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Dolor por la muerte de Gottfrit

Su vida se apagó ayer, a los 61 años, consternando a la familia de Gimnasia

Dolor por la muerte de Gottfrit

Hugo Gottfrit, en octubre de 1973, durante un entrenamiento de Gimnasia

No era platense, pero como si lo fuera. Amigo de los amigos, campechano, sencillo, familiero. Así era en grandes rasgos el Ruso Hugo Marcelino Gottfrit que ayer, bien temprano, nos dejó para siempre.

Había nacido hace 61 años (9/1/51) en la ciudad bonaerense de Darragueira, ubicada a 180 kilómetros de Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Allí arrancó su pasión por el fútbol y los primeros pasos los dio en el Darragueira FC, en donde llegó a jugar en primera división, siendo muy joven, lo que ya permitía vislumbrar que tenía condiciones sobradas para trascender.

Alguien supo de sus cualidades y en 1969 lo acercó a Gimnasia, a donde llegó con edad para quinta división.

Solamente necesitó dos años de aclimatación, porque en 1971 debutó en la primera división del Lobo. Fue en cancha de San Lorenzo, en un partido ante Huracán, que finalizó empatado 2 a 2.

Claro que hay un hecho fundamental en su vida de jugador de fútbol. Este ruso con apellido alemán integró el equipo de Gimnasia que el 19 de diciembre de 1970 enfrentó en la ciudad de Rosario a Central, en aquella recordada semifinal por el torneo Nacional, en donde el Lobo perdió 3-0, tras igualar en cero al cabo del primer tiempo.

En esa temporada del '71 jugó 15 partidos pero ya en la siguiente se afirmó como titular de un equipo que marcó una época en el club, en donde había figuras de gran predicamento.

Estuvo cinco años en la primera mens sana, y en 1976, luego de frustrarse su venta a River, optó por marcharse al fútbol mexicano enrolándose en el club Potosino, en donde jugó dos temporadas, al igual que en el Atlante. Regresó a Gimnasia en 1982 y abandonó el fútbol con 31 años. Fue integrante de la selección juvenil que dirigía Enrique Omar Sívori, en 1973.

Se recibió de técnico en México, aunque no ejerció la profesión. Trabajó sí en una escuela formativa de jugadores y la Dirección de Deportes de la Municipalidad, en el Pasaje Dardo Rocha. Era casado y padre de tres hijos, y abuelo de dos nietos que eran su pasión.

Allá por 1999 le decía a este medio, claro que dirigiéndose a aquellos que no lo vieron dentro de una cancha, qué tipo de jugador era. Lo resumió así: "fui un jugador duro, aunque no pegaba., Técnicamente no era un dotado pero me las arreglaba. Iba bien de abajo y saltando me las arreglaba bien. Tenía mucha recuperación y gran amor propio. Me defendía, en una palabra".

Jugó más de 200 partidos en Gimnasia y cosechó muchísimos más amigos que ayer, con tremendo dolor, le dieron el adiós al Ruso. Sus restos fueron inhumados, en horas de la tarde, en el cementerio Parque de la Gloria, ubicado en Quilmes.

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