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Florencia Bertotti: La "nieta" mimada de Mirtha

Tras dos años de ausencia, la actriz volvió a la tele siendo la preferida de La Chiqui en "La Dueña", el nuevo éxito de Telefé

Florencia Bertotti: La "nieta" mimada de Mirtha

Dedicada de lleno a la maternidad, la actriz volvió al ruedo y sólo porque el proyecto durará tres meses

Volvió como se fue: bella y transparente. Tan libre, tan espontánea, que se la puede calificar de anti-actriz. Pero no. Florencia es una actriz en todo el sentido de la palabra. Y lo prueba, como nieta de Mirtha Legrand, en cada episodio de "La Dueña", un éxito que superó a las expectativas más optimistas. Hacía dos años largos que no aparecía en la pantalla chica. El tiempo en que le dedicó cada minuto de su vida a su hijo Romeo. Hoy, la mamá full time le deja el lugar a la actriz, que vuelve para ocupar el lugar que le corresponde.

"Estoy muy contenta con el regreso -asegura-. La verdad es que la estoy pasando bien con el trabajo, el elenco y todo el equipo. Es tranquilo y entretenido a la vez. Es un cuento divertido de contar, en el sentido de que es un desafío porque suceden cosas todo el tiempo y no hay una línea constante donde todo el tiempo sucede lo mismo. De repente, sos sospechoso, de repente acusador, después pasás a víctima. Entonces está bueno para uno que lo tiene que interpretar".

Para miles y miles de espectadores es y será siempre Floricienta, la ficción que entre 2004 y 2007 la convirtió en la actriz favorita de los pre-adolescentes (y un poco más). La popularidad, en su caso, no llegó sola. La acompañaron 13 premios, entre los que se distinguen dos Martín Fierro, a "la mejor actriz de comedia", en el 2003 y 2004.

Con su madurez como mujer también llegó su madurez como intérprete. Lo probó interpretando personajes, para la televisión y el cine, que fueron demostrando su evolución. En la tele, "Niní", "Son amores", "Dulce Ana", "90-60-90", "De corazón" o "Verano del ´98", entre otros, la instalaron definitivamente. El cine, por su parte, le permitió mostrar la actriz dramática que hay en ella. "Mala época", "El faro", "Déjala correr", lo demostraron con creces.

En "La Dueña" es Amparo Lacroix, la nieta de Sofía Ponte, la abuela rica y poderosa que representa Mirta Legrand. Para Florencia, es un papel diferente a los que había interpretado antes de retirase durante dos años para dedicarse full-time a su hijo. "Sí, es diferente -acepta-. Los últimos proyectos en los que estuve eran más infantiles. 'Igualita a mí', película que protagonicé junto a Adrián Suar, era una comedia y esto es una novela, pero con intriga y suspenso. Leés los libros y te preguntás qué va a pasar porque una escena por ahí termina tres capítulos después".

UNA BUENA MADRE

La vida siempre enseña. El problema es que suele enseñar a través de los errores que cometemos. No todos aprenden. Una aptitud comprensible, porque suele enseñar a través del dolor. Lo que aprendió Florencia tiene que ver con su rol de mamá. Y con el significado de la palabra "maternidad". Palabra todo el tiempo usada, pero no siempre comprendida en su real dimensión.

"Niní la hice cundo Romeo, mi hijo, era muy chiquito. Y la verdad, lo padecí. No me di cuenta. Firmé el contrato cuando todavía estaba embarazada y no tenía idea de lo que se venía. No sabía lo que era la maternidad y estar abocada a eso. Así que lo sufrí. Dejar a Romeo, tan chiquito, aunque viniera a veces al estudio, no me gustó, no me lo perdono. Entonces, cuando terminé me dije; `Basta. Me voy a quedar en mi casa con mi hijo, que es mi prioridad número uno. Lo que más me importa. El resto puede esperar".

Y un día, sintiendo que se contradecía, volvió. Las llamadas a toda hora de los productores de "La Dueña" no la conmovieron hasta que le dijeron lo único que la podía convencer: "Dura sólo tres meses". Ese día terminó el discurso con que recibía a todos los que la convocaban: "No, muchas gracias. No quiero ser desagradecida, el proyecto es divino, pero yo me quedo en mi casa con mi hijo". Pero volvió y hoy es una mujer más sabia. O en todo caso, más lúcida. Ser mamá le enseñó algo invalorable: saber en qué orden se quieren las cosas que se quieren.

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