natural dio paso al sintético. Las reglas del juego que la unió también habían cambiado. Había algo en aquella fiesta que unió a todas las generaciones del hochey platense. La pasión y la camaradería se mantienen intactas y resisten al paso del tiempo.

El presente del hockey en la Ciudad

Por: Efraín Cháves*
El requerimiento es tratar de mostrar una foto del hockey de la ciudad hoy, usando como disparador el tiempo transcurrido desde 1959 a este 2009, cincuentenario del deporte en el club Universitario de La Plata.

Sin duda alguna la diferencia debe ser sustancial, hoy es el deporte femenino de la Argentina, miles de niñas lo practican en cada ciudad y cada una de ellas sueña con ser una “leona”.

La Plata no escapa a esta explosión y hoy, colegios y clubes lo incluyen como disciplina. No obstante esta explosión, quienes tienen o tengan la responsabilidad de acompañar este desarrollo del deporte en la Ciudad, entiendo que deberán aunar esfuerzos para que no sea anárquico, desigual y sin proyección nacional.

Su práctica no es de las más accesibles para la economía familiar, esto exige imaginación y esfuerzo para reducir costos. No es posible pensar en un crecimiento con aspiraciones sin canchas sintéticas. Y no será posible tener proyección nacional sin ir pensando en crear una asociación local y/o regional que aúne esfuerzos y políticas para que más equipos de la Ciudad jueguen en primera y jugadores locales integren los seleccionados nacionales.

También es imperativo sostener el hockey masculino, quienes conocen del deporte sostienen que el crecimiento cuantitativo del hockey femenino debe ir acompañado del incentivo de la práctica del mismo para los caballeros. Sin dudas en un país futbolero, donde el rugby y el basquet también son un imán para los varones, el hockey no cuenta con una maza importante de adeptos. Este es otro aspecto a los tres mencionados anteriormente que debe ser tenido muy en cuenta.

Se deben promover clínicas, cursos y sostenidas acciones de capacitación para entrenadores y profesores de educación física para que luego lo puedan volcar al crecimiento cualitativo de sus dirigidos; y esto será más fácil si todas las instituciones involucradas aúnan esfuerzos.

Sigue siendo el deporte cualesquiera sea él y los clubes, como entidades barriales y sociales, el reaseguro para nuestros hijos en una sociedad tan convulsionada y con tantas acechanzas. El desafío, no por el deporte, sino por nuestros hijos, es lograr que la familia vuelva a los clubes y los padres nos comprometamos con las instituciones.

*El autor es el presidente de la Sub Comisión de Hockey del club Universitario.

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